TRIBUNA
Conducción eficiente es también movilidad sostenible
En los últimos años hemos escuchado en repetidas oportunidades el término «movilidad sostenible» como sinónimo de electromovilidad. Sin embargo, se trata de dos palabras que van mucho más allá de la apuesta por el vehículo eléctrico o de la búsqueda de la renovación del parque con vehículos de bajas emisiones.
Cuando nos dicen que necesitamos acelerar la transición hacia una movilidad cada vez más sostenible, parece que todo apunta a un coste económico que muchos no pueden afrontar en la actualidad. Sin embargo, hay un aspecto que está al alcance de todos los conductores y que no implica un gasto adicional, sino simplemente una mayor conciencia por nuestra parte a la hora de ponernos frente al volante. Hablo de la conducción eficiente. Esta práctica puede parecer una medida menor frente a los grandes cambios estructurales que hoy en día se plantean desde gobiernos e instituciones, pero es una herramienta poderosa y accesible para reducir el impacto ambiental del transporte. Una actitud que supone una concienciación no sólo por parte de los conductores, sino también por parte de las empresas que trabajamos en el sector de la movilidad. Todas somos responsables de transmitir los beneficios que aporta la conducción eficiente. Debemos enseñar que con la forma de conducir podemos contaminar menos y aumentar el nivel de seguridad en las carreteras. La conducción eficiente no es una moda ni una técnica exclusiva de expertos. Se trata de adoptar hábitos al volante que reduzcan el consumo de combustible, las emisiones contaminantes y el desgaste del vehículo, sin renunciar a la seguridad ni al confort. Acciones simples como mantener una velocidad constante, evitar aceleraciones bruscas, apagar el motor en paradas prolongadas, asegurarnos de que los neumáticos tengan la presión correcta, son solo algunas de las medidas que podemos implementar para reducir el consumo del vehículo. Esto, traducido a escala masiva, representa un ahorro enorme de energía y emisiones, sin necesidad de cambiar de vehículo ni de infraestructura. De hecho, de acuerdo con datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, con la conducción eficiente se obtienen unos ahorros medios de carburante del orden del 15% y una reducción de emisiones de CO
2 en la misma proporción. Pero, además del beneficio ambiental, la conducción eficiente tiene un impacto directo en el bolsillo de los conductores y en la mejora de la seguridad vial, ya que una conducción más suave y anticipativa reduce los riesgos de siniestros. Ahora bien, hay que dejar claro que la conducción eficiente no sustituye otras medidas estructurales, como la electrificación del parque automotor, la renovación del parque o la promoción del transporte público, entre otras. Pero sí puede ser un puente inmediato y efectivo hacia una movilidad más sostenible, especialmente en un parque de vehículos que, en el caso de España, aún depende mayoritariamente del motor de combustión. Promover la conducción eficiente debería formar parte de cualquier política pública de movilidad. Pero también las empresas que trabajamos en el sector de la movilidad debemos colaborar transmitiendo a nuestros clientes, trabajadores y proveedores los beneficios que aporta la conducción eficiente. Debemos enseñar que, con la forma de conducir, podemos contaminar menos y aumentar el nivel de seguridad en las carreteras. En definitiva, la conducción eficiente es una pieza pequeña, pero esencial, del complejo rompecabezas de la sostenibilidad. Y lo mejor de todo: está en nuestras manos y podemos empezar a aplicarla hoy mismo. No necesitamos esperar a tener el coche del futuro; con conducir mejor el que ya tenemos, estamos dando un paso firme hacia un futuro más responsable.