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León

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CADA fin de semana, de regreso al Bierzo, José Giménez, uno de los más conspicuos representantes de la dirección provincial socialista, sale de caza con su escopeta al hombro bien cargada. Remedando al inefable Alfonso Guerra de otros tiempos, sin su ingenio mordaz pero igualmente cáustico, Giménez tira contra todo lo que se menea, aunque al parecer, sin cobrar ninguna pieza de relevancia. Unas veces son vidriosas insinuaciones sobre negocios ilícitos y enriquecimientos inexplicables de concejales del ayuntamiento de Ponferrada, otras críticas a la Junta por no apoyar determinados polígonos industriales, como el de Cabañas Raras, o fraudes electorales en Oencia. En definitiva, fuegos de artificio, que sirven para calentar el ambiente preelectoral que vivimos desde hace algún tiempo. Las elecciones del 2003, lo hemos dicho en otra ocasión, se presentan muy reñidas, por lo que se pondrán en juego todos los medios para erosionar al contrario. Esta semana, al albur de la agria polémica suscitada entre Fátima López Placer, diputada provincial, y Jesús Esteban, presidente comarcal, por la decisión judicial de archivar el caso O Couto, aquel en el que el PP denunció trato de favor en las adjudicaciones forestales a familiares del consejero comarcal Alfredo de Arriba, José Giménez vuelve a la carga, denunciando -con un ¡vosotros más!- la existencia de casos de corrupción, que afectarían a varios alcaldes del PP de la comarca, entre ellos al de Cacabelos, José Luis Prada. Insinúa aquel la existencia de subvenciones al negocio de Prada, suponemos que a la rehabilitación del palacio de Canedo como Casa Rural, por la Junta de Castilla y León, por haberse presentado en las listas de aquel partido. Como ocurrió en anteriores elecciones con el Partido Socialista, el Partido Popular sería ahora un partido que favorece igualmente la corrupción, tema presumiblemente estrella de la mencionada campaña electoral. No creo que Prada necesite de mi defensa ni como alcalde ni como empresario; pero en todo caso, en ambos terrenos me parece que está dando muestras de hacerlo bastante bien, a tenor de los resultados. En Cacabelos ni siquiera hay oposición, o al menos no es visible ni en los plenos ni en la calle. Lo que no me parece de recibo son insinuaciones de este tipo, que manchan sin necesidad el buen nombre de una persona. Con pruebas, puestas sobre la mesa, hay que demostrar primero que el alcalde recibió subvenciones, y segundo, que dichas subvenciones son irregulares; pues recibir ayudas para montar una actividad, como la que Prada lleva a cabo en Canedo, creando riqueza y puestos de trabajo, ni me parece ilícito ni irregular ni éticamente reprobable. No es el único empresario, ni siquiera el único político que recibe ayudas; sólo hay que ver quiénes reciben fondos Miner o fondos europeos. Si recibir subvenciones fuera criticable -y seguramente lo es algunas veces-, no creo que los socialistas se arrogen el ser los primeros en tirar la piedra. Entiendo que los socialistas sientan en el ambiente un aire de cambio, como eufóricamente anuncian después de eventos como el del pasado fin de semana en Madrid, bastante deplorable por cierto. Es posible que así sea, que los ciudadanos, cansados de ocho años de gobiernos del PP, quieran un nuevo cambio, aunque también puede ser un espejismo; pues las encuestas, pese a la mejora que muestran del PSOE, son todavía favorables al PP. Por eso es mejor caldear el ambiente con propuestas razonables de cambio, con programas, con ideas. Ilusionar al electorado, como efectivamente ocurrió en 1982, es necesario si se quiere ganar unas elecciones; pero dudo mucho de una estrategia que busca simplemente la confrontación, que sataniza al adversario. Muchos pueden ver en el Partido Socialista un afán de revancha, representada por Felipe González, que no se compadece con lo que hoy debería representar Rodríguez Zapatero; es decir, con un partido renovado en sus militantes y en sus programas. Muchos recuerdan y nos recuerdan excesivamente el pasado.

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