TRIBUNA
Navidad postmoderna: de la cristiana al consumo
sacerdote y sociólogo
Podríamos decir que la Navidad, como en un proceso dialéctico hegeliano, a lo largo de la historia ha pasado de la primitiva festividad pagana en torno al solsticio de invierno, como tesis, a la Navidad cristiana, como antítesis, para llegar en nuestros días a una síntesis, en la que persisten elementos paganos y cristianos que conviven con los nuevos elementos añadidos por la posmodernidad. Muchos pueblos primitivos celebraban con fiestas y grandes comilonas el solsticio de invierno en torno al 25 de diciembre. A estas fiestas paganas se enfrentaron los primeros cristianos con limosnas, oraciones y ayunos para celebrar el nacimiento de Cristo, luz que vino a iluminar las tinieblas. De esta forma cristianizaron las fiestas paganas incorporando los deseos de paz y reconciliación y más tarde los belenes, los villancicos y las luces.
Pero la sociedad, en ese proceso dialéctico hegeliano, hoy vuelve a paganizar las fiestas de Navidad, traspasando la frontera de lo religioso y convirtiéndolas en unas fechas de consumismo. Sin esperar al solsticio de invierno, ni a que llegue la Navidad, la publicidad consumista empieza con el «Black Friday», el último viernes de noviembre, y termina a mediados de enero, con toda clase de estrategias comerciales para conseguir en este tiempo al menos el 50 por ciento de las ventas de todo el año, y todo ello oculto bajo el eslogan de «Navidad, feliz Navidad». Como dice J. Riechmann, poeta, ensayista, matemático, filósofo y doctor en ciencias políticas, «no es que el consumo sea en sí algo malo, pero se convierte en una amenaza para el bienestar de la gente cuando se transforma en un bien en sí mismo y pasa a ser la medida con que se evalúa el éxito de la política». El consumismo ha sustituido gran parte de los valores, tradiciones y costumbres navideñas por nuevas pautas de conducta que tratan de confundir lo que uno es con lo que uno tiene y lo que uno muestra con lo que uno vale. Hemos olvidado que lo importante de las personas está precisamente en aquello que no se puede comprar. La sociedad consumista está en el polo opuesto a lo que significa la Navidad. La sociedad de consumo tiene mucha capacidad de integración. Mantiene las palabras, pero las vacía de su sentido original y así, fácilmente transforma la Navidad en fiestas de fin de año y la Semana Santa en fiestas de primavera. Se pierden las referencias religiosas y se trasforman en fiestas familiares, encuentro con amigos o vacaciones, olvidándose de los valores que encarna la Navidad cristiana: la búsqueda de la paz y el amor al prójimo. En conclusión, podemos decir que la postmodernidad, la sociedad de consumo, ha ido imponiendo valores y costumbres que tienen poco que ver con la Navidad cristiana y que no son más que puro negocio. Podemos peguntarnos si en una sociedad consumista puede haber felicidad para aquellos que no tienen un hogar donde vivir, comida, salud o medios para cubrir sus necesidades, mientras que otros derrochan su dinero en cosas no tan necesarias para celebrar estas fiestas. Y fácilmente tengamos que concluir que para muchas personas la Navidad postmoderna se haya convertido en Navidad, triste Navidad. No obstante, yo quiero desear a todos los hombres y mujeres de buena voluntad una Feliz Navidad.