Diario de León

Héctor-Luis Suárez

Investigador De La Tradición Y Antiguo Mozo Del Barrio

El barrio de Santa Marina pleno de esencia romana

Su realidad se obvia al nominar una pequeña parte de su espacio, donde se ubica una popular zona de vinos, solo por la reciente y bien acogida denominación de «Barrio Romántico»

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Hace veinte años, entusiastas de la arqueología, la cultura romana y su vínculo con esta capital, plantearon una propuesta de recreación histórica en tal ámbito. Como columna vertebral de la puesta en valor y hecho principal a glosar, escogieron un importante acontecimiento en el contexto legionario romano: la solemne ceremonia del natalicio del águila. Evento, por razones obvias, adecuado a esta ciudad otrora sede campamental en el noroeste ibérico de alguna de las principales legiones de Roma. Por tanto y durante siglos de romanización, estratégica e importantísima ubicación militar para el imperio en Hispania. Hecho tan relevante que, ya en el medievo, condicionaría la nominación de la actual ciudad a partir de la etimología «legio/legionis». Y es que para Roma, sin miedo a error salvando distancias, aquel León podría considerarse sede comparable a la también enormemente dotada de medios bélicos para la II Guerra Mundial: base de Pearl Harbour/Puerto Perla.

La iniciativa de «natalicio» aludida, desde sus inicios, se ha vinculado al espacio del Barrio de Santa Marina. Circunstancia nada ilógica a los conocedores de la historia romana en esta ciudad pues, el olvidado monasterio medieval de Santa Marina —antecesor de la parroquia—, se ubicó anexo a la muralla en el área septentrional de la Urbe Regia, próximo a la romana puerta decumana. Sobre tan monacales ruinas y las romanas anteriores en ese solar, se alzó edificio y frondosa huerta —que fuera Casa Cuna, más tarde propiedad de Dª Catalina Fernández Llamazares (primera mujer banquero española en el XIX) y sede del CCAN—, hoy llamada Casona de Puerta Castillo. Flamante centro de interpretación del León Romano cuyo terreno arqueológico anexo, muestra de los orígenes romanos de la ciudad, está bajo la que fuera tal huerta. Por cierto, donde «no hace tanto», los mozos del barrio confeccionamos alguna «enramada» que, trepando subíamos al Arco para tradicionalmente adornar «el Pelayo» y «abrir» la fiesta —tras bajar su espada, en son de simbólica «tregua guerrera»—.

Además de lo ya excavado o visibilizado, abundantes son seguro los vestigios romanos ocultos todavía en el subsuelo del Barrio, en este occidente campamental. Fragmentos y estelas funerarias completas, de máximo interés epigráfico, se han conservado como sillares en la muralla —muchos desde el S. XIX en el Museo de León, en San Marcos, más algunos visibles en lienzos de la Era del Moro—. Asimismo, la muralla que circunda el Barrio conserva testimonio de diferentes momentos, necesidades y tipologías de fortificación romana, como muestran las escalerillas de San Isidoro. Restos de edificaciones significadas yacen también en nuestro subsuelo. Por ejemplo, «los Principia» —de excavación inconclusa y abandonada por el momento— y sus contiguos en la plaza de San Pelayo: hallados, estudiados y «tapados» en la década anterior del XXI-. Sin olvidar los del propio Castillo o «Cárcel Vieja» —hoy Archivo Histórico— y su entorno en la puerta decumana. Ante cuya escalinata de acceso —en los ochenta del pasado siglo, coincidiendo con verbenas festivas del barrio— fueran excavadas canalizaciones romanas de agua, mostradas hoy en el Jardín del Cid. ¡Alguno que otro, en aquellas noches, del baile cayó a la trinchera de la excavación!

El pasado romano vinculado a la ciudad y al barrio ha sido reconocido desde antaño. En 1787 a ello se rendía homenaje y se erige el «pilón de San Isidoro» —en plaza ante dicho templo—. Su inscripción lo confirma y ello se refuerza con la iconografía de tan salubre fuente dieciochesca: sus caños surgen de las bocas de dos máscaras romanas de las termas —hoy en el Museo Municipal y sustituidas por copias factura de un escultor del barrio—. En la misma plaza y época más reciente, la llamada «Columna Trajana» sustituyó en 1968 un monumento de post guerra. Referente urbano significado, fue erigida en estilo corintio. Conmemoró visualmente la presencia de la Legión VII Gémina, efeméride que fuera motivo hasta para una serie filatélica. A pesar de ello, su realidad histórica es ignorada por muchos paisanos quienes, del desconocimiento saldrían, si se tomasen molestia en apreciar el contenido de las cuatro caras de su basa. Ellas muestran reproducción de la conocida estela romana que prueba el asunto —original, traducida y con la imagen del signifer—. Fue inaugurada por el propio alcalde de Roma quien, en recuerdo y como monumento natural legado, también plantó en el pequeño jardín contiguo el laurel que la contempla.

Por todo y «algunas cosinas más», el Barrio de Santa Marina es referencial en León. Aunque, a muchos vecinos —de nueva o vieja condición— les pase inadvertido o lo desconozcan. Antañón y muy ilustre, durante siglos ha ostentado estatus de respeto y popularidad. Tanto —hasta finales del XIX— por ser ser uno de los pocos existentes intramuros y extramuros, como por sus casonas y monumentos o por tomar nombre de su medieval Parroquia de Santa Marina la Real. Al igual por significado, a través de los múltiples hechos históricos relevantes vinculados a él y los asociados a su singular vecindario secular, referencial para la provincia o para España. Pero, a pesar de esta flamante presentación, injustamente a nivel popular hoy los contextos Parroquia y Barrio de Santa Marina pasan inadvertidos para muchos capitalinos —desconocedores de tal acervo histórico— y para los foráneos. Su realidad se obvia al nominar una pequeña parte de su espacio, donde se ubica una popular zona de vinos, solo por la reciente, interesante y bien acogida denominación de «Barrio Romántico». Un uso único de nominación que, injustamente, nunca debiera excluir en el plano del conocimiento popular y hasta de algunos hosteleros, el tomar conciencia y cuidado en difundir que, a la par, esta zona se ubica un prestigioso barrio real e histórico como es Santa Marina. Esto es un activo también para sus negocios. Y máxime cuando estos ya se ubican mucho más allá del pequeño núcleo urbano de bares que, en el entorno del Jardín del Cid, cariñosa y castizamente recibieran este nombre de «la cuadrilla de chatos» integrada por el inolvidable historiador y parroquiano Fernando Llamazares, el periodista Marcelino de las Cuevas, el radiofonista y vecino Eladio Santos y alguno más. Abogo pues un año más por la sensibilidad para poner en su sitio ambas denominaciones y felicito a los que ya lo hacen —muchos vecinos del barrio, algunos hosteleros, leoneses en general y hasta el Ayuntamiento que, como ayuda, con alguna placa artística con ambos nombres y escudo, bien podría señar puntos clave—. ¡Viva Santa Marina!, el Barrio de «la gente más fina que habita en León…».

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