Diario de León

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Cada vez se nos hacen más familiares las figuras de los «humanoides», esos híbridos de PVC con neuronas de silicio, que amenazan con suplantar a los cromañones en el trono de la Creación. No entraré a valorar, desde mi barril, el cariz de ese futuroscope; pero me atrevería a juzgar a quienes han llevado la corona antes que ellos; permítanme llamarles, humanobos.

Como amante de la historia, confieso con horror que nunca he visto al sapiens sapiens tan envilecido como ahora. Aquellos labriegos y pastores sometidos al látigo y al desprecio del cacique de la aldea o el señor del feudo eran mucho más nobles y dignos en su pobreza y su humillación que esta quincalla vermicular que renquea y defrauda en tajos y despachos y colapsa las playas y terrazas como pingüinos al sol con barrigas apacentarás por la servil sumisión a los poderes reinantes. Porque entonces la conciencia de la opresión le daba a los sometidos un vínculo de fraternidad que ahora, en el epítome del selfismo, se perdió. Orgullosos y celosos como estamos de nuestras caras y nuestros patrimonios nos contentamos con apostrofar a los poderosos con un mensaje en la www. O de atropar unas migajas de las sobras de sus compraventas a mercado sin percatarnos que ese proceder nos debilita más cada día. Nos embriagan con el dulce licor de la tecnología redentora que nos permitirá ganar un sueldo sin salir de la cama, explorar el mundo sin que suene el despertador, alcanzar los cien años en pocas horas. Y la barbarie nos acecha en la esquina como el caco al que porta la maleta. Mirado a través de un puñado de años luz, un humano es poco más que un microbio.. a lo sumo, sentado en un automóvil. Desde los barrancos de Marte, poco más un bonobo con auriculares, que se siente con derecho a usar en su beneficio al resto de la creación. Con esa actitud no hace más que imitar a sus colegas de la selva. Y cabría pensar que, tras un millón de años de crecerle el encéfalo, debería tener miras un poco más altas. Todo porque se las apañó para andar a dos patas en un curso de pilates que duró doscientos siglos. Nos gusta olvidar que el homo ha recibido el derecho de dominar el mundo.. a cambio del deber de dominarse a sí mismo.

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