ELRINCÓN
Repatriaciones
DECIRLE a alguien que queda despedido, de la empresa o de la nación, siempre tiene un coste. En general es bajísimo, ya que el precio del adiós no lo establecen los expulsados, pero de todas maneras la invitación a que se vayan con la música nómada a otra parte siempre tiene unos costes. La UE ha aprobado la repatriación conjunta de inmigrantes ilegales y el plan prevé esos costes, aunque está por definir si se financiará con dinero de los Estados o con fondos comunitarios. Lo que sí está claro es que miles de inmigrantes se van a ir volando: en vuelos charter conjuntos. Ningún país puede admitir a todos los que quieran llegar a él clandestinamente, con los bolsillos y los estómagos vacíos, pero que una medida sea necesaria no significa que no sea escalofriante. Si no se nos rompe el corazón es porque lo tenemos blindado. Se embarcará a gentes que sólo aspiraban a comer un par de veces al día a cambio de realizar los trabajos que rehuyen los nativos. (Muchos parados españoles desdeñan ganarse el pan con el sudor de su frente y no son partidarios de vestirse esa blusa silenciosa y dorada de la que habló el poeta. Estiman que es altamente preferible ganarse el pan con el sudor de el de enfrente, o sea, de los marroquíes). Deberán irse los sin papeles. No tenerlos es lo peor que les puede ocurrir, exceptuando el hecho de tener que volver. La enorme dimensión del problema de los inmigrantes ilegales ha conseguido lo que parecía imposible: que los Quince se pusieran de acuerdo para aceptar un reglamento conjunto. No podemos olvidar que entre esa buena y pobre gente que sólo aspira a sobrevivir se infiltran redes criminales que a lo que aspiran es a vivir de ellos. Lo que no se entiende de ninguna manera es que se llame repatriación a devolver a su lugar de origen a los que nunca tuvieron patria. «Donde quiera que se está bien, allí está la patria», decía Cicerón, pero los inmigrantes no han conseguido estar bien en ningún sitio. De uno han tenido que irse y de los otros les echan.