Diario de León

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Reflexiones para el 1 de octubre, Día Mundial de las Personas Mayores

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El día 14 de diciembre de 1990 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 1 de octubre como Día Mundial de las Personas Mayores con un doble objetivo: reflexionar sobre el envejecimiento demográfico y sobre la situación de los mayores.

El envejecimiento demográfico es una realidad que viene preocupando a las sociedades desarrolladas desde hace años. Una sociedad envejece cuando disminuyen la natalidad y la mortalidad, lo que hace que aumente el número de personas mayores. La más alta esperanza de vida es el resultado de la lucha del hombre contra la enfermedad y la muerte. El triunfo que el hombre ha conseguido en el siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI sobre las enfermedades es uno de los mayores logros de toda la historia de la humanidad. El control de la mortalidad ha proporcionado una mayor esperanza de vida, lo que ocasiona el envejecimiento de las sociedades desarrolladas. En 1900 la esperanza de vida en Europa estaba entorno a los 35 años. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España la esperanza de vida en 1900 era de 34,76 años, en 1991 había pasado a ser de 77 años y en 2024 llegó a los 84 años de media, situándose entre las más altas de Europa y del mundo. Las sucesivas conquistas de una mayor esperanza de vida han propiciado el aumento acelerado de la población anciana, con más de 65 años, que en España hoy alcanza cerca de nueve millones de personas. Otra manifestación del envejecimiento demográfico es el crecimiento de los que sobreviven a los 100 años, que en España en enero de 2024 eran 16.902, de los cuales el 82,3 % eran mujeres. Este hecho, muy positivo a nivel de las personas, no lo es tanto para la sociedad, pues acarrea serios problemas económicos, socio-asistenciales y culturales, tales como: aumento de la población pasiva dependiente, aumento de gastos asistenciales y médico-sanitarios, predominio de una mentalidad conservadora, pérdida de calidad de vida.

Esta nueva situación socio-demográfica exige nuevas políticas sociales para mantener integrada y activa a la cada vez mayor población ancana. Hoy habría que redefinir el concepto de descanso de las personas jubiladas y llenarlo de contenido para ocupar de forma activa ese espacio que va desde los sesenta y cinco hasta los 84 y más años, que tiene el español de vida media o esperanza de vida. Es verdad que no existe un único modelo de envejecimiento activo. Analizando distintos trabajos de organismos internacionales, se pueden encontrar varios modelos de envejecimiento activo. La Comisión de las Comunidades Europeas (Commission of the European Communities) entiende por Envejecimiento Activo el modo de adoptar estilos de vida saludables, trabajar más tiempo, jubilarse más tarde y mantenerse activo tras la jubilación, lo que supone aumentar las posibilidades para una vida mejor. La Comisión Europea de Empleo, ante el envejecimiento demográfico y la mayor esperanza de vida, defiende que la finalidad de las políticas de Envejecimiento Activo debe ser alargar el período laboral. Sin embargo, para la OMS el envejecimiento activo es algo muy distinto, es un “proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen (OMS, 2002: 79). Para la OMS la clave del envejecimiento activo está en poder seguir ejerciendo un papel activo del modo que sea y allí donde se viva. Sólo se puede envejecer bien si se participa en la dinámica de la sociedad.

Las formas de participación activa de los mayores en la sociedad son tan variadas como lo son las personas y sus circunstancias: edad, sexo, nivel educativo, situación económica, estado de salud, ámbito rural-urbano en que viven, etc. No obstante, hay una serie de investigadores que llegan a tipificar en pocos grupos las formas de seguir activos los mayores. Para Barrio, Sancho y Abellán (2008), la participación social de los mayores en España se puede agrupar en cuatro estilos de vida: participativo, que se realizaría principalmente en el voluntariado y actividades culturales; ocio social, que comprende la participación en centros sociales y actividades recreativas: paseo, baile, bares o cafeterías; ocio inactivo, que incluye las actividades relacionadas con el consumo de los medios de comunicación, principalmente TV, radio y lectura de la prensa; y, finalmente, el estilo de vida doméstico, que agrupa las actividades relacionadas con el hogar: cuidar de la casa, del huerto y/o jardín, visitar a familiares, cuidar de los nietos y hacer la compra.

Partiendo de la diversidad de actuaciones, entendemos que para que los mayores puedan seguir ejerciendo un papel activo en la sociedad hay que abandonar las políticas uniformadoras y facilitar a los individuos los medios para que puedan desarrollar sus intereses y motivaciones durante esta etapa de su vida cada vez más larga. Se deberían apoyar toda clase de iniciativas o programas que reconocen el autogobierno de los mayores y facilitar campos de participación, como el voluntariado social, cultural o medioambiental, crear consejos de participación ciudadana en los barrios o en la ciudad, crear órganos de participación de las personas mayores en instituciones y administraciones públicas y reconocer el trabajo de voluntariado, tanto el formal como el no institucional.

Aparte de estas políticas para conseguir un envejecimiento activo, las personas mayores deben aspirar a conseguir la libertad en esta etapa ultima de la vida. Deben liberarse de la presión de tener que «complacer a todos los demás». Nada en la vida de los mayores es tan liberador como darse cuenta de que no todos van a quererte o aprobarte. ¿Qué es lo que permite a una persona alcanzar ese estado de libertad? Por un lado, es la inevitable comprensión que surge con los años de que es imposible agradar a todos. Tus detractores podrían tener celos porque pueden pensar que la vida te ha tratado mejor que a ellos. Aunque no les hayas hecho daño alguno, te harán responsable de parte de sus males. Tus opiniones políticas o religiosas podrían estar en desacuerdo con las suyas y también generar resentimiento en ellos. Por otro lado, ayudará a conseguir esa libertad deseada el mantener una actitud abierta y receptiva hacia el otro, sin importar la edad o el rango social. Esta disposición es esencial para vivir tranquilo en la vejez. La única relación en la que siempre puedes asumir que eres amado, e incluso apreciado, es la que mantengas con tus propias creencias. Las personas mayores deben estar agradecidas a las vivencias que hayan tenido a lo largo de su vida y a las muchas personas que hayan conocido y les hayan ayudado a crecer en esta libertad madura y apacible, aunque para ello hayan tenido que esperar 80 años o más.

Las conquistas de mayor esperanza de vida han propiciado el aumento acelerado de la población ancianaNada en la vida de los mayores es tan liberador como darse cuenta de que no todos van a quererte o aprobarte.

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