El centurión San Marcelo, patrón de León
El Santo Centurión, en distintas ocasiones, bien, solo, o, bien, en compañía de otros cuerpos santos de la ciudad, fue sacado en rogativa

San Marcelo, centurión adscrito a un escuadrón de la Caballería Astera de la Legión VII, es el patrón de la ciudad de León. Y desde el 25 de enero de 1983 lo es también de la Policía Local leonesa. Un arca de plata, labrada en 1627 por el platero leonés Hernando de Argüello, contiene sus restos. Colocada debajo del altar mayor de la iglesia puesta bajo la advocación del santo legionario, la imagen de éste, talla de Gregorio Fernández datada en 1628, es visible en el retablo principal de dicho templo. Está circundada por las efigies de su esposa, Santa Nonia, y de sus doce hijos. Son todas de 1722. Y se deben a Santiago Velasco, escultor leonés, autor de alguno de los bellos relieves que atesora el claustro de San Isidoro.
En el mismo altar mayor hay otras cuatro arcas labradas en el siglo XVII. Provienen del desaparecido Monasterio de San Claudio. Tres de ellas contienen las reliquias de Claudio, Lupercio y Victorico, los tres hijos mayores de San Marcelo, decapitados por mandato del prefecto Diogeniano, durante la persecución de los emperadores Diocleciano y Maximiano, el 30 de octubre de 303. Una cuarta, más rica en ornamentación, fechada en 1604, autoría del citado Hernando de Argüello, ampara las reliquias de San Ramiro, prior del monasterio benedictino. Éste y sus doce monjes sufrieron martirio a manos de los arrianos. La plaza Doce Mártires, ubicada en el barrio de San Claudio, recuerda su memoria. Por otro lado, el Santo Centurión se efigia al lado de San Isidoro, patrono del reino de León, en el ático del trascoro de la S. I. Catedral, obra del siglo XVI, de Esteban Jordán. Otras dos imágenes de ellos se encuentran también en las dos puertas de la verja de cierre del mismo trascoro, diseñada por Manuel de Cárdenas, materializada por Félix Granda y Buylla, orfebre y sacerdote ovetense, y sufragada en 1915 por el Conde de Cerrajería. Asimismo, podemos hallar a San Marcelo en la sillería del coro catedralicio, en la zona del Coro del Obispo, en una de las sillas altas [22], al igual que en una vidriera de la capilla de la Virgen del Camino de nuestro primer templo [2,B,1], confeccionada por Diego de Santillana entre 1507 y 1508, y, además, en un tablero superior, reconocible por un letrero, del lateral derecho del coro de San Marcos, finalizado en 1543, donde las improntas de Juan de Juni y de Guillermo Doncel son notorias. Las citas precedentes confirman que San Marcelo ha gozado siempre de una gran devoción entre la sociedad leonesa. De ello son testimonio fehaciente estas palabras del P. Risco [
Iglesia de León y monasterios antiguos y modernos de la misma ciudad, 1792, pg. 120]: «Don Ramiro el I, por satisfacer la devoción de los legionenses erigió una iglesia con el título de San Marcelo, que estaba al lado del Occidente, junto a la puerta del muro, que se dixo Cauriense…». Sustituida en el siglo XII por otra de estilo románico, su ostensible deterioro y la traslación de los restos de San Marcelo a nuestra ciudad el 29 de marzo de 1493, Sábado Santo, propiciaron la construcción de una nueva iglesia. Así, el 15 de mayo de 1588, Mons. Francisco Trujillo, obispo de León, el cabildo de la Catedral y la Corporación Municipal aceptaron el pliego de condiciones de la fábrica de este templo, rematada entre 1625 y 1627. Obra de Baltasar Gutiérrez y de Juan de Ribero Rada, fue inaugurado el 10 de marzo de 1628, por el prelado legionense, Mons. Gregorio de la Pedrosa. La Puerta Cauriense era uno de los cuatro accesos que tenía la muralla romana, muy próxima al enclave donde la tradición sitúa la vivienda del centurión Marcelo, esto es, donde se halla la actual capilla del «Cristo de la Victoria». El Excmo. Ayuntamiento de León es patrono de este oratorio restaurado en el siglo XIX. La portada actual, obra del arquitecto Demetrio de los Ríos, es una réplica de la portada del Perdón de la Basílica de San Isidoro, situada en el crucero sur y atribuida al maestro Esteban. Marcelo fue ejecutado en la subprefectura de Tánger, el 29 de octubre del año 298. Su pública defensa de la fe cristiana el 21 de julio anterior, ante las altas magistraturas romanas situadas en la tribuna establecida en el lugar donde hoy se
alza la iglesia erigida en su memoria, durante de las fiestas conmemorativas de los natalicios de los citados emperadores Diocleciano y Maximiano, desencadenó los hechos. Siglos después, Alfonso V de Portugal conquistaba Tánger en 1471. El hallazgo de una tumba en cuya lápida se leía: «Marcellus, mártir legionense», hizo posible la recuperación y el posterior traslado a nuestra ciudad de los restos mortales del santo centurión. Fue una iniciativa del rey Fernando el Católico, el Cabildo Catedralicio y el Concejo leonés, llevada a cabo por Gómez Díaz de Isla, abad de San Marcelo y dignidad catedralicia, comisionado para ello. Como ya quedó apuntado, el 29 de marzo de 1493, Sábado Santo, sus restos mortales llegaban a León. El Santo Centurión, en distintas ocasiones, bien, solo, o, bien, en compañía de otros cuerpos santos de la ciudad, fue sacado en rogativa para solicitar el beneficio de la lluvia o la remisión de episodios epidémicos. Así aconteció en 1501 y en 1586, en que se llevó a la S. I. Catedral por mor de la sequía. Y en 1599, al citado Real Monasterio Benedictino de San Claudio, a causa de la peste. El Marqués de Fuente Oyuelo en sus
Políticas Ceremonias dice que: «El cuerpo del glorioso centurión, mártir, San Marcelo, natural de esta ciudad, insigne por su constancia en la fe, y su valor en el martirio, (...) se venera colocado en lo alto del retablo, en arca rica de plata, cuyo nicho cierra una reja dorada, de quien tiene esta ciudad la llave, y en su nombre la guarda el Caballero Primiciero; y siempre que se ofrece abrir para sacar esta preciosa reliquia en alguna Rogativa de necesidades públicas, va a abrir y vuelve a cerrar, sin que se pueda ejecutar nada sin su presencia». En el siglo XIX, el Ayuntamiento de León, por distintas vicisitudes políticas y sociales, perdió el privilegio que suponía la custodia de la llave de la mencionada arca. Actualmente, una eucaristía en la iglesia de San Marcelo, con asistencia de la corporación municipal y el cabildo catedralicio, un pregón literario y la veneración de las reliquias de San Marcelo, completan el programa de actos. San Marcelo, Patrón de esta antigua Corte Reyes y de su Policía Local, es también testimonio leonés en el Martirologio Romano.