dxdxlos,una vez más, abandonados La cerca medieval y la dejadez municipal Los pueblos,una vez más, abandonados La cerca medieval y la dejadez municipal
Que uno sólo se acuerda de la Virgen cuando truena es norma casi tan general como que los de los trajes caros, camisas azules y miradas prepotentes -políticos para más señas; los profesionales me refiero- se acuerdan sólo de nuestros problemas cuando los cielos azules se nublan cada cuatro años con las borrascas electorales. Los milagros se producen entonces: carreteras abandonadas a la buena de Dios que se asfaltan «a pesar de que no hay presupuestos», administraciones que inexplicablemente funcionan más rápido y mejor, se solucionan conflictos laborales atascados en los laberintos del tiempo, promesas que se rescatan de polvorientos archivos de los que huyen hasta las ratas, incluso la sanidad funciona... Entonces uno dice rascándose la oreja derecha un tanto estupefacto -perdonen la expresión-: ¡coño! ¿y esto? Y entonces empiezas a ver en la tele que se avecinan unas elecciones, que los del traje sonríen mucho, se dan abrazos con las farolas si hace falta, estrechan la mano a los que currelan en las obras y al pescadero (al marroquí que pasa por allí no, que no vota) y cambian el traje por la proletaria camisa arremangada y gritan mucho y levantan mucho la mano... Y entonces entiendes. Pero a la vez sigues sin entender. Porque en algunos sitios ni por esas. ¿Por qué un pueblo como Prioro -por ejemplo- tiene una carretera que lo une con León tan humillante? ¿Por qué para una atención médica de carácter importante te marean hasta que o te mueres o te vas a lo privado? ¿Por qué quieren pasar líneas de alta tensión por aquí cuando esto oficialmente no existe? ¿Por qué se le condena a la despoblación y a la muerte? Es fácil la respuesta: porque Prioro, como tantos otros pueblos, es dócil con el poder, porque por muchas putadas y muchos olvidos, la gente seguirá votando a los mismos -y no me refiero a elecciones municipales- y porque, como siempre, el chocolate del loro seguirá bastando. Nuestros pueblos se merecen una atención especial porque, por mucho que algunos se empeñen, esta niña que veo pasar, Julia, Raúl o Rosalía, deben tener las mismas oportunidades que los señoritos Aznar Junior. Fernando del Blanco Rodríguez (Prioro). No salgo de mi asombro al observar la dejadez de nuestro Ayuntamiento a la hora de abordar la conservación de edificios o monumentos de carácter singular. Me refiero en este caso, al estado en el que se encuentra la Cerca Medieval, sobre todo en tramo desde Puerta Moneda a la Plaza de San Francisco. Es cierto que la mutilación a la que viene siendo sometida se inició sobremanera a partir del siglo XIX, también con el total beneplácito de las respectivas corporaciones municipales, pero también es cierto que en las últimas décadas ha resultado más acusado su abandono, lo que provocó que se convirtiera en una zona marginal. Ante esta situación, la reciente pavimentación efectuada resulta del todo insuficiente, ya que los lienzos se encuentran muy deteriorados, y la falta de limpieza por presencia de basura, vegetación o multitud de coches que aparcan en la aledaña calle Doctor Félix Rejas, no contribuyen, si bien todo lo contrario, a mejorar su estado. Resulta cuando menos sorprendente, que unas murallas levantadas para garantizar la seguridad del incipiente Burgo Nuevo ante los ataques sarracenos, hayan sucumbido ante estos nuevos ataques del siglo XX. José Antonio Regueras Pereira (León). Que uno sólo se acuerda de la Virgen cuando truena es norma casi tan general como que los de los trajes caros, camisas azules y miradas prepotentes -políticos para más señas; los profesionales me refiero- se acuerdan sólo de nuestros problemas cuando los cielos azules se nublan cada cuatro años con las borrascas electorales. Los milagros se producen entonces: carreteras abandonadas a la buena de Dios que se asfaltan «a pesar de que no hay presupuestos», administraciones que inexplicablemente funcionan más rápido y mejor, se solucionan conflictos laborales atascados en los laberintos del tiempo, promesas que se rescatan de polvorientos archivos de los que huyen hasta las ratas, incluso la sanidad funciona... Entonces uno dice rascándose la oreja derecha un tanto estupefacto -perdonen la expresión-: ¡coño! ¿y esto? Y entonces empiezas a ver en la tele que se avecinan unas elecciones, que los del traje sonríen mucho, se dan abrazos con las farolas si hace falta, estrechan la mano a los que currelan en las obras y al pescadero (al marroquí que pasa por allí no, que no vota) y cambian el traje por la proletaria camisa arremangada y gritan mucho y levantan mucho la mano... Y entonces entiendes. Pero a la vez sigues sin entender. Porque en algunos sitios ni por esas. ¿Por qué un pueblo como Prioro -por ejemplo- tiene una carretera que lo une con León tan humillante? ¿Por qué para una atención médica de carácter importante te marean hasta que o te mueres o te vas a lo privado? ¿Por qué quieren pasar líneas de alta tensión por aquí cuando esto oficialmente no existe? ¿Por qué se le condena a la despoblación y a la muerte? Es fácil la respuesta: porque Prioro, como tantos otros pueblos, es dócil con el poder, porque por muchas putadas y muchos olvidos, la gente seguirá votando a los mismos -y no me refiero a elecciones municipales- y porque, como siempre, el chocolate del loro seguirá bastando. Nuestros pueblos se merecen una atención especial porque, por mucho que algunos se empeñen, esta niña que veo pasar, Julia, Raúl o Rosalía, deben tener las mismas oportunidades que los señoritos Aznar Junior. Fernando del Blanco Rodríguez (Prioro). No salgo de mi asombro al observar la dejadez de nuestro Ayuntamiento a la hora de abordar la conservación de edificios o monumentos de carácter singular. Me refiero en este caso, al estado en el que se encuentra la Cerca Medieval, sobre todo en tramo desde Puerta Moneda a la Plaza de San Francisco. Es cierto que la mutilación a la que viene siendo sometida se inició sobremanera a partir del siglo XIX, también con el total beneplácito de las respectivas corporaciones municipales, pero también es cierto que en las últimas décadas ha resultado más acusado su abandono, lo que provocó que se convirtiera en una zona marginal. Ante esta situación, la reciente pavimentación efectuada resulta del todo insuficiente, ya que los lienzos se encuentran muy deteriorados, y la falta de limpieza por presencia de basura, vegetación o multitud de coches que aparcan en la aledaña calle Doctor Félix Rejas, no contribuyen, si bien todo lo contrario, a mejorar su estado. Resulta cuando menos sorprendente, que unas murallas levantadas para garantizar la seguridad del incipiente Burgo Nuevo ante los ataques sarracenos, hayan sucumbido ante estos nuevos ataques del siglo XX. José Antonio Regueras Pereira (León).