Diario de León

El encantador de serpientes Un Ejército que debe mejorar Felicitación a un taxista Indignada por una decisión judicial

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Estupefactos ha dejado a no pocos cargos políticos e institucionales de su propio partido, el senador del Partido Popular, Alfredo Prada, con sus declaraciones a diversos medios informativos en el curso de una visita promocional efectuada a la ciudad de Astorga el pasado 29 de noviembre. Nadie duda de la enorme actividad desplegada en los últimos tiempos por el citado senador, -y vicepresidente del Senado-, a lo largo y ancho de toda la provincia leonesa. Su agenda está repleta de actos variopintos -inauguración de calles, descubrimiento de placas, pregón de fiestas, cenas y comidas de hermandad, cursos monográficos, seminarios, y un largo etcétera-. El empeño del señor Prada es loable y ciertamente se gana el cocido a pulso. No obstante, puedo asegurar que muchos de sus compañeros de partido ven con asombro, incertidumbre, y una buena dosis de cabreo -según los casos- ese continuo «ir por libre» del senador. El pasado viernes volvió a dejar constancia en la capital maragata de su particular forma de entender la política al ofrecer «todo su apoyo institucional» con el fin de conseguir un hospital comarcal para Astorga. Causa cierto sonrojo el empecinamiento de media docena de personas adscritas a la Junta Comarcal de Astorga. Un ente, con operatividad prácticamente nula, que engloba de modo anárquico localidades tan dispares como Cabrera o ribera del Órbigo. Es extraño que el señor Prada, con dilatada carrera a sus espaldas, entre el trapo de estas jerigonzas, cuando sabe perfectamente que ese hospital no entraba en absoluto en los planes del Ministerio de Sanidad (antes), ni en los de la Consejería de Sanidad de la Junta (ahora), máxime después del esfuerzo inversor que se está haciendo desde hace dos años en la remodelación a fondo del Hospital de León, que va a dar sus frutos cuando la obra finalice, y que va a dejar un hospital prácticamente nuevo, con una atención sanitaria muy mejorada en prácticamente todas las especialidades. El asunto del hospital comarcal es viejo. Hace años que pudo ser factible, hoy está fuera de los esquemas técnico-sanitarios. Mal que le pese al señor Arredondas de Encinedo, al señor Castro de Santiagomillas, y a algún que otro concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Astorga, la cuestión ha sido perfectamente despejada en más de una ocasión por las autoridades competentes, e institucionales. Léase, el diputado nacional señor Escuredo, el delegado territorial de la Junta en León, Luis Aznar, o el gerente provincial de Salud, Díez de Baldeón. Con estos antecedentes por delante, extraña -y enoja- en amplios sectores de su partido, que todo un vicepresidente del Senado, llamado en buena ley a causas de mayor enjundia, se enrede en historias provincianas de «política de feria y cohetes». Andrés Mures Quintana. La gente huye del Ejército, literalmente, por eso no alcanzan la tan citada profesionalización, porque primero tiene que empezar en ellos, en los mandos, a los que deberían dar un curso de reciclaje de cómo ser un profesional y otro de moralidad, porque en nuestro ejército, ese del que no se sabe de la mitad la media, existen todas las enfermedades sociales que nos atacan actualmente, como la inmoralidad, el machismo, los acosos tanto físicos como psicológicos, maltratos... etcétera, todo esto debidamente tapado entre ellos y casi ninguno denunciado por miedo y amenazas, tu eres un niñato que no sabes de nada, que nunca tienes razón y a callar. No quieren gente con cultura, por eso han bajado tanto las pruebas, no quieren personas listas que se den cuenta de lo que verdaderamente pasa y los cuestione, por eso en vez de subir los sueldos bajan el coeficiente intelectual, así no les cuestionan ni intentan cambiar nada, porque en eso sí que están atrasados, tienen un régimen disciplinario que no hay por dónde cogerlo, y que debería ser revisado, pero las ideas nuevas y modernizadas no tienen cabida en este ejército intolerante y cateto, así que a callar ¡¡ar!!. I.S. (León). Otis San Felices quiere agradecer públicamente el gesto del propietario del taxi n.º 19 con parada en la Avenida de San Ignacio de Loyola, perteneciente al municipio de San Andrés del Rabanedo. «Le felicito porque, habiendo dejado olvidada una cartera con documentos personales y cierta cantidad de dinero, no paró hasta poder localizarme y venir personalmente a entregarme dicha cartera, sin querer ni siquiera cobrarme el desplazamiento que le supuso llegar a mi casa. Siento mucho no saber ni siquiera su nombre, pero vaya desde aquí mi agradecimiento». María Aller Rubio llama al Teléfono del Lector para mostrar su indignación por la libertad condicional concedida al violador del chándal. «Está claro que hoy en día los delincuentes tienen más derechos que las personas de bien. Como sigan soltando a terroristas y malhechores, la gente normal nos vamos a dedicar a la delincuencia porque vamos a vivir muchísimo mejor».

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