La ‘Corderada’ de Alcuetas: memoria personal de una tradición viva
Escribo estas líneas gratamente sorprendido después de asistir en más de una ocasión a la representación de La Pastorada Leonesa en la Ciudad del Pisuerga. El 18 de diciembre de 2025, en la parroquia de San Miguel de Valladolid, la Pastorada Leonesa volvió a cobrar vida de la mano del Coro Audinos. No fue un ejercicio de recreación histórica ni una mera propuesta musical: fue, para muchos de nosotros, un reencuentro con una tradición que conocemos desde dentro.
La dirección del coro corrió a cargo de Dª Verónica Rioja, los arreglos y armonización musical es obra de D. Guillermo López de La Mano. La dirección escénica se debe a D. Isaac Celestino Huerga Zotes que aprendió este auto desde niño en Ribera de la Polvorosa (León). En esta y otras actuaciones sucesivas, el Coro Audinos llenó los templos y se vio arropado por el calor del público que en su mayoría desconocía la existencia de La Pastorada. El acto tuvo además un fuerte componente emotivo. La Fundación Joaquín Díaz y la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid entregaron a la Asociación Cultural El Cerro, de Alcuetas, una placa en la que junto a las palabras de reconocimiento reproduce la fotografía de los pastores que, hace cuarenta y cuatro años, representaron la
Corderada en ese mismo templo. La imagen no era un simple recuerdo, era la prueba material de una cadena de transmisión que no se ha roto. En el archivo que conserva David García Alonso (Tato) se recoge la relación de aquellos intérpretes, todos ellos pastores de oficio, transmisores por tradición del texto de la Corderada. Nombre que se da en la comarca a la Pastorada. Los pastores de entonces procedían de Alcuetas, Fáfilas, Villabraz, Castilfalé y Zalamillas, según la costumbre vigente en Los Oteros por la cual, si en un pueblo no eran suficientes actores, se acudía a los vecinos. La obra no se entendía sin ellos porque no se trataba de teatro, sino de un acto devocional ligado al oficio. Cuando en 1981 aquel grupo vino a Valladolid, la
Corderada era todavía un rito religioso pleno. Sólo se representaba cuando un devoto ofrecía la cordera para cumplir una promesa, o pedir algún favor a la Virgen. Para los pastores, mientras el oficio tuvo sentido económico y social, la corderada fue un acto sagrado. Me percaté de ello cuando acompañé a Joaquín Díaz, a tratar con el grupo que vendría a representar la obra en Valladolid. Lorenzo Pellitero, como portavoz del grupo, nos lo dejó claro: «¿Quién ofrece la cordera y con qué motivo? Esto es muy serio. Para lucirnos no vamos a ninguna parte». La frase resume el valor religioso y gremial de este auto. Perdido el carácter cultual, la puesta en escena de 2025 responde a un deseo legítimo de recuperación y difusión, pero conviene no olvidar su origen. El pastoreo antiguo afortunadamente ha cambiado, y de él solo permanece la memoria de una forma de vida dura y marginal. Aunque la estructura de La Pastorada Leonesa es sobradamente conocida, permítaseme hacer un breve resumen de sus partes que en otro lugar hemos dividido en dos. Una central y otra compuesta por materiales de aluvión. La primera en la que se puede rastrear un texto original trasmitido con pocas alteraciones, probablemente por escrito, y que consta de un cantar de entrada con la descripción de la ofrenda, que se ejecuta a lo largo del pasillo central del templo, la vigilia de los pastores tumbados en el presbiterio, las disputas entre dos de ellos, las migas compartidas, el anuncio del ángel y el camino a Belén encabezado por el Mayoral. A ese núcleo se fueron añadiendo con el tiempo, bailes, romances, textos procedentes de villancicos que varían en número y texto de un pueblo a otro, por eso cada localidad piensa que su manuscrito es único y el más antiguo, y le sirve de refuerzo identitario navideño. A menudo he oído decir por algunos responsables culturales de los pueblos que la pastorada se representa en sus localidades desde hace más de trescientos años. Obviamente son deseos bienintencionados, pero sin rigor histórico ninguno. Los primeros manuscritos son de la década de 1870. Desde entonces se multiplican los cuadernillos que se conservan. No hay texto único ni original. Hay tradición viva, y eso implica cambio, adaptación y, a veces, contradicción. En la representación de Alcuetas en Valladolid las bóvedas de San Miguel resonaron con los villancicos y los balidos simbólicos de la cordera. Hubo incluso un gesto de cortesía hacia la ciudad. Uno de los protagonistas cantó una estrofa que unía a vallisoletanos y leonesas: «Buenos cangrejos que trae el Pisuerga/ buenos los tiene también el Bernesga». Alcuetas fue un eslabón más en esa cadena, pero un eslabón decisivo en los años ochenta. No salvó una tradición perdida —en León no lo estaba—, pero contribuyó a afianzarla y a proyectarla por diversos lugares. Alcuetas conserva dos versiones claramente distintas, y en esa diferencia se percibe la lógica de la tradición: no se repite, se transforma. Desde mediados del siglo XX, la Pastorada Leonesa ha sido objeto de numerosos estudios, sobre todo desde la antropología y el folclore. No siempre se ha entendido que uno de sus valores fundamentales es precisamente su carácter local y mutable. Cada pueblo ha defendido su versión como la verdadera, cuando en realidad todas lo son, o no lo es ninguna. La versión presentada este año por el
Coro Audinos se suma a otras ya emblemáticas y confirma algo que quienes conocemos la pastorada sabemos bien: La Pastorada, Corderada, Cordera, los Villancicos —con todos estos nombres era conocida tradicionalmente— es una de las expresiones más valiosas del teatro religioso navideño peninsular. Desde mediados del S. XX se han multiplicado los estudios, pero aún falta una mirada de conjunto que la sitúe en el lugar que se merece. Seguirá viva mientras haya quien la cante respetando todos sus valores, entre los que no hay que olvidar el respeto a la tradición y reconocimiento a una verdadera obra de arte culta que pasó al pueblo y se extendió por las parroquias de la antigua Diócesis de León en las provincias de León, Zamora, Valladolid y Palencia.