¿Por qué? o la violencia que no cesa
Hace pocos días se conmemoraron los 20 años de los Lunes Sin Sol, la concentración que se hace los lunes en León, siempre que se ha asesinado a alguna mujer la semana anterior.
Sí, esto sigue sucediendo en pleno Siglo XXI, en este país avanzado y culto, así como en todos los países de nuestro entorno y del mundo. Uno de los actos para esta conmemoración fue la de realizar una mesa intergeneracional formada por mujeres mayores y mujeres jóvenes para ver las distintas experiencias y análisis vitales que tenemos las mujeres de distintas edades, que vivimos diferentes épocas, sobre la igualdad entre hombres y mujeres y la violencia contra las mujeres Según los expertos, 20 años es casi una generación. Estas concentraciones de denuncia, toma de conciencia individual y social han permanecido en el transcurso de una generación y prosiguen. Una generación es un período de tiempo, generalmente entre 20 y 30 años, que permite que un grupo de personas nazca, crezca, se desarrolle y vivencie los mismos eventos históricos, culturales y tecnológicos que moldearan su visión del mundo. En este caso esta generación es la primera generación nativa digital que ha crecido con smartphones, internet y acceso a mucha información desde una edad muy temprana. Y eso se notaba en las experiencias vitales que conversamos y en las nuevas formas de violencia que sufren las mujeres Las reflexiones que se produjeron en esa Mesa fueron para intentar comprender, entender y preguntarnos. todos y todas ¿Por qué? ¿Por qué sigue la violencia contra las mujeres? ¿Por qué se reconvierte? ¿Cómo se incrusta en las nuevas formas, costumbres, útiles, tecnologías, experiencias? ¿Por qué, ahora, se retrocede y se niega o se pretende volver a esconder y a invisibilizar, negándola? Se resaltó lo que significó la dictadura franquista para el estatus social de las mujeres, la legislación y la moral que se impuso sobre las mujeres las retrotrajo 100 años atrás. Leyes que establecían la sumisión y una serie de violencias que sufrían muchas mujeres por una moral integrista que solo castigaba los comportamientos de estas. Recordaba en la Mesa a las madres solteras que mayoritariamente sufrían una violencia atroz. un rechazo social y con mucha frecuencia también un rechazo familiar doloroso. Con frecuencia la mujer que quedaba embarazada soltera pasaba a ser una persona de segunda clase. Una simple reflexión nos dice que si había una madre también había un padre, pero este no se le vejaba en la plaza pública, no se le acusaba ni rechazaba. No aparecía. Él estaba invisible, aunque muy posiblemente se supiera quien era y hasta esto le diera cierta admiración de machote entre sus amigos. También se hizo la reflexión de cómo iban las mujeres que sufrían de violencia a denunciar esos hechos si no existía ningún lugar donde acudir para sentirse protegidas. Hasta 1984 no hubo ninguna casa de acogida o casa refugio para las mujeres que no tenían ningún otro lugar donde ir si abandonaban la casa y al maltratador. En León la primera Casa de Acogida comenzó a funcionar en 1987. Los medios de comunicación informaban de los asesinatos pasionales, todos por amor, mucho amor, te mataban de puro amor; se publicaban en el periódico
El Caso y otros medios de comunicación y más parecían una aviso ejemplarizante y una forma de disciplinarnos para todas, «mira que puede pasar si transgredes las normas». Y llegamos a la actualidad y las mujeres tienen que seguir enfrentando las violencias que persisten y las nuevas que van surgiendo. Una de ellas es el uso del término «feminazi», creado por un locutor conservador estadounidense y adoptado para desacreditar y silenciar a quienes defienden la igualdad. Comparar el feminismo con un régimen de odio y autoritarismo es una forma de violencia lingüística, igual que los insultos (puta, hija de puta...) destinados a denigrar y «poner en su sitio» a las mujeres. Lo más preocupante es que parte de la sociedad lo usa incluso con humor. ¿Humor? Y vemos como los avances tecnológicos vienen cargados o son utilizados para infligir o aumentar la violencia hacia las mujeres, desde las formas de exposición pública de replicación de un mensaje o de una foto, hasta las plataformas que promueven la venta de las mujeres, por partes (alquiler de mujeres para gestar) o como objeto. De las violaciones o agresiones sexuales hacia una mujer por un grupo de hombres, que se han multiplicado y además en determinados casos lo graban con los teléfonos móviles, para infligir no solo la violencia de ese momento si no una violencia continuada y permanente pues la mujer no sabe para qué se va a utilizar esa grabación; ¿Se la van a pasar a los amigos para mofa y escarnio? ¿La van a colgar en alguna plataforma para causar más escarnio y dolor?, ¿se van a juntar para reírse y hacer la típica complicidad entre hombres? ¿Para qué lo graban? O que des un sedante a tu mujer y se la ofrezcas a otros por redes, y que esos otros acudan... El horror de la violencia vicaria… Pero de verdad, ¿qué pasa? Esto no se va a resolver mientras no se cambie el foco, pasar de enfocar a las mujeres como víctimas y enfocar al sistema patriarcal (el hombre como centro de poder ) que sustenta esta violencia contra las mujeres. Esto no va a cambiar mientras todos los hombres no se comprometan para acabar con ella, esto no va a acabar mientras se le siga diciendo a las niñas y mujeres jóvenes que cuidado y no se les diga a los chicos y hombres que no, que eso no es de hombres ni de personas, mientras no se rompa esas complicidades con los hombres y entre hombres. No es un juego, no son machotes. No se va a acabar mientras los hombres puedan comprar el cuerpo de las mujeres y sea bien visto socialmente, la prostitución nos afecta a todas las mujeres, nos involucra a todas. Mientras no se haga Educacion para la Igualdad de verdad, sin afianzar los estereotipos. Mientras no se cambie el lenguaje, pues es en base a las palabras que conformamos nuestro pensamiento. No puede pasar otra generación para que estemos en el mismo lugar.