Teresa Ribas MÉDICA JUBILADA

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Una vez más, los sindicatos mayoritarios de nuestra Comunidad autónoma, con el respaldo de las plataformas rurales y urbanas en Defensa de la Sanidad Pública, en rueda de prensa recientemente han convocando a la ciudadanía de Castilla y León a una manifestación en Valladolid defendiendo los derechos sanitarios, para el día 15 de marzo. Porque sigue habiendo motivos para esta movilización, y no son nuevos; son antiguos y bien conocidos.

El deterioro del sistema sanitario se hace cada vez más palpable, con signos de alarma muy inquietantes como son las demoras en la Atención Primaria, las largas listas de espera quirúrgicas, la derivación de recursos a la sanidad privada como una sangría que no sólo no cesa sino que se incrementa año tras año. Es frecuente leer en las cartas a la dirección en los periódicos, quejas y denuncias de esta situación, muy comprensibles cuando las exponen. Pero también son frecuentes las manifestaciones de personas y personajes públicos, sobre todo del mundo de la cultura y de la ciencia, que expresan su agradecimiento al Sistema Sanitario por la atención recibida. Personas que han sufrido o sufren aún situaciones graves o muy graves, que son conscientes del costo que supone las intervenciones, las exploraciones para llegar a un diagnóstico certero, los costosos tratamientos para lograr la remisión o la curación de un proceso, el seguimiento posterior y los controles . Hemos asistido también a una batalla protagonizada alrededor de Muface, que no es más que una lucha de intereses económicos, mediáticos y políticos, en la que juegan al regate las aseguradoras privadas, con la particularidad de que sus coberturas no son totales y donde no llegan ellas acaba llegando la Sanidad Pública a la que sin ningún pudor envían aquellos pacientes que no son capaces de atender en su totalidad. La tendencia, a mi modo de ver, debería ser atender paulatinamente a todos los funcionarios en el mismo sistema dado que la razon de ser de la Sanidad Pública no es el negocio, como sí lo es en el caso de las empresas de seguros, negocio que abandonan cuando deja de ser rentable. La razón de ser de la Sanidad Pública es garantizar la salud para todos. Al margen de este problema, la ciudadanía debe conocer que al suscribir una póliza de asistencia privada, muchas veces no se tiene en cuenta cual es la cobertura de la misma: si cubre todas las patologías, por ejemplo un cáncer complejo, una enfermedad neurodegenerativa o alguna de las enfermedades raras e infrecuentes. Hay que preguntarse si hay una óptima atención neonatal en el magnífico y confortable hospital privado y también si la póliza se va a encarecer al año siguiente tras haber solicitado alguna prestación, si abarca todos los tramos de edad. No es infrecuente llevarse sorpresas que afectan grandemente al bolsillo. Así como no es infrecuente que el hospital público acabe resolviendo las complicaciones ocurridas tras alguna intervención en un centro privado. Porque no hay que engañarse: la sanidad privada no va ser la salvadora del desastre. En nuestra provincia asistimos además al problema de la falta de médicos oncólogos en la zona del Bierzo, mal crónico de larga duración , en cuyo origen está no sólo la falta de especialistas que cubran esa importantísima faceta sino también la escasa capacidad de atracción a los profesionales que ha habido hasta el momento. Las soluciones no son sencillas, y menos en estos tiempos turbulentos que estamos viviendo; pero hay que pensar en medidas, en primer lugar por un fortalecimiento de la Atención Primaria, dotándola de recursos e incentivos, no sólo económicos, para que los profesionales se sientan reconocidos y motivados y puedan reducir la carga hospitalaria, fomentando también el intercambio de información entre hospitales y centros de salud. La adecuada gestión y planificación de los recursos y su optimización en la utilización de los mismos, con supervisiones de equipos y consumibles para evitar un uso ineficaz de los mismos. Invertir en tecnología y utilizarla de manera idónea para reducir costos. Formar y retener al personal, mejorando salarios, condiciones laborales que dejen fuera de una vez la precariedad laboral, posibilidades de conciliación familiar; hacer contratos «decentes». No deben olvidarse las campañas de prevención y de salud pública como un medio de utilización responsable de recursos, así como la detección temprana de diversas patologías. La salud es una manifestación de la dignidad humana y por ello se puede afirmar que forma parte del catálogo de los derechos humanos. Porque la Sanidad Pública, lo que antes llamábamos Seguridad Social, no es sólo para los enfermos. Permite que las personas sanas eviten el miedo a la enfermedad y a la muerte por no poder pagar los cuidados. Por ello nos concierne a todos y son los poderes públicos los responsables de su mantenimiento y sus gestores quienes deben garantizar que ese derecho alcance a todas las personas, en el medio rural y en las ciudades e independientemente de la capacidad económica de cada cual. El acceso a la sanidad por tanto, ha de ser equitativo y universal; los servicios esenciales deben llegar a todas las áreas incluso a las mas marginales geográficamente. Y a todas las personas. Únicamente quienes ejercen el poder son los que pueden actuar sobre los derechos cívicos, y el derecho a la salud es uno de ellos. En este contexto, los ciudadanos tenemos el deber de presionar para que se deje de mirar hacia otro lado, o más bien se redirijan sus intereses hacia la ciudadanía y apliquen las medidas para que se frene ese deterioro que tanto incide en el bienestar social. Que se acabe el desmantelamiento del Sistema Sanitario Público, modelo y guía a pesar de sus problemas. La ciudadanía debe reaccionar antes de que estemos frente a unos hechos consumados sin posibilidad de revertirlos, porque el desmantelamiento de lo público, no solo en materia sanitaria, sino también en la enseñanza y los servicios sociales, es una amenaza real y actual que sólo puede frenarse si somos capaces de actuar unidos y fortalecidos. Aunque son las instituciones las que deben llevar a cabo las acciones necesarias para resolver el problema, la sociedad civil tiene espacios participativos que debe ocupar, para fortalecer el diálogo en los lugares donde se tomen las decisones. Y uno de esos espacios es el apoyo a estas convocatorias.

La salud es una manifestación de la dignidad humana yse puede afirmar que forma parte del catálogo de los derechos humanos