E. Toral, autor leonés ‘¿in partibus infidelium?’
Si damos por bien fundada la fama que tiene la región leonesa de producir más hombres —y, por Dios, mujeres— de Letras por kilómetro cuadrado, no estaría de más revelar la existencia de aquellos literatos que, por humildad, por recato o por temor a exponerse a la crítica del lector, dejan sus frutos obra en un cajón o limitan su circulación al ámbito de sus más íntimos. Y en tan sentido tiene que haber casos semejantes al que vengo a contarles ahora.
La ‘cara B’ del ingeniero y empresario leonés Eusebio Toral Zuazo (1942-2015) muestra una faceta de escritor —si se quiere sin grandes pretensiones— y de editor arriesgado y desprendido para con algunos autores con dificultades para publicar. Vaya por delante precisar que este Eusebio era hijo del dueño los desaparecidos Almacenes Toral ubicados en el retraqueo de la calle Ancha, enfrente o casi de Casa Lesmes, en otro tiempo la tienda provisora por excelencia de efectos litúrgicos de la diócesis legionense. Nuestro hombre, antiguo alumno de los Agustinos, (¡ah, la famosa Cuádruple A!) con un óptimo expediente académico veraneaba en el pueblo de Camposolillo, en el Alto Porma, donde pudo practicar la lucha leonesa. En su paso por Oviedo residió en un colegio mayor dirigido por el entonces sacerdote De la Concha, años después director de la Real Academia Española. Muy cinéfilo organizó allí sesiones de cineforum. Su vida profesional estuvo mayormente vinculada a la industria auxiliar de ferrocarriles, siempre en cabeza de al importantes empresas. En su condición de director de la firma francesa Alsthom, fue signatario de la compra por España de los primeros trenes de Alta Velocidad (AVE), en una operación que la leyenda popular y mediática bautizó como el «Contrato del Siglo». Nada, pues, tenía de extraño que su inquietud literaria se orientara al mundo de los trenes y en particular a sus figuras humanas más sobresalientes —gente que conoció muy de cerca—. Para ponerlo todo en negro sobre blanco, desempolvó decenas de documentos y expedientes laborales documentos— y sacó a la palestra el relieve de bastantes directivos de corporaciones ferroviarias—. Y puso el mayor afán en el esclarecimiento biográfico del ingeniero de Renfe —destinado temporalmente en León— Cirilo Benítez Ayala, todo un intelectual muy influyente en el grupo fundacional de la revista
Espadaña y descubridor de talentos como el cineasta Juan Antonio Bardem. Este mismo y el poeta leonés Eugenio de Nora, aparte otros, le proporcionaron a ET información de primera mano sobre aquel carismático ingeniero de Caminos y brillante matemático al que hace años dedicó una estupenda semblanza el recordado Ernesto Escapa, aquí, en Diario de León El interés bibliográfico —o, por mejor decir, bibliofílico— de sus
Contramemorias del Ferrocarril estriba, creo yo, en que los tres volúmenes que lo conforman aparecieron sin la firma del autor. Cerca de 600 páginas ocupan el primer tomo, fechado en noviembre 2001. Los otros dos subsiguientes, algo menos gruesos, asimismo en ejemplares numerados y reservados a personas de toda confianza del autoeditor como obsequio-sorpresa de Navidad llegan a los privilegiados lectores con una salutación adjunta, con aire de carta pastoral, siempre con intención eutrapélica. Porque el estilo de ET llega envuelto en esa como retranca que suele caracterizar a los escritores nacidos en nuestra patria chica. En definitiva, las Contramemorias... son el fruto de un trabajo ímprobo, en el que su autor invirtó varios y no poco dinero. Todo ello basasdo en una documentación prolífica y en la investigación, en muchos casos in situ, de hechos históricos poco o mal estudiados como la devastación (julio de 1939) de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) a causa de la pavorosa explosión de un polvorín improvisado durante la guerra pegado a la estación ferroviaria. Nada resultaba ajeno a la curiosidad insaciable de Toral y a su cultivo de las relaciones humanas, que propiciaron su contacto directo con interesantes fuentes de información. En cuanto a su papel como editor, sólo mencionaré ahora que fue patrocinador —con cargo a su bolsillo— de la biografía del beato leonés natural de Valdevimbre, Antero Mateo García, martirizado en Barcelona en 1936 y elevado a los altares en 2006. Poco antes de morir repentinamente en Torrelodones (Madrid), Eusebio Toral Zuazo, tan sorprendente emprendedor como recatado escritor —diríase localizado
in partibus infidelium— había concluído la cuarta entrega de sus Contramemorias...,. Libro que, mucho me temo, no verá nunca la luz; qué lástima.