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León

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L vicepresidente Rato empieza a replicar a Jaime Caruana, en el convencimiento de que las estimaciones económicas del gobernador del Banco de España, más pesimistas que las del Gobierno, van a servir de plataforma argumental al PSOE para el lanzamiento de una ofensiva parlamentaria de desgaste. Mañana mismo preguntará Zapatero en la sesión de control si el Gobierno piensa mantener sus previsiones económicas, a pesar de que altas instituciones financieras del país las desmienten. La pregunta del líder socialista servirá de precalentamiento político ante el gran debate parlamentario sobre los Presupuestos Generales para el 2003, que se iniciará el próximo día 22. Los socialistas, en boca de su portavoz económico Jordi Sevilla, aseguran incluso que la argumentación de Caruana es demasiado prudente, pues a finales de año la inflación podría alcanzar el listón alarmante del 4%. Pero por muy serios que sean los estudios en que se apoya, Zapatero se estaría arriesgando tal vez demasiado al manejar una realidad diferente a la que el Gobierno contempla, porque podría suceder, en contra de todos los augurios actuales, que la estadística acabase negándole al PSOE una parte de razón, lo cual debilitaría a la oposición socialista notablemente. Ocurre, sin embargo, que el Gobierno no parece andar muy firme en sus convicciones presupuestarias, pues si Caruana estima que el crecimiento del PIB no superará este año el 2%, Rato persiste en su previsión del 2,9%, desdeñando unas decimillas de diferencia, y ello cuando una sola décima tiene una importancia notable, tanto por lo que representa en volumen del Producto Interior Bruto como por su influencia sobre otras variables económicas. Preocupa a Caruana, y por extensión política al PSOE, el nivel de endeudamiento en las familias españolas, con el efecto inflacionista subsiguiente, pero la vicepresidencia segunda no considera ese hecho preocupante, pues en economía todo depende de como evolucionen las cosas, y las cosas no tienen por qué evolucionar mal o peor de cómo evolucionan actualmente. El socialista Jordi Sevilla sostiene, sin embargo, que existe ahora un déficit real del 0,7%, y eso tendrá que dilucidarlo durante los debates sobre los Presupuestos Generales, cuya transparencia es manifiestamente mejorable, por la opacidad que en algunos de sus capítulos apreciarían los expertos. Y la consecuencia deseable de esta confrontación de argumentos, estimaciones y datos sería que el Gobierno instalara su línea económica en el realismo, para orientación de familias endeudadas, de inversores apáticos y de empresarios indecisos.

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