Diario de León

Máximo Cayón Diéguez

Cronista Oficial De La Ciudad De León

Las Cabezadas, una tradición de siglos

La causa estriba en una extrema sequía que asolaba el agro leonés. Nuestros antepasados sacaron en rogativa el arca que preservaba los restos de San Isidoro

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La estampa comporta una tradición de siglos. Desde 1972 acontece el último domingo de abril de cada año. Se trata de la fiesta de «Las Cabezadas», un curioso ceremonial, mitad religioso, mitad cívico, protagonizado por el Excmo. Ayuntamiento de León y el Cabildo Isidoriano, concordado por las legacías de ambas instituciones, en sendas visitas protocolarias celebradas en fechas precedentes.

Este polícromo ritual, que afirma sus raíces en 1158, siendo rey de León Fernando II, tiene como escenario el claustro de la Real Colegiata Basílica de San Isidoro, marco histórico donde treinta años más tarde, en 1188, se celebraron las primeras cortes democráticas de Europa, a las que la Unesco otorgó el 18 de junio de 2013 el título de Memoria del Mundo, designación que ha propiciado esta honrosísima titulatura: «León, cuna del parlamentarismo». El núcleo de esta convocatoria secular de «Las Cabezadas» se remota, pues, a la mitad del siglo XII. La causa estriba en una extrema sequía que asolaba el agro leonés. Entonces, nuestros antepasados sacaron en rogativa el arca que preservaba los restos de San Isidoro, en palabras de Mariano D. Berrueta, «gloria de la cristiandad y de España». Los presbíteros portadores hicieron un receso, «casi dos millas fuera de la ciudad», exactamente en Trobajo del Camino. Y allí, la lluvia benefactora hizo acto de presencia con tanta abundancia que ni los más fornidos mozos fueron capaces de levantar las andas de las sagradas reliquias cuando intentaron reanudar la andadura, atolladas como estaban en el suelo. El P. Risco, [

Historia de la ciudad y corte de León y de sus reyes, 1792, p. 55 y 56], lo resume de esta forma: «El cuerpo del santo se hizo inmoble, hasta que por las oraciones de la muy religiosa Infanta y Reina Doña Sancha, [Raimúndez] hermana del emperador Don Alonso [Alfonso VII], se hizo tan leve, que se dejó llevar de cuatro niños con admiración de todos los circunstantes. Para memoria de este prodigio, se fabricó en aquel lugar [se refiere a Trobajo del Camino] una ermita que se dijo San Isidro del Monte, a la cual acudían muy de continuo los pueblos cercanos, a pedir remedio para sus necesidades». Una rotonda en Trobajo del Camino es recuerdo y homenaje a Sancha Raimúndez. Primogénita de Urraca I, reina de León, y de Raimundo de Borgoña, conde de Amerous, era tía del citado Fernando II. Fallecida el 28 de febrero de 1159, está sepultada en el panteón real de la Colegiata Basílica de San Isidoro, a quien consideraba como su «muy amado esposo». Al filo del mediodía del referido último domingo de abril, la Corporación Municipal acude «en forma de ciudad» a la Basílica de San Isidoro. Va precedida del clarín y el tambor. Lleva un cirio de arroba bien cumplida, miniado con la imagen del Doctor de las Españas y el escudo de la Ciudad, y dos hachas de cera. El Pendón Real de León, portado por el miembro más joven de la corporación municipal, ocupa lugar de preferencia. De acuerdo con el protocolo secular, otras dos hachas entrega, como limosna, el alcalde de León al párroco de San Marcelo, que aguarda el paso de la comitiva ante el acceso meridional del templo dedicado al Santo Centurión, patrón de la ciudad. En la plaza dedicada al Doctor de las Españas, abarrotada de público, la Corporación se detiene. Momentos más tarde sale el Cabildo Isidoriano, arropado por los miembros de la Muy Ilustre, Real e Imperial Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro, fundada en 1147 por el predicho Alfonso VII, el Emperador, hermano menor de la mencionada Sancha Raimúndez. Requerido y acompañado por los emisarios municipales que van en su busca —el edil de más edad, la secretaria del Ayuntamiento y el Intendente de la Policía Local— el abad isidoriano, que espera en el atrio, acude al encuentro del Corregidor de esta antigua Corte de Reyes. Se cambian e intercambian los saludos de rigor. Acto seguido, del brazo, ambas autoridades, interpolándose al mismo tiempo canónigos y ediles, se encaminan hacia la Basílica, concretamente hacia el claustro procesional o de Fonseca, así denominado también porque este espacio claustral se comenzó bajo el abadiato de Juan Rodríguez de Fonseca (1519-1524), lugar de celebración de la ceremonia propiamente dicha, en cuyo desarrollo destacan con luz propia las tres intervenciones verbales del síndico municipal y el capitular isidoriano. El edil, durante su alocución, defiende con vehemencia, no exenta de cortesía y civilidad, el carácter de ofrenda que simbolizan el cirio de arroba bien cumplida y las dos hachas de cera que la municipalidad ofrece a San Isidoro. Por su lado, el representante canonical acepta la ofrenda, ahora bien, a título de foro, argumentado con finura y delicadeza, lisa y llanamente, que se trata sin duda alguna de una obligación. Cumplimentadas las tres intervenciones, uno y otro requieren a sus respectivos escribanos, dicho a la vieja usanza, para que levanten acta de los hechos, por supuesto, haciendo constar inequívocamente sus particulares tesis de todo punto inamovibles después de ochocientos sesenta y siete años. Luego, el alcalde de León entrega al abad isidoriano el cirio y las dos hachas de cera, como determina el capítulo XXXII de «Las Políticas Ceremonias» del Marqués de Fuente Oyuelo. A continuación se celebra la Eucaristía, que recoge el Códice XCI (91) de San Isidoro, oficiada por el obispo legionense. Y es a la hora de la despedida cuando se produce la popular ceremonia de «Las Cabezadas», que conlleva tres notables inclinaciones del cuerpo y de la cabeza por parte de canónigos y regidores, la última de ellas con la mano puesta en el corazón. Son tres muestras de respeto, ajenas a los acentos de las discrepancias expuestas, en medio del regocijo popular. En esta edición de 2025, el síndico será Carmelo Alonso Sutil, concejal de Hacienda y Promoción Económica del Excmo. Ayuntamiento de León, y el capitular, Juan Jesús Fernández Corral, canónigo de la Real Colegiata Basílica de San Isidoro.

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