TRIBUNA

José A. Izquierdo
Ingeniero

La decisión de Abascal

Creado:

Actualizado:

En pleno verano, con una buena parte de la población de vacaciones, está siendo tema de debate, la decisión de Abascal de romper los pactos de legislatura en las comunidades autónomas, en las que Vox gobernaba en coalición con el PP.

Empecemos por analizar el contexto, en el que nos encontrábamos en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, antes de analizar la decisión de Abascal.

Los partidos políticos, al menos hasta ahora, han sido agencias de colocación de las juventudes del partido y de los afiliados, muchos de ellos, individuos arribistas, que se han afiliado, con el único objetivo de tener un puesto de trabajo, con el que obtener unos sustanciosos ingresos, sin dar un palo al agua, les importa un bledo, la ¿ideología?, (¿principios?), del partido y algunos no han dudado en cambiar de formación y apostar por el que, según su criterio, sería el ganador de las elecciones. Conozco a uno que empezó en Fuerza Nueva y pocos años después tenía un buen puesto de trabajo en la Administración como afiliado al PSOE. Y otro conocido por todo el mundo, que empezó como líder del PP y hoy es un destacado comunista. O sea, que los partidos, son vistos como medios para medrar, más que como organizaciones al servicio de los ciudadanos.

Hasta ahora, que yo sepa ningún líder de partido ha hecho eso que en propaganda comercial se llama la «prueba del algodón»; prueba que ha tenido el coraje de hacer Abascal en su partido.

El resultado ha sido que algunos arribistas han preferido los sillones a los principios del partido, ahora los votantes, al menos, pueden confiar en la palabra de la dirección de un partido.

La reacción de los líderes de los otros partidos y la práctica totalidad, (no sé si hay alguna excepción), de los medios de comunicación y en las tertulias, al menos las que yo he escuchado, todos opinan que Abascal es un xenófobo, insolidario, que no reconoce los derechos humanos y otras calificaciones, por no querer acoger a los «menas». en las Autonomías en las que, hasta ahora, gobernaba con el PP.

La pregunta a la que tienen que contestar los que si son solidarios: políticos, medios de comunicación, directores de tertulia, contertulios, etc., es ¿según ellos, qué es un mena? ¿Son todos los menores de 18 años?

No hace falta ser un sociólogo, para comprender que no se puede meter en el mismo saco a los menores de catorce años, que a los mayores de esa edad, que vienen sin documentación y no son pocos los que incluso tienen más de 18 años.

¿Cuántos niños menores, (menas), de catorce años hay en España? ¿Por qué no se publican estos datos? ¿Es que no hay menores de catorce años?

Yo, al menos, no he encontrado ningún dato de la distribución de menas por edades.

Si los hubiera la solución es bien sencilla: preguntarles si quieren volver con sus padres o tutores, o si quieren ser educados en España, en este segundo caso tenemos todos, o casi todos, los antiguos orfanatos y algunos, como el de San Cayetano en León, está en condiciones de ser utilizado y con las escuelas anejas, cercanas, donde poder estudiar.

Al menos durante la dictadura del general Franco, era obligatoria la escolarización hasta los catorce años y a partir de esa edad, los muchachos/as, incluso antes, ya empezábamos a trabajar, ocupándonos de las gallinas y los conejos, bien ayudando a los padres o trabajando como motriles, (conozco a más de uno que a los catorce años ya fue pastor a tiempo completo), cuidando la vecera, escardando los cereales, recogiendo comida para los conejos, arrancando las legumbres, de recaderos de algunas tiendas y un largo, etc., y al menos yo y mis amigos de la escuela, no considerábamos que estábamos siendo explotados por nuestros padres, más bien nos sentíamos orgullosos de contribuir con nuestra ayuda a mejorar la situación económica de la familia; como dato ilustrativo voy a exponer la costumbre que había en los Barrios de Luna (y en otros muchos pueblos de montaña): a los niños que cumplían los catorce años, el día ‘Del Cristo’, la fiesta del pueblo, se les regalaba una pequeña navaja, para utilizarla cuando con motivo de su trabajo tenían que llevar la merienda al campo, pues era normal ir al monte a cuidar el ganado y estar todo el día con las vacas o con las ovejas, bien con las de la familia o con las de los vecinos del pueblo, precisamente este trabajo se conoció siempre como cuidar de la vecera.

De las noticias de los medios de comunicación se deduce que los países de los que vienen los inmigrantes irregulares, están a un nivel de desarrollo, parecido al que teníamos en España en los años 40/50, por lo tanto los irregulares no son tan niños.

Hace un par de días, una de las barbis de Groucho, el de los principios cambiantes, calificó a todos los menas como niños. Se puede asegurar que los mayores de catorce años han trabajado, tanto o más, que lo hacíamos los que cumplimos los catorce años, en los años cuarenta y cincuenta, no sólo en España, también en otros países hoy desarrollados.

Decía Cánino , un esquilador de Bahillo, prácticamente analfabeto, que a los quince años: «pica a pichicharra y se deja sola a mare», que cada uno lo traduzca como mejor le parezca.

Abascal se opone a la inmigración irregular, lo ha dicho en multitud de ocasiones, nunca ha dicho que se opone a la regularizada, si el inmigrante tiene un contrato de trabajo, lo que tiene que aclarar es si también se opone a la acogida de menores de catorce años, en orfanatos; tengo el convencimiento de que ante esta pregunta, no responderá que también se opone.

En definitiva, la decisión de Abascal no es tan necia como la describen, más bien se ha librado de los arribistas y del cinismo que demuestran otras fuerzas políticas.

Conozco a uno que empezó en Fuerza Nueva y pocos años después tenía un buen puesto de trabajo en la Administración como afiliado al PSOE. Y otro conocido por todo el mundo, que empezó como líder del PP y hoy es un destacado comunista