25 de noviembre: ovejas con corazón de hiena
El 25 de noviembre tengo por costumbre escribir un texto dedicado al día que se celebra: el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer. Es un intento de hacer balance de lo ocurrido, al menos, desde el año anterior.
Me está costando trabajo escribir estas líneas con autocontrol. La violencia hacia la mujer se esconde detrás de muchos hombres. Aparentemente de cualquiera, porque no podemos distinguirlos. No de todos. No. Es más, quiero pensar que la mayoría no son violentos. Pero otro aspecto lacerante es que la mayoría de los que no podemos calificar como violentos, son inactivos, no reaccionan. Se esconden en la pasividad del «yo no soy así», mientras contemplan cómo muchos de su género «sí son así». Con su silencio, los pasivos, no ayudan.
Mientras ellos callan, el problema del terrorismo que es la violencia de género continúa imparable.
No se escandalicen por el término. No deben. El terrorismo tiene tres definiciones claras y precisas. La primera es: «Dominación por el terror». La segunda, se refiere a la «sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror». La tercera, que habla de la «Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos» es la más extendida entre la población. Pero el término «terrorismo» no podemos confinarlo sólo a la tercera acepción.
Cuando una pareja o expareja pega a su mujer, la viola, la humilla, la denigra, la insulta o la amenaza, está ejerciendo la «dominación por el terror». Por tanto, no es una exageración ponerle nombre a lo que estamos sufriendo las mujeres. Se llama terrorismo de género.
No. No todos los hombres son agresores. Pero sí son hombres todos los agresores. Están donde menos te lo esperas, disfrazados de ovejas, con corazón de hiena. Enmascarados detrás de las caretas de maridos amantísimos, mientras drogan a sus mujeres, como Pellicot y sus alumnos, para que una horda de machos salvajes las viole. Ataviado con la máscara de político defensor de la igualdad y del «sólo sí es sí», mientras ejerce de dominador no consentido en sus relaciones personales. Errejón se justificó escribiendo una sarta de sandeces, además de echarle la culpa al patriarcado -«manda güevos», Trillo dixit- y a la confusión de la persona con el personaje. Es decir, en román paladino, el Errejón que defendía la igualdad de las mujeres y los hombres, el que se llenaba la boca de discursos feministas, no era más que un «personaje», una actuación, un actor que llevaba representando durante años el acto teatral de un engaño terrible y punzante para las mujeres.
Algunos tienen alguna patología mental. Otros no. Unos son monstruos enloquecidos. Otros no. Así lo revelan los análisis forenses, psicológicos y psiquiátricos. Algunos, simplemente, son hombres. Encoge el corazón escuchar a Pellicot diciendo que «así eran felices los dos».
Escuché este año una frase que me impactó por su crudeza en boca de una periodista. Dijo que «todos los hombres son violadores en potencia» (en potencia no significa que todos lo sean, significa que cualquiera de ellos puede llegar a serlo). Su argumento era que ningún padre dejaría sola a su hija de catorce años para entrar a tomar un refresco en un local donde solo hubiera hombres mayores. Es cierto. En la mayoría de entornos urbanos ni un solo padre permitiría esta situación. Me dio que pensar. Esa afirmación tenía sentido. Hasta los propios hombres, en ciertas circunstancias, alejan a sus hijas de sus congéneres. Por algo será. Los hombres saben que otros como ellos pueden llegar a ser un peligro para una mujer o una niña. No todos. Pero el agresor siempre aparece entre los hombres.
Los agresores están en todos los sitios, mezclados con el resto. Nos rodean. Nos agreden. Se disfrazan en el grupo. Nos engañan. Nos intentan amedrentar día tras día.
En el colmo de la violencia ejercida contra nosotras, nos matan.
En 2023, mi tribuna para el día 25 se tituló 25 de noviembre y la violencia infantil. En ella escribía lo que hoy en día se expresa con más apertura. Un porcentaje muy alto de niños acceden a la pornografía a través de las redes sociales, y son cada vez más jóvenes. Con ocho años, cuando al pensamiento le falta madurez, la pornografía modela el comportamiento masculino. Nuestros niños -¡con ocho años son niños!-, crecen pensando que las mujeres no son más que objetos que están a su disposición para satisfacer sus deseos y que la violencia contra ellas es «lo normal».
Creo que este es uno de los grandes retos con los que se enfrenta esta sociedad. Tenemos el conocimiento mundial al alcance de un clic en el teléfono. También tenemos las crueldades más horribles, torturas, violaciones, vejaciones, comportamientos sanguinarios e indignos del ser humano, al mismo alcance, expuestos en la pantalla.
Si no nos convertimos todos, mujeres y hombres, en elementos activos contra esta parte tan negativa para el crecimiento personal como seres humanos, volveremos a ser lo que fuimos en origen: animales. En el más amplio sentido del término. Animales con tecnología, pero animales.
Hoy es 14 de noviembre. La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, dependiente del Ministerio de Igualdad, aporta el dato de 1.284 asesinadas por violencia machista. Cuando esta tribuna aparezca publicada, con seguridad la cifra habrá quedado desfasada.
La violencia contra la mujer sigue siendo un problema estructural en España. Nos perjudica a todos como sociedad. Retrocedemos en bienestar social, en derechos y libertades y genera cada vez más violencia.
Asusta ver cómo las víctimas de violencia de género no ocupan más de 15 segundos en los informativos. Se vierte el dato como si fuera algo cotidiano a lo que no dar mayor importancia: Una mujer más fue asesinada por su pareja o expareja en tal lugar. Los políticos guardaron un minuto de silencio. Los deportes, las inundaciones, las guerras… todo es más importante y llena los telediarios. El asesinato de una mujer es poco relevante en medio de la vorágine informativa.
Aun así, no todo es negativo. Veo, de forma muy minoritaria todavía, hombres que sí están comprometidos con la eliminación de la Violencia de Género. Públicamente dan el paso de ponerse a nuestro lado. Alguno nos engañará, como Errejón, pero sigo creyendo que muchos son sinceros y están a nuestro lado. Desde aquí, todo mi agradecimiento y el de todas las mujeres que sabemos que la sociedad solo se cambia entre todos. Nuestros descendientes nos agradecerán ese esfuerzo por preservar los derechos fundamentales de cualquier ser humano dentro de una sociedad civilizada, solidaria y respetuosa.
Espero que el año que viene, en estas mismas fechas, pueda sentarme ante el papel y la pluma con más optimismo, con menos dolor, y también con menos hombres pasivos ante acoso y la agresión de hombres contra mujeres.