La libertad de expresión: esencia de la Democracia
Los dictadores están coartando la libertad de creación, de expresión y de difusión de la verdadera cultura, cultura que es tradición, presente y futuro. El dogmatismo fanático nos está sometiendo

Alfileres de colores, de 2006, es una buleria del cantaor flamenco Miguel Poveda (nacido en Barcelona), con letra de Pedro Rivera y excelente música de Diego Carrasco. El video, rodado en la plaza de toros de Sevilla, con imágenes de torero toreando, caballos y bailarinas bailando, fue retirado de la circulación por una red social que se explica diciendo: «Este video se ha retirado porque infringía la política de You... sobre contenido violento o explícito». Esta es la letra: «Cuando al vuelo tu capote/ pinta verónica al trote/ del toro en el redondel./ Parece la Maestranza/ una academia de danza/ o un cortijo de Jerez./ Y cuando la aguja del toro/ pinta el traje grana y oro/ como ensartando un clavel/ en tus brazos soñadores/ alfileres de colores/ un ole quieren coser./ Como mimbre canastero/ se mece tu cuerpo entero/ mientras que pasa el buré./ El vuelo de tu muleta/ es el verso de un poeta/ que quiere al cielo embeber./ Que bronce de la escultura/ del toro por la cintura/ y tu muñeca un cincel/ Y en tus brazos soñadores/ alfileres de colores/ ole con ole y olé». La canción es maravilla escrita por el jerezano Pedro Rivera Cross, médico, flamenco, español, que también hizo poemas para Lole y Manuel, Rocío Jurado y otros artistas. Este poeta, de los de verdad, ha fallecido en junio de 2020, a los 75 años.
La historia demuestra que la Fiesta Nacional de toros y pasodobles ha sido la única manifestación de democracia y libertad en tiempos de cualquier dictadura. Desde las gradas el público asistente juzga, premia con aplausos o condena con pitidos y abucheos la faena de los que salen al ruedo. Al final, los diestros (no hay toreros zurdos, y de haberlos también serían considerados diestros) recibirán orejas, rabo, vueltas al ruedo, salida en hombros por la puerta grande, o abucheos y silbidos según la siempre sabia opinión del respetable. En el toreo a pie, o a caballo (rejoneo), es el público asistente el que exige, ordena, manda, premia o castiga. Los dictadores están coartando la libertad de creación, de expresión y de difusión de la verdadera cultura, cultura que es tradición, presente y futuro. El dogmatismo fanático nos está sometiendo. Si dices «vete a freír monas» te arriesgas demasiado, pues es mejor sustituir las monas por los espárragos. Tampoco digamos «me cago en la leche y me cago en diez», será mejor sustituir el «me cago» por el «mecachis», «me cachis en uno» que diez son demasiados. Sin querer presumir de finolis, ahora digo «mecachis en pito pato», pero es posible que algún «intelectual» me censure diciendo que el «pato» no tiene culpa y no hay motivo para ofenderlo. En el Parlamento no se andan con tantos remilgos y sus señorías, con sus esclarecidas clarividencias, emplean un lenguaje irrespetuoso, desabrido, agresivo, barriobajero. Cuando se mandan a la mierda, como hizo Labordeta (casado con una sobrina del teniente general Muñoz Grandes), no tiene importancia. Tampoco debemos sorprendernos cuando un viejo profesor se levanta de su escaño y con un zapatón en la mano golpea repetidas veces el escaño del presidente al mismo tiempo que vocifera, insulta, reta, y amenaza, pero todo se le tiene que perdonar por ser, según dicen, un grandísimo intelectual muy benemérito de la extrema izquierda gallega separatista.Con esta forma de actuar demasiados diputados demuestran lo mucho que les encantan sus ombligos. También hay tertulianos que ya no saben distinguir la verdad de la mentira, la diferencia entre informar y opinar. Así se explica que algunos, que dicen ser defensores de la libertad de expresión, tengan el cuajo de escribir: «Hacemos un llamamiento para que no se dé voz a los negacionistas del cambio climático porque están poniendo en riesgo nuestras vidas. El negacionismo mata». Así, metiendo miedo, pretenden monopolizar la opinión e imponerla a los demás haciéndola pasar como si fuera fruto de una unanimidad científica que, en realidad, no existe. La verdad es que no todos los científicos están de acuerdo, no coinciden, y aunque lo estuvieran con total certeza no es democrático quitar la voz a los ciudadanos que consideren que esas «opiniones científicas» son meras ruedas de molino que no están dispuestos a comulgar. Lo que digo es esencia y fundamento de la libertad de expresión, y la libertad de expresión es esencia y fundamento de la democracia. Parece mentira que algunos periodistas sean incapaces de entenderlo, defenderlo y obrar en consecuencia. Una nueva Inquisición, en este caso materialista, causó furor en los primeros días de diciembre de 2024 atacando a Jaime Mayor Oreja por haber dicho en el Senado de España (con motivo de la celebración de la VI Cumbre Trasatlántica): «Están ganando los científicos que defienden la verdad de la creación frente al relato de la evolución». Dos años y medio antes que el señor Mayor yo dije lo mismo en esta página de Diario de León en el artículo
Se creían dioses de fecha 7-8-22 y, afortunadamente, no me han quemado en la hoguera. No es decente hacer una mezcolanza al estilo de ese decreto ley ómnibus-botillo, abusivo y ridículo, que el Gobierno quería imponer a la oposición. De igual manera, no es razonable meter en el mismo saco el negacionismo, el creacionismo, el terraplanismo, y los «locos» antivacunas. Podría poner los nombres de muchos científicos creacionistas, pero no hay espacio y sólo cito a James Mitchell Tour, que dijo: «Estoy asombrado de Dios por lo que ha hecho a través de su creación. Sólo un novato que no sabe nada sobre ciencia diría que la ciencia se aleja de la fe. Si realmente estudias ciencia, te acercará más a Dios». Creacionista era el poeta, pintor, novelista libanés Khalil Gibran (1883-1931 N.Y), que dijo: «El hombre sabio es el que ama y venera a Dios»; «La mitad de lo que digo no tiene sentido, pero lo digo para que la otra mitad sí lo tenga»; «Toda la tierra es mi patria y todos los hombres son mis compatriotas». Creacionista es el judaísmo, el cristianismo, el hinduismo, e incluso el animismo. Hölderlin dijo: «Es derecho de nosotros, los poetas,/ estar de pie ante las tormentas de Dios,/ con la cabeza desnuda,/ para apresar con nuestras propias manos/ el rayo de la luz del Padre, a él mismo./ Y hacer llegar al pueblo, envuelto en cantos,/ el don celeste». Lo tres astronautas del Apolo 11 que el 16-7-1969 estuvieron en la Luna sabían muy bien que la tierra no era plana, que el espacio-universo era infinito. Eran científicos experimentados y, siendo creyentes, su viaje espacial los acercó más a Dios, a su Creación. Sabemos que la contaminación es mala, que el tráfico aéreo, terrestre, naval, y ocho mil millones de humanos tenemos mucha culpa, pero me cuesta entender la prédica de los nuevos apóstoles anunciadores de ese cambio climático que parece que no va con ellos, pues, por placer, viajan tanto que no paran de hablar del lujoso hotel que hay en la esquina tal de la calle cual de N.Y. Sí soy un «tonto creacionista» contrario al consumismo, a la excesiva procreación mundial, a la contaminación enorme de la India, Pakistán, China, Rusia, México, a cuyos dirigentes les importa un carajo. La libertad de expresión es como la riqueza, que está muy mal repartida y, además, unos la disfrutan sin corazón ni cabeza ni buenas intenciones y otros, por el contrario, estamos sometidos bajo la tiranía de los necios, ¡Huy, perdón!, quise escribir cardaminas que deberían ir a buscar berros. Parece que vamos a peor, que «evolucionamos» mal, al menos las cabezotas de los tiranos dictadores que, por desgracia, siguen demostrando que la Historia de la Humanidad es la crueldad. El intelectual libre e independiente siempre debería ser critico con el poder. Veo a demasiados entusiastas aplaudidores a los que habría que decirles: «Lo vuestro no son opiniones, son bufonadas a los pies de los falsos dioses paganos que os protegen». Y si creen que Grecia es cuna de la democracia, les tengo que recordar que no hay nada más «creacionista» que la mitología del Olimpo y del Parnaso. Ustedes, que menosprecian e insultan a los creacionistas, sí parece que viven en el olimpo, e incluso ignoran que el «sabio» Aristóteles era un contumaz esclavista. Así, con esta su mentalidad, tan dictatorial que no respeta la sagrada libertad de expresión ni la divergencia, es imposible que puedan explicar, ni siquiera mínimamente, la razón por la cual es muy bueno levantar el brazo con el puño cerrado y muy malo hacerlo con la mano abierta y extendida. Directa o indirectamente, queriendo o sin querer, Tramp, el triunfador, a lo mejor consigue que Europa espabile. Los que mandan y viven a costa del erario no tienen derecho a mentir. Con toda Burbialidad.