Diario de León

TRIBUNA

SANTIAGO GÓMEZ SALÁN Profesor de Enseñanza Secundaria

La educación pública en León hace aguas

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E s vox populi la situación caótica y de desgobierno en la que se encuentra sumida la Dirección Provincial de Educación de León desde el mismo comienzo del actual curso escolar. Cada día que pasa se antoja como la gota malaya que va minando la capacidad de aguante de equipos directivos, claustros de profesores y personal no docente de los centros educativos de titularidad pública de la provincia de León, en particular los de educación secundaria. Después de treinta y tres años ejerciendo la docencia en esta provincia, jamás hubiera imaginado tamaño cúmulo de despropósitos, a la vez que un mutismo total por parte de las administraciones competentes, bien sea la Consejería de Educación, o la administración educativa provincial.

Ni siquiera se están adjudicando plazas vacantes de personal administrativo en la propia Dirección Provincial de Educación, por lo que quien decide acudir presencialmente al edificio ubicado en la calle Jesús Rubio para realizar algún trámite o consulta —por teléfono resultaría imposible— se topa con la penosa imagen de una persona sobrepasada de trabajo que debe atender diferentes negociados de los que hasta ahora se ocupaban varios funcionarios, lo que redunda en una pésima atención al ciudadano.

Tanto o más desolador es el panorama de los centros educativos públicos de nuestra provincia. No se cubren las sustituciones de los profesores que se encuentran de baja, las cuentas de los centros están en números rojos al no haberse recibido el segundo libramiento presupuestario de 2023 o solamente una pequeña parte, todo lo cual está dando lugar a situaciones inverosímiles, tales como el hecho de que algunos centros no pueden permitirse encender la calefacción, hacer fotocopias, proveerse de material fungible básico, y un largo etcétera que sigue mermando a pasos agigantados la calidad de una educación pública herida de muerte en los últimos años.

Un ejemplo flagrante del déficit de atención que están recibiendo los centros escolares por parte de la Administración son las seis semanas que a día de hoy —justamente desde el comienzo del segundo trimestre— llevan sin recibir sus cuatro horas de clase semanales de Lengua Castellana y Literatura todos los alumnos de primer curso de ESO del IES Fernando I de Valencia de Don Juan. Se da la particularidad de que la profesora titular de la materia es quien imparte clase a los 77 alumnos matriculados en este nivel educativo. Sea como fuera, no cabe duda de que el perjuicio ocasionado a estos alumnos al comienzo de su educación secundaria es irreparable, al menos a corto plazo. De igual manera, ya han transcurrido cuatro semanas sin que varios grupos de ESO y de Bachillerato de este centro escolar estén teniendo clase de las materias impartidas por un profesor del Departamento de Tecnología cuya baja aún no se ha cubierto. Llama poderosamente la atención la falta de implicación del claustro de profesores en este asunto, más allá de los típicos comentarios de pasillo o de café. Tampoco parece que los padres y madres de los alumnos afectados —o sus representantes en el Ampa— estén poniendo el grito en el cielo ante esta lamentable situación. El hecho de que la Administración —en su habitual huida hacia adelante— no dé explicaciones no es algo que a nadie nos pille por sorpresa, si bien tal circunstancia tampoco debería servir para justificar la inacción por parte de la comunidad educativa en su conjunto.

Mal empezábamos el curso escolar el pasado mes de septiembre con una Dirección Provincial de Educación descabezada tras el cese en su cargo por concurso de traslados del anterior director provincial, Javier Álvarez Peón, algo que se sabía desde el 4 de mayo de 2023 tras la publicación de la Resolución Definitiva del Concurso de Traslados. Silencio absoluto por parte de la consejera del ramo y aclaraciones nada convincentes del secretario general de la Consejería de Educación. Así permaneció la Dirección Provincial hasta el nombramiento de Alberto Natal el 14 de noviembre.

Sepa usted, señor Mañueco, que tiene totalmente abandonada a la provincia de León en materia educativa. Va usted aprendiendo muy rápidamente las triquiñuelas y ardides del gran maestro de la mentira y el engaño, el trilero Pedro Sánchez. Aprovechó usted bien los resultados del último informe Pisa para sacar pecho político, haciendo un ejercicio de autocomplacencia extrema al afirmar durante su intervención en el último Debate del Estado de la Región que en Castilla y León «tenemos una educación pública de primera, tanto en centros públicos como concertados, tanto en el mundo urbano como en el rural». Si este es el diagnóstico que se hace de la salud de la Educación Pública en Castilla y León y que usted admite con tanta satisfacción, será porque nunca ha pisado un centro público —y aún menos del medio rural— más allá de alguna visita institucional. De lo que el señor Mañueco alardea con tanta osadía como ignorancia no es ni parecido a lo que los docentes vivimos día tras día en las aulas, poniendo siempre nuestra buena voluntad y también nuestros medios materiales para que «la cosa educativa» funcione en aras de la formación integral del alumnado.

Ester Muñoz, la nueva y flamante vicesecretaria nacional de Sanidad y Educación del Partido Popular, aseguraba hace unos días que «el Gobierno de España no tiene a la Educación como prioridad» ante el último anuncio del señor Sánchez de la puesta en marcha de un plan de refuerzo en Matemáticas y comprensión lectora para todos los alumnos de educación secundaria —a la fuerza ahorcan—, después del nuevo varapalo sufrido por España en estos dos apartados del informe Pisa. Si la señora Muñoz es consecuente con sus palabras, debería dejar de mirarse el ombligo y ocuparse cuanto antes de analizar la situación en la que se encuentra la Educación en la provincia de la que es diputada y, al mismo tiempo, darle un empujoncito a la consejera de Educación para que tome cartas en el asunto.

Hastiados estamos los docentes de que desde la administración educativa se esté constantemente poniendo en tela de juicio nuestra competencia profesional, además de vernos obligados a realizar tareas burocráticas estériles en detrimento una verdadera atención al alumnado. Los centros escolares se han convertido en clubes sociales y agencias de viajes en los que la transmisión de conocimientos y el aprendizaje basado en el esfuerzo y el tesón han quedado desfasados. Los directores de los centros se parten el pecho por participar en todos los planes y proyectos habidos y por haber con el afán de vender su producto mientras la escuela pública se desmorona —y sus edificios también—.

Hastiados estamos los docentes de que desde la administración educativa se esté constantemente poniendo en tela de juicio nuestra competencia profesional, además de vernos obligados a realizar tareas burocráticas estériles en detrimento una verdadera atención al alumnado
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