Diario de León

José Mª Rojas Cabañeros


Juan Carlos Suárez-Quiñones, un político necesario

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Hace tiempo escribí, en otra columna (titulada El sentido de la realidad) dentro de este mismo medio, que el sendero correcto no es el más fácil. Actuar eficazmente y sin caer en el populismo barato, sería lo moralmente correcto, pero muchas veces no se entiende, especialmente en política. Esto es lo que ha realizado el gran consejero de la Junta de Castilla y de León, Juan Carlos Suárez-Quiñones, suponiendo un duro choque frente a la incomprensión de muchos.

Vayamos a los hechos. Durante el pasado mes de agosto, 21 incendios forestales simultáneos han asolado la provincia de León, además de otros acaecidos en varias provincias de la comunidad autónoma. Por mucho que se empeñe el Gobierno de Pedro Sánchez, los datos racionales indican que es imposible culpar al famoso «cambio climático» y todo apunta al ser humano y en un alto porcentaje a pirómanos (enloquecidos o interesados). Descubrir a esos culpables es tarea ahora de la policía judicial, pero hay algo que un análisis mesurado debe resaltar: es muy difícil atender eficaz y rápidamente a 21 frentes de combate, a la vez, en la guerra contra el fuego, sólo en un territorio como la provincia de León. Sin embargo, eso se realizó gracias al dedicado y silencioso trabajo de gestión organizativa de Juan Carlos, sin publicidad, ni estridencias, y contando que la ayuda del Estado tardó bastante en llegar. Esa era su misión y respondió, como también era necesario (al igual que haría Churchill durante la Segunda Guerra Mundial), mantener las actividades institucionales y representativas de su Consejería; por eso, acudió a la Feria de Muestras de Gijón, donde diversas empresas leonesas reclamaron su presencia, para apoyar al empresariado de León. Fue criticado por ello, cuando otras autoridades provinciales, de diferentes partidos, también estuvieron allí, incluso algunos afectados por los incendios. Su misión no es apagar directamente los fuegos, sino procurar que eso se haga lo mejor posible y así hizo.

Otra crítica, versa sobre el mantenimiento de las brigadas anti-incendios, incluso en invierno, pero eso tampoco es racional. La Comunidad de Castilla y de León es de las más extensas en Europa y su presupuesto es muy limitado, pues no somos ricos. Casi un tercio de los dineros de la Junta se lo lleva Sanidad, otra partida similar es para Educación y lo que queda se reparte entre el resto de las consejerías (incluyendo Medio Ambiente, la que dirige Juan Carlos): los números son árbitros rigurosos. Obviamente, se deberían plantear prioridades y estrategias, pero el «falso ecologismo» de la Unión Europea (UE) impide antiguas fórmulas: que los vecinos limpien los montes, que el ganado paste en los bosques para el desbroce, que se ejecute la quema controlada de rastrojos etc. Nada de esto se puede hacer, pues si se intenta lo denunciaría la UE, como ya le ocurrió a Suárez-Quiñones en sus primeros años de Consejero y, además, los mismos que ahora le atacan, saldrían contra él, pues siempre es más fácil derribar que construir. Incluso, ahora no se pueden limpiar los márgenes de los ríos, aunque den lugar a catástrofes, como la última DANA de Valencia.

Cuando se pierden vidas, se destruyen propiedades y se destrozan patrimonios inmemorables, resulta comprensible buscar culpables entre las autoridades. Comprensible, en un momento de enajenación, pero cuando se razona con serenidad (como diría Daniel Kahneman), muchas veces queda patente el error y la injusticia de las primeras impresiones. Esto es lo que ha ocurrido con la ejecutoria de Suárez-Quiñones, pues hizo siempre lo correcto, en tiempo y forma, como lo sigue haciendo.

Finalmente, resulta muy desolador, como desde el PP, han dejado solo a Juan Carlos ante esta cacería ad hominen, y ha tenido que ser una socialista, la alcaldesa de Murias de Paredes, María Carmen Mallo, quien, con valentía y arrojo moral, ha puesto las cosas en su sitio, resaltando el gran papel de Juan Carlos en esta crisis de agosto; donde demostró ser un político cabal y necesario para León, para la Comunidad y para España. Ojalá muchos otros ediles, abandonando la clave partidista se pronunciaran siguiendo la realidad.

Como en su momento escribí, al final de la columna antes mencionada, se supone que el sentido de la realidad está inserto en el cerebro de todos los humanos; sin embargo, los comportamientos contradicen habitualmente este postulado. Obrar según la realidad conlleva asumir responsabilidades y eso es duro, implicando una madurez y ética personal cada vez menos frecuentes. Juan Carlos Suárez-Quiñones es la excepción afortunada a todo ello, esperemos que siga muchos años en política, pues es un político necesario.

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