NUBES Y CLAROS
No hay billetes
A este León no hay Dios que le entienda. Tanto tiempo quejándose de que aquí la cultura pasaba casi siempre de refilón, y ahora, tan sedientos estábamos, en cuanto se anuncia algo se avalanza una multitud ansiosa de acontecimientos y deja a la mayoría ayuna de la posibilidad de catar el evento. Cómo si no se explica que sea lo que sea, si el acto lo merece, para la mayoría de los mortales (los que no tienen institución, fundamentalmente municipal o autonómica, a la que agarrarse) sea materialmente imposible hacerse con una entrada. No bien anunciada una obra de teatro de moda, un concierto de reconocidos intérpretes, una actuación de mediano postín, se achuchan en la entrada espectadores de copete. Al ciudadano de a pie le han anunciado que va a producirse tal o cual acontecimiento con una impepinable nota a pie de página que advierte que ya no hay entradas. En esencia, visto lo visto en los últimos meses, antes de anunciarse una cita cultural ya está designada la asistencia, y al resto de los ciudadanos sólo nos queda el palmo de narices ante el encogimiento de hombros de los de la taquilla. Tanto es el descaro que al paisanaje se le están hinchando las ansias culturales, y empieza a pedir un poco de respeto. Si no a la ciudadanía, que eso parece que está asumido, por lo menos a la legalidad o a la decencia. Y, si no, que se instaure un circuito cerrado de actuaciones con derecho de adminisión, y santas pascuas. Pero no se nos venga a vender la moto de la multimillonaria inversión pública (pública, o sea, a cuenta de todos) en foros culturales a los que luego se impide sistemáticamente el acceso de la mayoría. Conseguir una entrada es más difícil que hacerse con la oferta del día en las rebajas, sólo que la lucha a brazo partido con otros aspirantes al chollo cuenta aquí con el inconveniente de que a algunos privilegiados se les ha abierto la tienda antes del horario comercial, y han dejado el erial vacío. Y así no hay quien juegue. Se exige un urgente remedio.