Diario de León

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DxDxpor partida doble Profesores que no van al trabajo La selva urbana, las obras y el barro

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León

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M. J. F. quiere decir lo siguiente: «Señores del ayuntamiento. Yo, como cualquier ciudadano, pago mis impuestos como el agua, la basura y el alcantarillado, pero ahí va mi queja. Señor alcalde, usted me obliga a pagar el alcantarillado -cosa que me parece lógica-; lo que no me parece lógico es que el alcantarillado por el que estoy pagando, no se haya limpiado nunca, me oye bien: nunca. Yo tengo un negocio en un barrio de León y delante de mi puerta hay una alcantarilla que en el verano no hay quien aguante sentado en la terraza por el olor que desprende. Yo tengo que echar agua fuerte y limpiarlo. Encima de gastar mi agua y mi tiempo también tengo que pagar el alcantarillado. Por favor, seamos serios y no nos tome más el pelo». Miguel Angel González Díez dice: «Soy un lector de su periódico y quisiera dirigirme al señor rector de la Universidad de León y también a algunos profesores de Magisterio. Y es para preguntarse si hay alguna razón para que se pierdan tantas clases y para que los profesores no vayan a impartirlas. Sucede que, después de un mes de haber empezado, algunos profesores no se han presentado. No sé si hay justificación pero, como padre de alumno, exijo, después de pagar matrícula y los impuestos correspondientes para mantener la Universidad y más cosas, que se cumplan los horarios, que no haya tanto absentismo y que verdaderamente se motive a los alumnos. Puede haber alumnos que no asistan a clase, pero que a los que asisten se les debe atender y explicar como Dios manda las asignaturas». María Ángeles Melcón García vecina de Navatejera dice: «Llamo a esta sección para decir lo siguiente: Quisiera invitar al concejal relacionado con las calles, o al mismo alcalde Mario Amilivia, a dar un corto paseo en zapatitos finos y de vestir, a las 9.50 de la mañana, o si lo prefiere a la 12.50 por si el anterior horario le pareciera muy pronto, por la calle 19 de Octubre desde su confluencia con la calle Chicharro, hacia el colegio de las Agustinas, en pleno centro de León. O simplemente le invito a intentar pasar por algún lado andando sin ponerse de barro hasta el mismísimo sombrero. Como tampoco se puede pasar con niños de 3-4 años en adelante, sin que lleguen al colegio como una auténtica pena, nos trasladamos en coche. Pero también me gustaría invitarle a las 15.20 de la tarde, a tomar un café allí al lado mismo en Mariano Andrés para que pudiese observar tranquilamente el caos peatonal de la calle San Juan de Prado, con coches aparcados por ambos lados y direcciones en ambos sentidos. Por si esto fuera poco llegas hasta la mitad de la calle y te encuentras coches y coches dando marcha atrás unos 300 metros porque los simpáticos de la obra nos han cortado la calle con una hormigonera pero no han tenido el detalle de señalizar la incidencia al entrar por Mariano Andrés. Entonces: o reducimos todos nuestros coches y los guardamos en nuestros bolsillos para poder dejar a nuestros hijos en el colegio, o se colapsan todas las calles adyacentes por culpa de la obra susodicha y de lo arregladas y asfaltadas que están las calles que nos dejan de barro hasta arriba. Por favor, señor Amilivia, pase a verlo, verdaderamente es algo digno de contemplar. Hagan algo, por favor».

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