TRIBUNA
León, laberinto hostil para la discapacidad
Señor alcalde, permítame contarle una historia. Una historia cotidiana, pequeña, pero reveladora. Es la historia de cualquier persona con movilidad reducida que intenta hacer vida en esta ciudad sin tener el privilegio de una plaza de aparcamiento personalizada, como la suya.
León se ha convertido en un laberinto hostil para quienes no podemos desplazarnos a pie con la soltura que usted recomienda. Nos insta a disfrutar la ciudad caminando, con una sonrisa de suficiencia en el rostro, como si la solución a nuestros problemas fuera un par de zapatillas deportivas y un poco de voluntad. Ojalá fuese tan sencillo. Pero para quienes dependemos de un vehículo, su modelo de ciudad no es sostenible: es excluyente, es insensible y, permítame decirlo, es profundamente injusto.
Cada día, salir de casa se convierte en una prueba de resistencia. La peatonalización sin estrategia realista ha convertido el centro en un caos circulatorio donde encontrar una plaza de aparcamiento es una lotería cruel. Damos vueltas, y más vueltas. Perdemos tiempo. Perdemos dinero en combustible. Perdemos paciencia y salud mientras respiramos un aire que, paradojas de la vida, se vuelve más contaminado por el ir y venir de coches buscando un hueco que nunca aparece. Pero, claro, usted no lo sufre. Usted tiene su plaza, o mejor dicho, sus plazas, reservadas a pocos pasos de su despacho. Le felicito, alcalde. Es usted un ejemplo de movilidad... para los suyos.
Y ahora nos dice, con una generosidad que roza la burla, que podemos aparcar en cualquier plaza de zona azul o verde. Permítame que me siente y me ría a gusto. Porque para que esto sea una solución, primero habría que encontrar una plaza disponible. Y si la encontramos, seamos sinceros, tendría que estar cerca del destino final, porque las barreras urbanas de León no han desaparecido por arte de magia. No podemos saltar bordillos, no podemos recorrer media ciudad con la certeza de que las calles y las aceras están adaptadas para nosotros. Y, aunque lo estuvieran, nuestras piernas, nuestras sillas, nuestros cuerpos tienen limitaciones que usted ni se molesta en imaginar.
Tal vez si viviera un solo día con nuestros problemas, con nuestras dificultades diarias, se plantearía si su plan de movilidad es realmente para todos o solo para los que pueden permitirse prescindir del coche. Tal vez, si su aparcamiento personal estuviera a tres manzanas de su oficina, bajo la lluvia, con aceras llenas de baches y una rampa inservible, comprendería que hay decisiones políticas que, en vez de mejorar la ciudad, la convierten en un espacio hostil para una parte de su población.
León necesita soluciones reales. Necesita aparcamientos accesibles, zonas de carga y descarga funcionales, un sistema de movilidad inclusivo que no expulse a quienes dependemos del coche para vivir con dignidad. No necesitamos promesas vacías ni discursos inspiradores sobre la ciudad del futuro. Necesitamos que hoy, aquí y ahora, usted se ponga en la piel de los que no tienen su suerte.
Porque ser alcalde no solo es cortar cintas y salir en la foto. Es gobernar para todos, incluso para los que no pueden ir andando a todas partes.