Natalidad y decadencia
Se está haciendo poco y lo que se hace no es suficiente para revertir la tendencia en la natalidad
Vivimos tiempos turbulentos, llenos de incertidumbres, sin objetivos ilusionantes para la población y, por qué no decirlo, con lideres mediocres a nivel mundial. Centrándonos en nuestro país arrastramos una serie de problemas crónicos, como el paro la muy baja natalidad, la ausencia de una apuesta por la innovación, la inmigración descontrolada… sin que se vislumbren en el panorama político tanto español como de la UE la voluntad de encararlos.
Voy a centrarme hoy en abordar el problema de la natalidad, que, de seguir el rumbo actual, a la larga tendrá graves consecuencias y esta afirmación no es algo personal ya que la historia nos dice lo que pasó y por qué paso, en otras grandes civilizaciones como la griega y la romana.
En 2008 nacieron en España 519.779 niños mientras que en 2024 los nacimientos solo fueron 322.000. Se puede aducir que hubo una crisis económica y una pandemia, pero también es cierto que aumentó el número de automóviles, la calidad de estos y el número de viajes turísticos, por poner dos ejemplos. Paralelamente la población pasó de 46239.271 habitantes a finales del 2008 a 49.077.984 a finales del 2024 debido a la inmigración, justificándose esta por la necesidad de mano de obra en un país que entre oficiales y oficiosos hay unos tres millones de parados. ¿Qué está pasando? Según el INE en España, por segundo año consecutivo, se jubilan más personas que bebes nacen, solo en 2023 hubo 326.949 jubilados frente a 320.656 nacimientos, esto hace que cada nuevo nacimiento lleve una carga generacional para hacer frente al déficit de la seguridad social, que habrá de cubrirse via nuevos impuestos al no ser suficientes los ingresos por cotizaciones. ¿Por qué no se abordan políticas favorecedoras de la natalidad, y no todo lo contrario, cuando es una necesidad, aun cuando solo se contemple desde un punto de vista económico, que nazcan más niños al año?
Para estudiar por que pasa lo que pasa y para tratar de ponerle remedio, nos puede ser útil la historia ya que no es la primera vez que se dieron circunstancias parecidas.
Remontandonos al final de la etapa de esplendor de la Grecia clásica, que podemos centrarla en la época de las nuevas dinastías greco-macedonias de los lugartenientes de Alejandro el Magno, sucedió que la gente preparada de Atenas y otras ciudades abandonaron estas para ocupar puestos importantes y mejor retribuidos en los nuevos reinos y estas ciudades antes prósperas se fueron despoblando y empobreciendo —¿nos suena esto en por ejemplo CyL?— y en estas condiciones de pobreza, disminuyó la natalidad llegando a ser tal la preocupación que el aborto era castigado, eso sí , cuando se hacía contra la voluntad del marido. En estas circunstancias de pobreza económica y decadencia moral, el espíritu atlético de antaño de los jóvenes, que se demostraba compitiendo en los estadios por la bandera de su ciudad, se tornó en afición de espectador y, la cultura siguió la estela de la economía perdiendo la inventiva e inspiración creadora que caracterizó, por ejemplo, la Atenas de Pericles, acentuando el empobrecimiento.
Pero esto no solo sucedió en Grecia, en el Imperio Romano el problema se agravó y fue tal vez la causa principal de su desmoronamiento, si bien en Roma, que destacó por su capacidad legislativa, el emperador Cayo Julio Cesar Octaviano-Augusto preocupado por la poca afición de los romanos al matrimonio y la familia, decidió legislar para corregir algunas costumbres ya que entendía que la sociedad había caído en una gran frivolidad en las relaciones personales y que un exceso de hedonismo estaba provocando la decadencia de la familia romana, mermando la natalidad, quedando la población de origen romano en minoría frente a otros pueblos que llegaron buscando la prosperidad o aprovechando el trabajo que los romanos despreciaban —¿también nos suena verdad?—. Y así surgió en el año 9 la Lex Papia-Poppaea, para fortalecer la institución matrimonial y la natalidad. Esta nueva ley impedía a los varones de entre veinte y sesenta años sin hijos, heredar más que la mitad de los legados, el resto pasaba al tesoro o quedaba a disposición de otros herederos con hijos, y entre otros ejemplos, se daba preferencia para ser elegidos cónsules a los que tuvieran más hijos. Es decir, se identificó un grave problema y se trató de ponerle remedio. Hoy los gobiernos disponen de muchos más instrumentos que entonces para incentivar la natalidad: desde favorecer el acceso a la vivienda, ayudas progresivas por hijo, preferencia para acceder a empleos público, becas…etc. Se está haciendo poco y lo que se hace no es suficiente para revertir la tendencia en la natalidad y frenar el flujo inmigratorio que con un 19% de población extranjera nos acercamos al 20% considerado por los sociólogos como el porcentaje a partir del cual podría haber problemas de convivencia y seguridad, como ya está ocurriendo en otros países europeos, especialmente cuando una buena parte de la inmigración descontrolada procede de culturas con difícil encaje en la nuestra.
Ojalá estas reflexiones sirvan para que la sociedad, y en especial las asociaciones provida, exija a los dirigentes políticos el encarar decididamente los problemas más graves que nos afectan como el de la pobre natalidad actual que nos situan a la cola de Europa en fertilidad.