Íbamos a estar mejor...
Por lo visto, aquella UCD necesitaba la solidez de la derecha tradicional castellana ligada a su particular monopolio de españolidad
Magnífico artículo el que escribe Enric Juliana titulado «Castilla ¿y León?» en La Vanguardia de 30 de septiembre de 2025. Dice que ocupamos 94.200 km², y eso es casi un quinto del territorio estatal. En la Unión Europea sólo por detrás de la Laponia finlandesa (100.366 km²) y la provincia sueca de Norbotnia (98.911 km²) y ambas con bastante territorio en el polo Ártico.
Es más grande que Aquitania, la mayor región de Francia; más que Baviera, el mayor estado federal de Alemania; y casi multiplica por cuatro la isla de Sicilia, la mayor entidad regional de Italia. Así las cosas y atendiendo a lo anterior no es difícil concluir que este invento autonómico siempre fue una mentira, un amontonamiento de provincias, un contubernio político que hoy se está convirtiendo, dice el autor, «en el eslabón débil del sistema autonómico español». Hasta el Estado en su momento tuvo que cometer ilegalidad aplicando su dictadura, y así dice, aunque lo expresa suave, que «UCD y PSOE se tuvieron que emplear a fondo para evitar que Segovia siguiese el mismo camino», refiriéndose a Santander y Logroño. Porque esto pudieron ser once provincias. Una mayor barbaridad. Sin embargo, muchos kilómetros cuadrados no son sinónimo de riqueza, ni de bienestar, ni de poder, ni de desarrollo; mucho menos de armonización social. Todo está tan distante, es tan ajeno, es además tan contrario al camino histórico y hay tantos desafectos entre sí en la historiografía, que esa obligación ‘de ser y de estar’ produce rechazo y antipatía, sobre todo en el territorio más perjudicado. Tiene, además, la más baja densidad demográfica de España: 25 hab./km². Traducido: no es nadie. Un fofo. Escribe Enric Juliana que esto de las comunidades autónomas no estuvo en un principio en la cabeza de Adolfo Suárez. En primer lugar se redactó un borrador constitucional que dirigió José Manuel Otero Novas, director del gabinete de Presidencia, y que preveía tres estatutos federales (Catalunya, País Vasco y Galicia). El resto serían mancomunidades regionales sin poder legislativo. Régimen general. Pero en el plebiscito de junio de 1977 a UCD le faltaron diez escaños. Le falló la provincia de Barcelona y tomó nota. El presidente Suárez guardó el primer borrador y ofreció a los partidos «un debate constitucional abierto». Pactó el regreso de Josep Tarradellas y, «el regreso de Tarradellas (pone en boca de José Pedro Pérez Llorca) ayudó a legitimar la transición y avivó los deseos de autonomía en toda España». Este nuevo fervor autonomista aprovechando el rebufo catalán, derivó en el «café para todos» de Manuel Clavero Arévalo. Y en este contexto, dice Enric Juliana, «se fraguó Castilla y León, bajo la batuta de Rodolfo Martín Villa». Con otros comparsas: PCE/IU, PSOE y finalmente AP/PP. Abocado el territorio estatal hacia un régimen desconocido y muy novedoso para los muy numerosos temerosos, se dice que lo primero que hace Martín Villa es sacar de la cabeza a los socialistas la idea de una autonomía astur-leonesa. Entraban en juego los ratio de las tendencias de voto y esa combinación perjudicaba a la derecha. Entonces el cid campeador del Páramo y su grupo de obedientes se reunieron con los adláteres correligionarios y todo culminó (Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola, 13-04-1980) en este primer desastre de otros muchos sucesivos y derivados. Por lo visto, aquella UCD necesitaba la solidez de la derecha tradicional castellana ligada a su particular monopolio de españolidad. Andalucía podía ser izquierda, Valencia también, Catalunya y País Vasco eran ‘el asunto’, Madrid aún no había despegado como capital económica de España (su PIB en el conjunto en 1960 era del 12% y en 2024 ya del 19,8%), y lo que iba a ser Castilla y León y Castilla-La Mancha se convertirían en los dos grandes solares del voto rural beneficiados por una legislación que prima a las provincias menos pobladas. En el caso de la región leonesa nos habían adosado a un territorio inconveniente. Ya siendo débiles nos forzaban a más debilidad y a no poder gobernarnos autónomamente tratando de remediar esa debilidad. La situación posterior nos ha empeorado. En el centro ha crecido un Madrí (to’pamí) sin contrapuntos metropolitanos en un radio de trescientos kilómetros que se asimila a absorbido y despoblado. En lo que nos afecta, escribe Enric Juliana, «se ha acelerado la despoblación sin que la autonomía haya servido para generar una atmósfera
regional entre nueve provincias muy dispares. Valladolid es una capital (sede, no hay capital comunitaria) que no todos aceptan» y ha centrado más en sí misma la actividad económica y cultural, «con la consiguiente tensión de otras capitales de provincia». Neocentralismo. En el aspecto demográfico los números indican una caída estrepitosa, un 16%, más de 450.000 personas menos desde 1960. En la región leonesa, «Zamora ha visto reducirse su población en un 43%», y parecido en las provincias hermanas. Pero es que el futuro está condicionado por la fuga de cerebros. Y en este sentido la comunidad está entre las primeras que exportan un gran nivel educativo. «¿A dónde van?», se pregunta. Y se responde: «No es difícil adivinarlo». Tampoco las proyecciones demográficas son halagüeñas. El INE estima que en 2035 la población de este quinto del territorio estatal habrá crecido en 5.000 habitantes, mientras que España habrá ganado 4,5 millones. Lo que hoy abarca la comunidad habrá pasado de ser un 12,5% de la población estatal en 1900, a apenas el 4,5% en 2035. Su PIB respecto al conjunto también ha caído: 8% en 1960 y 4,7% en 2024. Son parámetros de fracaso. En el envejecimiento, «Zamora destaca como la provincia más envejecida de España: su edad media supera los 51 años y aproximadamente un tercio de sus habitantes tienen más de 65 años. Le siguen León, Salamanca...». Es absolutamente intencionado el interrogante (¿y León?) que lleva el titular de su artículo. En el indicador de calidad institucional desarrollado por la Universidad de Gotemburgo (Suecia) «Castilla y León es, con mucha diferencia, la región española con peor calidad institucional, situándose entre las peores de la Unión Europea en el año 2024 (posición 193 de 210 regiones)». Este fue el dique iluso que pretendió Martín Villa, los suyos y los que le siguieron en aquellos aciagos años ochenta para contrapesar lo que nunca fue deseable y siempre imposible, y por lo que han sufrido unos y otros sin necesidad. Un error adrede, una mala voluntad la de obligar a un pueblo a caminar por sendero impropio sabiendo que va a estar perjudicado y que eso será arrastrado en el tiempo. Un error consciente sabiendo que la pretensión del ‘remedio’ contra sus miedos sería inútil e injusta. Engañar no vale la pena. Pero nuestro futuro siempre nos pertenecerá. Enric Juliana también escribe que «Unión del Pueblo Leonés cosechó el 21% de votos en la provincia de León en las elecciones autonómicas del 2022, el mejor registro electoral por los partidarios de crear una comunidad autónoma leonesa a la que podrían sumarse Zamora y Salamanca». Sí, UPL o el leonesismo de contestación y ruptura, sea el que sea quien lo represente, será clave para convencer al resto de partidos políticos. A todos los necesita el territorio para rehacer esta defectuosa ubicación política y sus consecuencias que han derivado en la peor situación de nunca en nuestra tierra.