Diario de León

Bouza Pol

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Unamuno y Juan Ramón Jiménez creían en Dios

Varga Llosa, en su juventud, había hecho caso a la Leyenda Negra, pero luego tuvo la honestidad y el valor de pedir perdón

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«Los intelectuales de verdad siempre molestan y estorban tanto a los marxistas como a los fascistas». Lo dijo Miguel de Unamuno, que creía tanto en Dios que el 31 de diciembre de 1936 moría perdonando, rezando por España, por las víctimas de los dos bandos.

Juan Ramón Jiménez, republicano de izquierdas, también sufriría lo indecible por su sobrino falangista, Juan Ramón Jiménez Bayo, muerto en el Frente de Teruel en 1938. El gran poeta gaditano, después de más de dos largos años sumido en el dolor, sin poder escribir ni un verso, diría: «Yo sé bien que él tenía, con las ideas que él creía mejores, un ideal limpio, sin más sangre en él que la suya. Y esta sangre generosa lo dejó sin ella exangüe en el sitio de su ideal. Y se sumió en la tierra a mejorarla. Si su muerte, y las otras como la suya, no nos mejoran, ¿de qué sustancia miserable somos?». Sin embargo, todavía siguen los talibanes españoles derribando monumentos y cambiando los nombres de las calles. En Villafranca pasó el 17 de marzo de 2025. Estos disparates no suceden en los países civilizados. El creador de

Platero y Yo, Premio Nobel de Literatura, también buscó a Dios, lo encontró y nos lo mostró en su libro «Dios deseado y deseante», en el que, posiblemente, fue su último poema: «Partimos de Dios/ en busca de Dios/ sin saber qué buscamos». El escritor argentino Alberto Manguel, en diciembre de 2005, al ser entrevistado por Tomás García Yebra, dijo:

Platero y yo debería prohibirse en las escuelas por cursi». Penoso es que algunos «intelectuales» digan que relinchar es más fino y digno que rebuznar. ¡Pobre Platero y yo, mucho nos ofenden los fanáticos! Yo opino que la mentira es brioso corcel al que se le da rienda suelta, y la verdad sólo es pobre asno atado a la noria. En fin, señorías, que hay demasiados «inteligentes» que no quieren aprender las lecciones que nos da la Historia, y se empeñan en cambiarla para acomodarla a sus partidistas deseos. Y así, ignoran a don Anselmo Carretero Jiménez, republicano de izquierdas en el exilio, que afirmó: «Las izquierdas nunca se preocuparon por el estudio de la Historia por considerarlo un acto reaccionario». También tienen olvidado a Carlos Semprun Maura, que sentenció: «Si la izquierda dijera la verdad, no existiría». Ahora, además, desprecian al que fuera uno de sus grandes ídolos, don Antonio Escohotado que, hablando con Pablo Iglesias, de Podemos, sobre el comienzo de la G. C. Española, y de Karl Marx, le espetó, con todo respeto y dulzura: Pablo, no sabes lo que dices, estás engañado, o mientes. Así pues, hay razones más que suficientes para poner en tela de juicio todo lo que diga la izquierda de antes y más, si cabe, la actual. No se debería hacer caso a los mentirosos que, una y otra vez, constantemente, mienten, mienten, mienten... La verdad es que Unamuno, con su permanente ansia de vida eterna, buscaba a Dios, lo encontró, lo recibió y lo adoró. Quiero pensar que fue, definitivamente, en junio de 1930, durante aquellos cinco días que pasó en el Balneario de Bouza, en la orilla sur del maravilloso lago de Sanabria, lleno de misterio, de magia, de belleza sin igual, imaginando, sintiendo en su corazón, sin ser siquiera la Noche de San Juan, la llamada de la campana de la iglesia de Valverde de Lucerna sumergida bajo las profundas aguas, de leyenda. Aquí, lejos del mundanal ruido, con tanta hermosa soledad, nació su libro

San Manuel Bueno, mártir.

El 31 de diciembre de 1936, por la tarde, moría en su casa, con la txapela puesta, un gran patriota español, nunca bolchevique, ni fascista, siempre preocupado por el porvenir de España, por el bien común, por la decencia intelectual, por la trascendencia del hombre, por el más allá. Descansa en paz y gloria en el cementerio de San Carlos Borromeo de Salamanca, al amparo de la Universidad de Alfonso IX de León, del Tormes, del Lazarillo, de la Celestina, de Santa Teresa de Jesús, de Fray Luis de León. Desgracia es que algunos despistados hayan leído a Unamuno, «leonés de Salamanca», en tan pequeñísimas dosis que apenas les ha producido efectos positivos, y se han quedado con la tonta felicidad, con el placebo de: «Venceréis, pero no convenceréis», frase que don Miguel le soltó al laureado General Millán-Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936 y que hicieron famosa todos estos «iluminados genios baratos» que tan caros nos salen. Sin embargo, creo que conviene recordar que, además, el 3-7-1936, también escribió lo siguiente: «Pasa por la plaza una muchachita acompañada de un familiar, cuando un zángano mocetón se divierte en hacerle una mamola. El familiar se vuelve a reprenderle, el mocetón se insolenta y el otro arrecia en la represión. Y entonces, ante el grupo de curiosos que se arremolina ¿ qué se le ocurre al zángano? Pues ponerse a gritar: ‘¡Fascista! ¡Fascista!’. Y esto basta para que el represor tenga que escabullirse, no fuera que le aporrearan los bárbaros». Otro día, en un rincón de una calle, sorprende un guardia municipal a otro mozallón haciendo necesidades; se le acerca, no a multarlo, según piden las Ordenanzas, no, sino a llamarle la atención, y el necesitado, al verle venir se yergue y le espeta un «¡Que soy del Frente Popular!» «Otra vez un matrimonio joven, en gira de turismo, entra en una iglesia, sin gente entonces, y a poco, husmeando no se sabe qué, entran tres chiquillos como de diez a doce años, y exclama uno, alzando el puño: «¡Maldito sea Dios!», y el otro: «Hay que darle unas hostias». Y como estos tres sucesos recogidos aquí, muchos más de las misma laya. Y no se hable de ideología, que no hay tal. No es sino barbarie, zafiedad, suciedad, malos instintos, y lo que es —para mí, al menos— peor, estupidez, estupidez, estupidez. De ignorancia no se habla. He tenido ocasión de hablar con pobres chicos que se dicen revolucionarios, marxistas, comunistas, lo que sea, y cuando cogidos uno a uno, fuera del rebaño, les he reprochado, han acabado por decirme: «Tiene usted razón, don Miguel; pero ¿ qué quiere usted que hagamos?» Daba pena oírles en confesión. Pero luego se tragan un papel antihigiénico en que sacian sus groseros apetitos y ganas ciertos pequeños burgueses que se las dan de bolcheviques y de lo que hacen servil ganapanería populachera. Tragaldabas que reservan ruedas de molino soviético para hacer comulgar con ellas a los papanatas que les leen. ¿Papanatas? Otra cosa. Que así como se leen los clandestinos libritos pornográficos para excitarse estímulos carnales, así se leen estas soflamas para excitarse otros instintos. La doctrina es lo de menos». «Cada vez que oigo que hay que republicanizar algo me pongo a temblar esperando alguna estupidez inmensa». Y así seguimos, don Miguel, soportando la tiranía de los más necios y egoístas. El 13 de abril de 2025 ha fallecido Vargas Llosa, después de muchos años arrepentido de haber sido comunista y difamador de España. En su juventud había hecho caso a la Leyenda Negra, pero luego tuvo la honestidad y el valor de pedir perdón, y afirmar muchas veces que había sido muy acertada, humanista y ejemplar nuestra vida y obra en el Nuevo Mundo. También se enfrentó a la tremenda dictadura cubana y, aunque «adoraba» a Esperanza Aguirre, en enero del 2012 rechazó el puesto de director del Instituto Cervantes que le había ofrecido el gobierno de Mariano Rajoy. En la obra literaria y en la vida del Marqués de Vargas Llosa, la gente, de acuerdo con sus gustos personales, dirá que es magnífico, bueno, malo, o regular. Yo destacaría su amor a la Humanidad, a España, la Madre Patria, y sobre todo a su Perú natal, patria chica, tan querida, que eligió para morir sin tener en cuenta el desprecio que le había hecho en las Elecciones Generales de 1990 al votar a favor de Fujimori. «Vuela en paz/ y en la cumbre repite/ con voz sentida/ lo que las aguas murmuran/ lo que las flores suspiran». José Selgas Carrasco (Lorca 1822-Madrid 1882). Gran poeta, casi olvidado. Con toda Burbialidad.

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