AQUÍ TEESPERO
Todos noctámbulos
LA polémica está servida. Puede cada uno pensar lo que quiera, pero lo cierto es que pretender que se compagine la vida vecinal con el derecho al ocio es contra natura, porque no hay cuerpo que lo aguante. Todo esto viene a cuento del derecho al descanso que tienen los vecinos del barrio Húmedo, igual que los de cualquier otra zona de la ciudad, con la diferencia de que en ningún otro lugar se concentra tanto el ruido nocturno como allí. No se trata de cerrar a las once, ni de que se obligue a cumplir una normativa, porque todo eso son sólo paños calientes, que más pronto o más tarde se enfrían y todo sigue igual. Tampoco es la solución el ajo y agua, porque los que allí viven ya sabían lo que había, porque en los últimos años el tema de los horarios se ha desmadrado de tal forma, que los vecinos se podían resignar a dormir unas horas menos los fines de semana, pero es mucho pedirles que no peguen ojo. Claro que la solución podía ser que esos planes de vivienda para jóvenes que se anuncian a bombo y platillo se lleven a cabo en esta zona y se realoje a los antiguos inquilinos en otros lugares. Y la otra solución, que es la adoptada en muchas otras ciudades atajando las molestias, es el traslado de las zonas de copas y discotecas fuera del casco urbano. Esta solución también tiene sus detractores, y muy numerosos a juzgar por el debate publicado por este periódico, aunque sólo sea porque de los miles de afectados son los jóvenes los que más fácil tienen el acceso a Internet para mostrar su disconformidad. Podrá tardarse más o menos tiempo en decidirse a sacar el bullicio nocturno de la ciudad, pero es una guerra perdida. El futuro está en esos macrocentros de ocio que ya a principios de los ochenta conocí en Levante y que ahora proliferan por toda la costa española, donde el clima más benigno propicia estar muchas horas al aire libre. Y aunque ese no es el caso de León, lo cierto es que algún día llegará, como la peatonalización que al principio nadie quería y ahora todos alaban.