¡Dios nos proteja!
Cuando la gente necesitada se acerca a las iglesias para pedir ayuda no se le pregunta si es de derechas o de izquierdas, si es creyente o no lo es
El mensaje de Cristo, desde hace más de dos mil años, dice que todos debemos ser libres e iguales. Esta clara manifestación molesta mucho a cierta clase de «izquierda» materialista, totalitaria, que acosa a los cristianos e intenta acabar con las tradicionales festividades religiosas. Ahora, en vez de Feliz Navidad, sueltan esta majadería: ¡Feliz solsticio de invierno!
Las personas normales, libres, seguimos diciendo: antes de Cristo (a.C,) y después de Cristo (d.C.), pero los genios materialistas de la posmodernidad escriben: ANE, antes de nuestra era. Conrado de Bolanden, en la pág. 396 de su novela
Rafael, escrita en alemán, versión castellana del año 1910, dice: «El verdadero artista es instrumento del cielo para el bien de la tierra». Para los católicos de verdad lo más importante es el amor. Jesucristo nos advierte que sin amor nunca veremos la Gloria de Dios: «El amor es paciente, es servicial, no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia y se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13,4-7). Cuando la gente necesitada se acerca a las iglesias para pedir ayuda no se le pregunta si es de derechas o de izquierdas, si es creyente o no lo es, y siempre se le socorre. Y no es casualidad que seamos los católicos los que hacemos los generosos donativos para socorrer a todos los hermanos, sin distinción. Conozco a una familia que durante muchos años estuvo al servicio de la Iglesia, trabajando poco y cobrando bastante, pero un día se le acabó la buena suerte y ahora es anticlerical, agnóstica, atea e insultadora de los creyentes que marcamos la X en la casilla de la Iglesia católica. Yo soy mal cristiano, no pongo la otra mejilla, pero, por amor a Cristo y a mis semejantes, sigo pagando las instituciones que acogen y cuidan, religiosamente, a los padres de todos estos «valientes e inteligentes» que nos menosprecian y agreden. En mi familia siempre me dijeron: «Socorre a los demás, no permitas que las personas cercanas pasen necesidad, ayúdales, pero no esperes que te lo agradezcan, y no te desanimes nunca». Triste pena es que las personas buenas, solidarias, generosas, casi nunca son bien tratadas por sus vecinos y conocidos: «La gratitud es una pesadísima carga que nadie quiere llevar, que muy pocos soportan». Me fallan algunas facultades pero, de momento, me sigue encantando la lectura aunque el libro sea Ramona la Catalana (
El ángel tutelar de la infortunada España de 1936-1939). Al terminarlo, me confirmo en mi catolicismo «sui géneris», pues, aun procurando practicar las enseñanzas de Cristo, especialmente el amor fraterno y la oración, no puedo creer en la «bilocación», y menos todavía en el infierno, en el purgatorio, en el limbo. Entiendo que todos iremos al Cielo, seamos más o menos justos o pecadores, pero, eso sí, disfrutaremos distintos grados de felicidad. El Papa Juan Pablo II ya había dejado muy claro que no existía el infierno, al menos como lugar físico sobrenatural destinado al castigo y al sufrimiento eternos, pero hete aquí que, últimamente, el recientemente fallecido Papa Paco lo ha vuelto a poner de moda. No sé la opinión de León XIV. Yo creo en Dios, en un Dios que es todo amor y bondad, que no castiga nunca. Los científicos nos dicen que sólo el 5% de lo que vemos es el universo «tangible», el resto es tan desconocido que lo llaman materia y energía oscura. No saben ni nos explican cómo se produce la vida, sí que es necesario el carbono 14 y el agua líquida, pero que no son suficientes, falta algo más. Los creyentes pensamos que este algo más es Dios, la fuerza de Dios, el soplo de Dios que produce vida en la materia, en el barro. Y así volvemos al Génesis, a la teoría Creacionista. Los cristianos sí tenemos una explicación lógica y razonable, pues sabemos que es imposible meter todo el agua del mar en un hoyo, y más difícil la inmensidad de Dios en nuestra cabeza. En Dios está toda la belleza, la máxima expresión amorosa, poética. Por eso la poesía es pura subjetividad, nos emociona o nos resbala, pero no se puede juzgar con criterios objetivos que no existen. El buen escritor es poeta que puede escribir bien incluso redactando mal y con faltas de ortografía. A redactar se puede enseñar, a escribir no, pues escribir es crear, es enseñar, es amar y, creando, enseñando, amando, nos acercamos a Dios. Sin embargo, hay por ahí algunos modernos «escritores consagrados» que no escriben, que sólo redactan. Se empeñan en utilizar palabras demasiado cultas, floridas, rebuscadas y, al final, sólo consiguen un lenguaje alambicado, artificial, insulso, ridículo. Suele ocurrir cuando se carece de buenas ideas, cuando la cabeza y el corazón están demasiado hueros. A veces pienso que es mejor cultivar lechugas que amistades literarias, pues las lactucas sativas alimentan más. Afortunadamente, nos queda el consuelo de seguir con Fray Luis de León, Teresa de Jesús, las Novelas Ejemplares de Cervantes, y Gil y Carrasco. En 1958 tuvimos en casa un gatín. Lo quería tanto que no paraba de contemplarlo, de jugar con él, de alimentarlo. Un día me asomé al corredor y vi que estaba escondido detrás del peral del patio. De pronto pegó un gran salto, atrapó un gorrión y lo mató. Sufrí mucho. En junio contemplaba los vuelos de una hermosa mariposa, grande, de muchos colores, pero llegó un cochorro y se la comió. Sufrí mucho, otra vez. Mi madre, que siempre adivinaba mis pesares, mis tristezas, quiso explicarme que todo era cosa de la naturaleza: «La vida es así, hijo, y no hay más remedio que conformarse». Recuerdo mi infancia y juventud, aquel tiempo en el cual el pan era tan sagrado que cuando se caía al suelo lo recogíamos y lo besábamos. El falangista Francisco Villena, el 3-4-1937, en el diario
Amanecer, de Zaragoza, lamentaba el asesinato de F.G.L, diciendo: «Porque sabed, ciegos mercaderes materialistas, que la poesía es la oración de los pueblos que tienen fe». Con toda Burbialidad.