Diario de León

Casimiro Bodelón Sánchez

Psicólogo Clínico

Maternidades/paternidades subrogadas y orfandades peligrosas

Resultará más barato y justo pagar un sueldo digno a toda madre que echar al bebé al torno de las guarderías estatales

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«Subrogación» es un término jurídico, entendido como la «delegación o reemplazo de competencias; vendría a ser una sustitución en ciertas obligaciones competenciales»; pero en mi alegato de hoy quiero ampliarlo, metafóricamente, al ámbito psicológico-educativo-asistencial. Otro tanto haré con el uso del órgano biológico «placenta», refiriéndolo, también en sentido metafórico, al plano familiar-socio-educativo de nuestros días. Desconozco la razón, a mi entender irracional, por la que se presta tan poca atención, cuidado y formación humana para mejorar la importantísima tarea de la maternidad/paternidad. No es suficiente dejar al albur de las fuerzas llamadas naturales (¿instinto?), todo lo relativo al embarazo, a la gestación y la crianza de la prole. A veces tengo la impresión de que se cuida más y se legisla con más prudencia lo relativo a la vida de los animales (¿para su explotación interesada?, que a la vida de las personas humanas. Lo dejo como alarma y reflexión, para no llegar tarde y no tener que lamentar alguna de las múltiples tragedias del abuso, (la mayoría permanecen ocultas). ¡En familia se silencian y las instituciones no se autodenuncian!

Parto desde muy, muy atrás. Estudiando los orígenes antropológicos, se observa que entre seres humanos, la gestación de nueve meses es considerada como un parto a término, cuando realmente, si hubiéramos permanecido como cuadrúpedos y no evolucionados bípedos, la gestación, (sospecho), se habría prolongado hasta los veinte o más meses. Habríamos nacido más maduritos, más hechos. Si así hubiera sido, nuestros partos de hoy estarían siendo catalogados no como «a término», sino como «prematuros». Realmente nacemos prematuros y ya nuestro J. Rof Carballo habló de la gestación extra-placentaria, lo que yo llamo placentas metafóricas.

Siguiendo esta línea rápida, escuchemos a nuestros sabios investigadores, muchos de ellos premios Nobel, para saber qué piensan sobre la evolución y mejora conductual de los humanos, desde su gestación hasta su declive. Muchos lectores conocen los experimentos del ruso Pávlov con los perros y sus estudios de la conducta condicionada. No son menos los lectores que saben algo sobre K. Lorenz y sus compañeros N. Tinbergen y K. von Frisch. Personalmente me resulta enternecedora la historia de Lorenz seguido por la patita Martina, a la que el profesor adoptó nada más abandonar el implume animalito el cascarón del huevo en la incubadora. El troquelado/impronta, (imprinting), que se produjo en el cerebro de Martina tras el primer contacto de acogida del profesor Konrad Lorenz, marcó la vida de la palmípeda recién nacida. Y es que el saludo de bienvenida fue cálido, como cálidos son, (¡casi siempre!), los primeros contactos de los padres, comadronas o comadrones que nos ayudan a venir al mundo. Yo recuerdo aún emocionado cómo mi mano trémula sujetaba la cabecita de mi hija en el paritorio, mientras la Dra. Amparo precipitadamente se colocaba la mascarilla, ante las prisas de mi hija que quería vernos las caras, tras nueve meses en el vientre de su madre. (¡!).

Al cuarteto de premios Nobel citados vamos a sumar en el recuerdo los estudios con macacos Rhesus del psicólogo Harry Harlow, donde se aprecia el valor y la importancia de crecer en ambientes cálidos como el fieltro, o fríos como el alambre. Y, para no aburrir a los lectores, pero sí para estimular a los alumnos de psicología, puericultura, magisterio, así como a premamás-papás deseosos de saber para aprender a cuidar a sus pequeños, recordaré a John Bowlby y a sus seguidores, constructores de las teorías del «apego». Todos ellos y muchos más nos enseñan que, tanto los vivíparos como los ovíparos nos gestamos, (más o menos tiempo), en una placenta biológica y luego seguimos madurando bajo el calor y el plumón de la clueca, (es lo sano y natural) o en la placenta-nave-industrial, rodeados de congéneres con calor de lámparas (menos natural y…); los humanos, como vivíparos, pasamos de la placenta materna a la familiar: mamá, papá, abuelos/as, tíos/as, hermanos, nodrizas, o, desgraciadamente, a vivir huérfanos, en diferentes grados y con singulares carencias, algunas nunca suplidas, sufriendo las taras que conlleva la falta de acogida adecuada, como han estudiado bien los expertos arriba citados y otros muchos que han sumado sus esfuerzos, completando las investigaciones citadas y otras más. Muchas guarderías, muchas cuidadoras, algunas familias de acogida, son placentas subrogadas fallidas, con pésimas consecuencias. Carecemos de legislación e inspección exigente en educación.

Cuando hablo de subrogación en la familia y en la escuela, me reafirmo en el hecho probado que nacemos inmaduros y, de alguna forma, todos seguimos madurando, poco o mucho, en variadas placentas, de ahí la «satisfacción saludable» de unos y la «insatisfacción enfermiza», la inmadurez de tanto humano, con carencias de cuerpo y/o de alma. Y nos preguntamos, unos más que otros, sobre el porqué de tanta carencia, de tanta patología… Nacemos con un cerebro lleno de posibilidades, un cerebro ciertamente muy inmaduro, metido en una caja cuyas fontanelas no están soldadas, lo que le permite crecer antes de la plena osificación. Esa caja encierra un depósito que irá almacenando los millones de mensajes, positivos y negativos que cada sujeto percibe de su entorno, ya en el vientre materno y después en las sucesivas placentas que yo llamo familia, escuela, sociedad…, porque todos los seres humanos, (también los animales irracionales), somos seres sociales, cuya vida se cocina a fuego lento en el caldo que llamamos «cultura». Es lamentable que muchos seres humanos tengan mala suerte desde el primer momento, porque los cocineros de turno, con poca, nula o inadecuada información sobre su responsabilidad, sembraron las semillas de la vida y se olvidaron, tras el posparto, del adecuado cultivo.

¿Tan difícil es la profesión de padre, de madre, de maestro, de cuidador, de compañero, de…? Respóndaselo cada uno, si tiene la capacidad de respuesta, si de verdad es/somos «responsables». La naturaleza nos ha dotado de armas suficientes a unos y otros, pero la naturaleza no es alguien/algo estático, sino dinámico, en continua evolución, es energía que espera seres evolucionados, dispuestos a desvivirse para que la vida sea satisfactoria para todos los que conviven en la gran casa que es el mundo de los humanos, de los animales, de las plantas, de las cosas inertes, del cosmos, que es «orden» y su contrario que llamamos «caos». Con este panorama, sobre el papel, la cosa parece sencilla, pero la experiencia, la historia (esa cuyo estudio se minusvalora), la filosofía, que enseña a pensar y la empezamos a descartar del currículum, la ética civil, que enseña el respeto a todo ser creado, pero ausente de la mayoría de las carreras universitarias, lo cual es un auténtico disparate, impropio de sociedades llamadas cultas… Y no sigo para no poner más negro el panorama que desemboca en el caos, con el uso y abuso descarado del más débil, de nuestras criaturas de cero a tres años. Y esto lo dejo muy claro antes de acabar, a fuer de repetirme sin rubor.

Toda Europa es un continente envejecido, con la pirámide humana invertida; pero sus dirigentes, concretamente en nuestro país, sin visión de futuro, van a dejar huérfanos a los infantitos, oficializando el cuidado estatal de los más pequeños, para liberar a madres y a padres de su responsabilidad más importante, el cuidado directo de la prole hasta el tercer año de vida. Esta orfandad latente minará la salud mental de un alto porcentaje de niños a los que se privó del cuidado y empolladura de clueca materna en el trienio más importante para la adecuada maduración humana. Sanitariamente no tendremos suficientes especialistas para «entender y atender» los retrasos y los trastornos de conducta de muchos pequeños arrancados de los brazos maternos. Lo repito una vez más, nos resultará más barato y más justo pagar un sueldo digno a toda madre gestante desde los seis meses hasta los 2/3 años, que recluir los bebés o echarlos masivamente al «torno de las guarderías estatales», con nodrizas pulcramente uniformadas, pero que nunca podrán suplir, en la mayoría de los casos, a las madres biológicas. Lamentablemente, muchas de esas guarderías estatales van a recordarnos los resultados de algunos hospicios de la antigua Europa, si no somos extremadamente exigentes a la hora de seleccionar el personal de atención temprana: el pastoreo de estas criaturas, atrae a un buen número de titulados amantes del salario, pero faltos de ética cívica y calidez maternal. Los pederastas y abusadores, pocos en número, pero muy activos y peligrosos, siempre se cuelan donde hay carne fresca y es dificilísimo detectarlos. No hablo por boca de ganso, ni para alarmar. El filósofo y experto G. Albiac afirma con mucha precisión: «Los porcentajes de agresión sexual son básicamente los mismos en cualquier colectivo que trabaje con niños», yo añado que es muy frecuente y excepcionalmente denunciado, el abuso de los pequeños de cero a tres años. «El monstruo de la pederastia, reafirma Albiac, acecha a toda institución que se consagre a la enseñanza; o, más bien, a todos sus miembros». Nadie pone en cuestión la valía y honradez del colectivo profesional de la educación, la sanidad, la religión, pero sí debemos alertar de que en esos colectivos se cuelan delincuentes peligrosísimos y muy astutos, difíciles de descubrir. Dicho queda.

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