Diario de León

TRIBUNA

Matías González
Sociólogo

Artistos, taxistos, electricistos...

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Los pregoneros del Feminato se han empeñado en revolver la sintaxis del castellano. Y nos obligan  a renovar el muestrario de  perífrasis del baulón de las figuras retóricas para referirnos a cualquier cosa  que trate a ellos y ellas. O a feminizar los nombres de oficio que por tradición se asociaban al  desempeño del  varonaje. No les quitaré yo razones para una cruzada tan razonable. Que si fuera un servidor del género feminil no me agradaría escuchar en la homilía del domingo, «Bienaventurados los hombres de buena voluntad» o leer en diario de la mañana «Los españoles ya no duermen la siesta». Así que ahora es obligado decir  «los hombres y las mujeres»; «los españoles y españolas;  los jueces y las juezas…».

Por esta misma regla de  gramática parda yo propondría masculinizar los curiosos  adjetivos con morfología femenina que definen ocupaciones y filiaciones de vario pelo, que haberlos haylos. De tal guisa que en lugar de dentistas, ellos deberían vindicar llamarse dentistos, y en lugar de artistas... artistos...  Y por ese hilo  electricistos... marmolistos, escayolistas, comunistos, sindicalistos, socialistos. Y aquí entraríamos en el universo de la anfibología y habría que abrir otra vez el manual de retórica para no enredar con los significantes.

Socialistos... «personas que profesan el socialismo», no es lo mismo que socialistos «socialistos que se exceden de listos». Tan parecidos son los nombres que casi se parasitan como el caimán y el pajarillo que le limpia los dientes. La electricidad es cosa de mucha enjundia, de titulación archisuperior  y misteriosos silogismos que nadie, empezando por mí mismo, entiende. ¿Quién es capaz de explicar la diferencia entre un vatio,  un voltio... y un imperio?  Cuántas veces lo he intentando yo preguntando a toda clase de catedráticos, electricistas, youtubers, wikipedios... y sigo sin saber si la cantidad de electrones que pasan por mi contados son voltios o esos es la intensidad con que circulan.

Conozco un electricisto en mi entorno que defiende con vehemencia que su título es de categoría bien que superior. El temor que infunden  los cables le disculpa los excesos de linaje. Por cierto el afortunado ya no firma boletines, ahora predica mitines con kilowatios marxistos.

Casi se parasitan como el caimán y el pajarillo que le limpia los dientes
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