Diario de León

A vueltas con la Inteligencia Artificial

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Hace un tiempo, reconocí públicamente mi ignorancia sobre el funcionamiento de la inteligencia artificial, (en adelante IA), y expresé mi preocupación sobre los posibles efectos no deseados de su desarrollo. Hoy, después de seguir interesándome por este tema, sigo con la misma ignorancia pero con mayor preocupación. Hoy ya no se habla de IA en general, porque la IA es un mundo en constante evolución, que cada día nos sorprende con impactantes novedades y desarrolla nuevos sistemas, como el Chat GPT.

El GPT es capaz de responder a cualquier pregunta que le hagas y hacer cualquier cosa que le pidas. La aparición del Chat GPT en 2022 ha producido una cascada de nuevos desarrollos de IA con grandes posibilidades para el futuro, como Gato, nombre con el que se conoce al nuevo sistema de IA de «DeepMind» de Google, capaz de realizar 600 tareas distintas con la misma programación y que puede aprender y entender cualquier tarea de la misma manera que lo hacemos los humanos; Alpha Tensor, también de «DeepMind», capaz de aprender a jugar de forma profesional juegos de mesa, como el ajedrez; y otros muchos programas con el objetivo concreto de mantener conversaciones, realizar traducciones de un idioma a otro y hasta redactar textos sobre cualquier tema que les solicites

Este desarrollo sin límite de la IA plantea cuestiones éticas y filosóficas que deben ser abordadas por la sociedad en general. La inteligencia artificial puede facilitar mucho la vida a la humanidad, pero también conlleva serios riesgos. Esta posibilidad es tan grande que la Comisión para los Derechos Humanos de la ONU en el año 2021 pidió una moratoria parcial en el uso y venta de esta tecnología. «No podemos seguir reaccionando tardíamente a los efectos de la inteligencia artificial, ni permitir que se use de manera ilimitada, sin fronteras ni supervisión, para enfrentarnos luego a sus casi inevitables consecuencias sobre los derechos humanos». Igualmente, en una reunión celebrada en el Vaticano en enero de 2023, representantes católicos, judíos y musulmanes firmaron una declaración en la que pedían a los investigadores de IA que se comprometieran con especialistas en ética y líderes religiosos para desarrollar un marco para el uso ético de la IA. También pidieron que «el desarrollo de una inteligencia artificial esté al servicio de toda persona y de la humanidad en su conjunto; que respete la dignidad de la persona humana, para que cada individuo pueda beneficiarse de los avances de la tecnología; y que no tenga como único objetivo mayor ganancia o el reemplazo gradual de personas en el lugar de trabajo».

Personalmente siempre he creído que la capacidad humana para la razón y el pensamiento es uno de los mayores dones que se nos ha dado. Sin embargo, en las últimas décadas hemos visto el surgimiento de una nueva y poderosa herramienta, la IA, que trata de sustituirnos en muchas de nuestras funciones.  Si bien la IA ha generado una gran cantidad de beneficios, también está generando preocupaciones sobre su impacto en la autonomía humana. Por un lado, la IA nos ha permitido lograr grandes avances en campos como la medicina, el transporte y la comunicación. La tecnología también nos ha ayudado a hacer predicciones más precisas sobre el clima, los mercados financieros, el desarrollo y control de enfermedades. Pero, al mismo tiempo, debemos ser cautos con respecto a sus posibles consecuencias negativas. 

Una de las preocupaciones sobre los efectos de la IA es su impacto en el trabajo y el empleo humano.  A medida que las máquinas se vuelven más capaces de realizar tareas complejas, muchos trabajos que antes realizaban los humanos se están automatizando. Esto podría suponer pérdidas significativas de empleos y problemas económicos.

Aunque también es verdad que todo desarrollo anterior ha creado nuevos puestos de trabajo y más especializados. Pero hoy la mayor preocupación es la posible pérdida de autonomía humana y poder de decisión. A medida que la IA se vuelve más avanzada, puede volverse cada vez más difícil para que los humanos puedan controlar sus acciones. Esto podría acarrear una pérdida de decisión y responsabilidad, lo que podría tener serias implicaciones éticas. Además, también debemos considerar el impacto potencial de la IA en las estructuras sociales. El día que las máquinas puedan llagar a comprender el comportamiento y las emociones humanas, es posible que puedan reemplazar las interacciones humanas en áreas como la educación, la atención médica y la misma vida familiar.  Esto podría conducir a una pérdida de empatía y conexión humana, esenciales para nuestra realización personal y social.

Teniendo en cuenta estos posibles riesgos, los gobiernos nacionales y locales deben diseñar estrategias para incentivar un desarrollo responsable de los sistemas de IA en las áreas sensibles y necesarias para la sociedad. La sociedad entera debe asegurarse de que se está utilizando esta tecnología para mejorar las habilidades y capacidades humanas y debe exigir que se utilice de manera coherente con sus valores y principios. Si bien es verdad que la IA tiene el potencial de generar muchos beneficios y ya lo está haciendo, también es cierto que su impacto en la dignidad humana, la autonomía y las relaciones sociales puede ser altamente negativo.

Por lo que esperamos de los creadores de IA que respeten la dignidad de toda persona y pongan esta al servicio del bien común.

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