Diario de León

José Luis Alonso Ponga
Cátedra Estudios sobre la Tradición. Universidad de Valladolid

Ramos al cristo de Grajalejo de las Matas

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El domingo 14 de septiembre se celebró en Grajalejo de Las Matas una procesión de los ramos dedicada al Cristo del Amparo, nombre con el que es conocida y venerada la imagen de un crucificado del s. XVII, cuya devoción aglutina pueblos de Las Matas y Los Oteros desde hace siglos, creando una identidad subcomarcal que hay que tener en cuenta para comprender la identidad e intrahistoria de estas tierras. Son los vecinos de San Román de los Oteros, Santas Martas, Grajalejo, Villamarco y Villamoratiel de Las Matas. Participaron cada uno con su ramo y cruz alzada en la procesión que, con motivo de la reinauguración de la ermita, acompañó al Nazareno desde la iglesia parroquial hasta este histórico lugar.

El acto contó con la presencia del obispo de León, D. Luis Ángel de las Heras, que presidió la misa solemne en honor al Bendito Cristo del Amparo, imagen de gran devoción en la comarca. Yo estuve disfrutando de la sabiduría e ilusión de Belén Martínez Martínez que trabaja incasablemente por la historia y tradiciones de esta tierra.

La iglesia parroquial merece por sí sola una visita a Grajalejo. El retablo mayor es una joya sobresaliente en la retablística del sureste leonés. Los bajorrelieves de la predela son excepcionales, la custodia-sagrario es simplemente impresionante. Llamativa a su vez la imagen del obispo S. Martín de Tours, patrono del pueblo. Y como remate de tanta concentración estética las pinturas que componen el resto del retablo que, además, están distribuidas con una atractiva intención didáctica. Si el visitante tiene la suerte de que le explique la obra D. Ángel Sahagún, párroco actual, saldrá más que satisfecho.

El Cristo de Grajalejo, está asistido por una cofradía de la Vera Cruz fundada el año de 1656. La erigieron «Cofrades vecinos de la villa, unánimes y conformes a honor y reverencia de Nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen Santa María». Los hermanos eran de disciplina y de luz. Los primeros se azotaban el jueves santo, el tres de mayo, fiesta de la invención de la cruz, y el 14 de septiembre, cuando la iglesia celebra la exaltación del Santo Leño. Los cofrades de luz, categoría que adquirían al cumplir los cincuenta años, procesionaban llevando encendida una vela de cera de a cuarterón. Estaban obligados a caminar descalzos (como los disciplinantes) por penitencia.

A falta de consultar los archivos, no sabemos cuándo y por qué se unieron los otros pueblos a la devoción de Grajalejo, porque las cofradías de la Vera Cruz se encuentran en todos ellos. La Vera Cruz de San Román de los Oteros, por ejemplo, renovó la regla en 1742.

La ermita, a las afueras del pueblo, en la carretera que va a Villamoratiel, es de una sola nave. El presbiterio está separado del resto por una verja de hierro. En el altar se venera la imagen del Bendito Cristo del Amparo, entre La Virgen y San Juan. Sobre la fachada hay una pequeña espadaña donde se aloja la campana fechada a finales del s. XVIII, (aunque hay un fallo de fundición, se lee la fecha de 1776). En una de las inscripciones dice “Ecce crucem Domini fugite partes adverse”.“He aquí la cruz del Señor, huid todos los males”, que actuaba como conjuro contra los pedriscos y malos temporales. La existencia de una campana en la ermita del Cristo que se volteaba para espantar las nubes es bastante común en la provincia de León.

La procesión se formó marchando delante los estandartes del Bendito Cristo y la Inmaculada. Detrás la cruces, a continuación, los ramos, seguidos de la imagen del Nazareno con la cruz a cuestas. El cortejo se cerraba con el sr. Obispo y los sacerdotes arropados por el resto del pueblo fiel, compuesto por devotos de Grajalejo y de las localidades antes citadas.

Las cruces forman una llamativa sinfonía del arte en plata y plata dorada fruto de la ilusión de los campesinos que en los siglos XVI y XVII enriquecieron los templos con ofrendas a sus devociones más queridas. Hoy son auténticos tesoros que si no aparecen en todas las parroquias es porque más de un cura postconciliar las hizo desaparecer.

Los ramos son estructuras triangulares forrados en ambas caras con paños de seda de colores, cenefas con flecos que cuelgan en la base del triángulo. En ambas caras, sostenidas por cintas de colores van las velas de cera, que quedarán como ofrenda en la ermita. El ramo va rematado con unos haces de ramas y flores (ahora de plástico multicolor) y coronado con una cruz. En el vástago que lo sostiene hay un gancho para apoyarlo en el cinto del porteador.

En la procesión de este año desfilaron los pueblos por orden alfabético, aunque cuando la procesión estaba en su apogeo, abría la marcha el pueblo que había pedido novena, y cerraba Grajalejo, como anfitrión. Porque, el lugar a ocupar en el cortejo ritual fue motivo de discordia en todos y cada uno de los lugares donde se juntaba más de una parroquia. Por eso el obispado se vio obligado a legislar sobre el orden a seguir.

La devoción comunal, que ha llegado hasta nosotros en la memoria de los más ancianos, se forjó poco a poco cuando los campesinos miraban al cielo buscando remedio. En casos de extrema sequía, o exceso de lluvia, cuando las cosechas se veían amenazadas por plagas de langosta u otras epidemias de los cereales, uno de los pueblos pedía novena a Grajalejo, que la concedía siempre. Se organizaban para asistir cada día una parroquia a la novena (alguno le tocaba dos veces). El Cristo se ponía a la adoración de los fieles en la iglesia, por lo que el primer día de la novena se organizaba una procesión de todos los pueblos desde la ermita a la parroquia. En esta función y el último día había también sermón. El resto del tiempo, cada pueblo asistía cuando era requerido, y se encargaba de pagar la misa, el sermón, si lo había, y de hacer la novena. Cada localidad celebraba, además, una serie de prácticas devocionales (vía crucis, cánticos al Sagrado Corazón de Jesús, etc.) típicas de su parroquia.

Para el retorno del Cristo a la ermita acudían todos los pueblos cada uno de ellos con su pendón, cruz alzada y ramo. En la ermita se ofrecían todos los ramos cantando las estrofas en las que pedían el agua, o daban gracias por el remedio, si habían sentido el favor de la imagen.

Este fue el origen y el gran contexto en el que nacieron y se desarrollaron los ramos al Cristo de Grajalejo. Hoy, después de más de treinta años de olvido, las autoridades civiles y eclesiásticas de los cinco pueblos, los vecinos y los emigrados han querido recuperar la fiesta, por supuesto, adecuándola a la actualidad. Y han conseguido recrear un patrimonio cultural inmaterial excepcional para esta tierra, que juntamente con la fiesta del Pastor en Joarilla de Las Matas, y las Danzas de Santa Cristina de Valmadrigal deberían constituir hitos que reclamen la riqueza patrimonial histórica y devocional base de un turismo cultural y religioso que hoy, puesto convenientemente en valor, puede servir de autoestima, refuerzo de identidad y orgullo de una tierra que lucha por llamar la atención de los valores en la comarca de Sahagún.

Los ramos como expresión de la religiosidad popular están muy extendidos por toda la península. Son una variedad dentro de los ramos de ofrendas que entraban en acción en varias ocasiones a lo largo del curso de la vida del hombre. Había ramos de recibimiento y bienvenida a autoridades importantes, ramos en las bodas, ramos de bienvenida a los neocantamisanos, otros dedicados a las devociones más cercanas al pueblo para pedir la lluvia, o el cese de la misma, para asegurar las cosechas, y en honra y gloria del patrono o patrona del pueblo. En los abundantes estudios que tenemos sobre la provincia de León, vemos la variedad de tipologías tanto en los armazones como en los adornos. En las composiciones literarias, y en las músicas. Sin embargo el tema no está ni mucho menos agotado. Tenemos que seguir recopilando material, hacer estudios etnohistóricos. Conseguir grandes bases de datos que sirvan para avanzar en el estudio de estos rituales, base de una parte de la identidad leonesa.

Creo que debemos congratularnos porque en este caso el Bendito Cristo de Grajalejo ha sido la base del renacimiento de una nueva manifestación de religiosidad popular con una serie de valores que no podemos dejar de lado. La recuperación de los ramos de Grajalejo de Las Matas con la colaboración de los pueblos limítrofes que antaño acudían a honrar al Bendito Cristo del Amparo, constituye una nueva forma de cultura religiosa, de identidad, de explicitar el mundo de relaciones entre pueblos vecinos que ya no se rigen por el modo tradicional de construcción de lo local en contraposición a los pueblos colindantes, sino que se sienten pertenecientes a una unidad más amplia, la comarca, la provincia a la que deben defender y por la que tienen que luchar si quieren que “su” pueblo siga siendo referente de riqueza tradicional.

Se ha recuperado un elemento importante de patrimonio cultural inmaterial:la procesión, que no dudo continuará en años sucesivos, donde cada pueblo acompañe a sus enseñas, al pendón comunal, a la cruz parroquial y al ramo concejil. Será un cortejo digno de verse, una atracción más y un motivo añadido para visitar las localidades con motivo de esta fiesta porque el interesado podrá ver la riqueza de las cruces de plata y plata dorada que conservan aún algunos pueblos y que son dignas de admirarse no solo como obra de arte, sino, y fundamentalmente, como identidad religiosa.

Que de hoy en un año podamos asistir a estas manifestaciones y disfrutar de la fiesta en las comarcas de Los Oteros y Las Matas. Seguro que desde Adescas ya están pensado en ello.

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