Homenaje a Guzmán el Bueno
El 24 de enero se cumplirán 770 años del nacimiento de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno

Según Pedro Barrantes Maldonado (1510-1579), Cronista de la Casa Ducal de Medina Sidonia y hermanastro de Juan de Garavito, en religión San Pedro de Alcántara, Alonso Pérez de Guzmán, hijo natural de Pedro Núñez de Guzmán, nació en León el 23 de enero de 1256, festividad de San Ildefonso. Por su heroica defensa de Tarifa en 1294, Sancho IV (1284-1295) le otorgó el sobrenombre de «El Bueno». Fallecido en la sierra andaluza de Gaucín, entonces tierras del Reino de Granada, el 19 de septiembre de 1309, en el monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, muy cerca de Sevilla, concretamente en el presbiterio de la iglesia conventual, se hallan su sepulcro y el de su esposa María Alonso Coronel (1267-1330), así como las figuras orantes de ambos, labradas en madera policromada. La imagen de San Isidoro, titular de dicha iglesia, preside el segundo cuerpo del retablo mayor de la misma. Todo ello es obra, en 1609, del genial escultor Juan Martínez Montañés (1568-1649), cuyo influjo artístico recibieron Juan de Mesa y Alonso Cano.
El P. Risco, en su Historia de la ciudad y corte de León y de sus Reyes [1792, p. 85], anota: «Su cuerpo fue sepultado en el insigne Monasterio que en el año 1301 fundó el mismo D. Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, en Sevilla; con la advocación de San Isidoro, a cuya gloriosa memoria quiso dedicarlo por haberse criado, como dice Zúñiga, a la vista y a la devoción de sus santas reliquias, que se veneran en León, ilustre patria de nuestro héroe».
En 1956 se cumplió, pues, el VII Centenario del nacimiento de Guzmán el Bueno. Con este motivo, además de rendir un sentido homenaje al héroe de Tarifa el 24 de enero de dicho año, —con una misa de funeral en la S. I. Catedral de León y con la ofrenda, a la que asistió un gran gentío, de una monumental corona de flores ante su escultura por parte del alcalde de León, Alfredo Álvarez Cadórniga—, se constituyó en nuestra ciudad una comisión encargada de desarrollar un programa de actos conmemorativos, compuesta, bajo la presidencia de Vicente Serrano Puente, catedrático jubilado de Historia y C. de la R. Academia de la Historia, por Francisco de Cadenas y Vicent, presidente de la Comisión de Monumentos; Agapito Fernández, canónigo archivero de la S. I. Catedral de León; Ángel Suárez Ema, teniente de alcalde del Excmo. Ayuntamiento de León y representante de la Facultad de Veterinaria; Timoteo Carnicero, teniente coronel de Infantería; Segundo Rodríguez, comandante del Ejército del Aire, y Justiniano Rodríguez Fernández, abogado y miembro del Centro de Estudios e Investigación de San Isidoro. Para hacer frente a los primeros gastos, el Excmo. Ayuntamiento de León y la Excma. Diputación Provincial aportaron cada uno de ellos la cantidad de cinco mil pesetas.
Así las cosas, entre otras actividades, se convocó un concurso para elegir el cartel anunciador del centenario, resultando ganador el original presentado por el pintor leonés Modesto Llamas Gil. Se acuñó también una medalla de bronce, de 75 gramos de peso y 70 milímetros de módulo o diámetro, diseño del escultor astorgano Marino Amaya. En el anverso, Guzmán el Bueno, entre ramas de laurel y roble, arroja su daga o puñal desde un adarve; en el reverso, circunda el escudo del antiguo Reino de León, que es el adoptado por la Diputación legionense, esta leyenda: «La provincia de León a Guzmán el Bueno en su VII Centenario. Año 1956». Se puso también en circulación un sobre y un matasellos conmemorativos del VII centenario. Y en junio de aquel año se celebró un concurso filatélico escolar y entre los días 20 y 30 una exposición filatélica.
En plenas fiestas de San Juan y de San Pedro, en uno de los salones del Palacio de los Guzmanes, sede la citada institución provincial, se llevó a cabo la Exposición Arqueológica del VII Centenario de Guzmán el Bueno. Diplomas, códices y esculturas, un total de 45 testimonios, comprendidos entre los años 1256 y 1309, trayectoria vital del héroe de Tarifa, armonizaron esta magna muestra expositiva gracias a la colaboración del Archivo de la S. I. Catedral de León, el Centro de Estudios San Isidoro, el Museo Diocesano de Arte Sacro, la Comisión Provincial de Monumentos y, según la prensa local, [Proa, 23.06.1956, p 2], en reseña firmada por R.[icardo] Gavilanes: «Personalidades leonesas de tan alto relieve como son D. Francisco del Río Alonso y D. Francisco de Cadenas y Vicent, poseedores estos de joyas históricas y artísticas por exclusivo afán de conservar el acervo del tesoro de la tradición y de la historia leonesas».
Aquel 26 de junio, Mercedes Gaibrois de Ballesteros, la primera mujer nombrada, en 1935, académica de la Real Academia de la Historia y bibliotecaria perpetua de dicha institución tras el óbito de su esposo, en 1949, el historiador y catedrático universitario Antonio Ballesteros Beretta, Conde de Bereta, en el Paraninfo de la Facultad de Veterinaria dictó una «elocuente y documentada disertación», amparada por el título: La Lección de Guzmán el Bueno.
Ahora bien, la jornada cumbre fue el 19 de septiembre de 1956. Tras asistir a una solemne misa de funeral, oficiada a las once de la mañana, en la iglesia de San Marcos, por el P. Fernando Cavada, S.J., miles de escolares de ambos sexos de la capital y de la provincia, acompañados por sus maestros, como se decía entonces, se dirigieron hacia la estatua de Guzmán, obra del escultor segoviano Aniceto Marinas, que tiene calle en el barrio de San Lorenzo.
Allí, ante autoridades civiles, militares, eclesiásticas y académicas, Antonio Álvarez Rementería, gobernador civil de la provincia de León, que había tomado posesión del cargo el 12 de marzo anterior, descubrió la bandera que recubría una corona de laurel y de hojas de roble con esta inscripción: «Los niños de la provincia de León al hijo de Alonso Pérez de Guzmán sacrificado en Tarifa». El hijo se llamaba Pedro Alonso de Guzmán y tenía nueve años cuando fue inmolado.
Colocada en una de las caras laterales del pedestal, donde puede verse, dicha corona, de un metro de diámetro, fundida en bronce en la Fábrica de Armas de Trubia, acorde con el proyecto del escultor Andrés Seoane, se costeó por los citados escolares leoneses mediante una aportación única de cada uno de ellos de 0,25 céntimos de peseta. Seoane, autor de la reproducción de la Virgen Blanca de la puerta del Juicio Final de la S. I. Catedral de León, talló en piedra, precisamente en 1956, la réplica de San Jorge de la Casa Botines de Gaudí.
Presidieron los actos el citado gobernador civil, el obispo de la diócesis, Mons. Luis Almarcha Hernández, y el predicho alcalde de León, Alfredo Álvarez Cadórniga. Como colofón, las bandas de música del Regimiento de Infantería Burgos 36 y del Ejército de Aviación, interpretaron el Himno del Centenario, cuya letra era autoría de Justiniano Rodríguez Fernández, como se ha dicho, miembro de la comisión ejecutiva, y el Himno Nacional.
En relación con este epílogo, Diario de León [19.09.1956. p. 2], apostilló al caso: «Es una pena que no se haya cantado, porque la significación del Himno [del Centenario] está más en la letra que en la música. Y nos vamos a quedar sin saber cómo es, como nos hemos quedado sin conocer los trabajos premiados en el Certamen literario, que ni se leyeron en el acto de la entrega de premios ni se publicaron después».
Hasta aquí, una síntesis de la celebración en nuestra ciudad del VII Centenario del nacimiento de Guzmán el Bueno. Por los montes del calendario asoman el IX Centenario de la muerte de Urraca I, reina de León, sobrevenida el ocho de marzo de 1126, y el centenario de la muerte de Antonio Gaudí, fallecido el 10 de junio de 1926. El 24 de enero de 2026, sábado, se cumplirán también 770 años del nacimiento de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno. Que no se nos olvide.