Incendios de sexta generacion en Omaña
Antes de tomarme mi dosis diaria de benzodiacepina, que me suma en el conformismo cotidiano y me haga crédulo a las causas y remedios que los entendidos nos identifican de los incendios que nos asolan, he intentado tragarme la «rueda de molino» que es atribuir al cambio climático su origen. Lo he intentado, pero no he sido capaz. Aceptando la evolución climática que sufrimos y el aumento de temperaturas, no es cierto que este sea el factor clave de los incendios. En los años 70 ya me contaban los viejos del pueblo que las nevadas ya no eran lo que habían sido. Pueden ser contrastados en los datos climáticos publicados en https://datosclima.es/Aemethistorico/Meteostation.php.
Me he molestado en buscar los datos de pluviometría y temperatura de 2024 y 2025 y el único dato significativo que observo es la pluviometría de la primavera de 2025, muy por encima de la media que ha ocasionado que la capa herbácea haya sido espectacular. Omaña en agosto se seca, ahora y hace 50 años. En los años 70 para encontrar un codojo para barrer la era había que recorres todos los riberos. Con el codojo y el baleo hecho de sanguñera no había grano de centeno o garbanzo que se escondiera y no fuera al costal.
Los incendios de sexta generación son la consecuencia de los piornos, escobas, urces, gatiñas de sexta generación. Los diámetros que han llegado a tener los piornos los hacen prácticamente maderables. Si les colocamos debajo esa capa herbácea imposible de eliminar con pastoreo o desbroce, solo se necesita un hecho fortuito (tormenta seca, fallo en la red eléctrica, descuido o intención humana…) que inicie el incendio. Una vez desatado ya no hay medios que lo extingan. Vemos helicópteros con su bambi, hidroaviones, cuadrillas y brigadas… y se extingue cuando llega a la cumbre, cuando le apetece o las condiciones climáticas cambian.
No puedo aguantar reírme cuando escucho propuestas como la de dotar a las gentes del pueblo de batefuegos o algo similar. Me recuerdan a las gentes armadas de fregonas y buenas intenciones que acudían a paliar los daños de la dana. ¡Cómo vamos a encomendar a las gentes del pueblo la extinción, cuando no son capaces de limpiar las ortigas delante de sus casas o el cementerio donde reposan sus seres queridos!
Cuando escucho decir que «¡lo que sobra es dinero!», que se amplíen las brigadas y que estén bien pagadas, pues si se demostrase su eficacia, pues bien, pero me temo que no es el caso.
Al fin y al cabo el cambio climático no deja de ser un problema económico y de existencia de energía barata y a gran escala. Cos estos factores podríamos desalar agua del mar, regar desiertos, regenerar glaciares, incluso algún iceberg,, jajajaja, pero de momento sabemos que en cuanto en las cuentas públicas se quita la parte de sanidad, educación, pensiones, infraestructuras básicas y defensa, queda muy poco y es preciso optimizar.
Los expertos nos hablan de asilvestramiento de nuestro entorno, montes, fincas y pastizales que otrora fueron prados y tierras de cultivo. Este asilvestramiento solo podría ser combatido asilvestrando especies que ahora son domésticas. Ganado ovino y caprino que pastase a su libre albedrio, sino fuera porque lobin lobates (Canis lupus para los científicos) acecha su oportunidad.
Las brigadas de extinción poco podrán hacer con los medios, organización y distribución de horarios que actualmente tienen.
Veo la oportunidad para voluntarios de la zona a los que se de una formación, se retribuya su disponibilidad así como la dotación a los ayuntamientos de desbrozadoras robotizadas de gran capacidad que realicen desbroces perimetrales de pueblos, explotaciones, infraestructuras y en o posible de montes, así como limpieza de cortafuegos con bulldozer.
Hemos visto su eficacia de armar las brigadas de batefuegos, mochilas etc, de pasarse la época invernal guiando alguna mata, aclarando algún trozo de monte (queda muy bonito, dicho sea de paso) hasta llegar al mes de agosto y ver que todo puede ser pasto de las llamas sin posibilidad de extinción.
Por cierto, cuando hablo de voluntariado me refiero al ya existente en el Ayuntamiento de Riello con funciones de protección civil, extinción de incendios etc, y no las ocurrencias de voluntariado de recogida de semillas para regenerar nuestros montes. Eso es más propio de una actividad festiva para celebrar el «dia del árbol» en los colegios que una iniciativa seria y con perspectivas de futuro.
Solo falta que propongan corregir el eje terrestre para hacerlo perpendicular a la orbita terrestre y eliminar las estaciones. A algunos no tocaría una eterna primavera o un colorido otoño.
¡Mari! ¿Dónde está el trankimazin?