Noventa años después del 36, sin querer ofender, la verdad sea dicha
Cuando un empresario, responsable, quiere conocer la situación real de su empresa, se despoja de prejuicios y analiza, a fondo, el debe y en el haber

Hace treinta años, un equipo de historiadores de varias universidades españolas, contratados para sacar adelante una gran enciclopedia, escribieron en su introducción: «Pedirle a un historiador que carezca de ideología, o que evite cualquier tipo de inclinación o rechazo hacia los protagonistas, individuos o colectivos, del periodo que estudia es inútil, y si el historiador afirma que trabaja con esa falta de ideología y de pasión miente, consciente o inconscientemente. Esto es tan válido para la historia de la antigua Grecia, como la de la Baja Edad Media o la del periodo napoleónico. Hoy puede hacerse investigación rigurosa sobre la Guerra Civil, lo que entonces sucedió ya no es arma útil para la lucha política actual y realmente son pocos los historiadores que pueden obtener un beneficio con la tergiversación, el público que quiere una historia manipulada es ya muy reducido».
¿Qué les parece…? Este texto, de los «expertos», primero dice: «es imposible encontrar un historiador que trabaje con falta de ideología y de pasión…», y cuatro líneas después afirma: «lo que sucedió en la Guerra Civil ya no es arma útil para la lucha política…». ¡Vaya buen ojo! Tremendo es seguir leyendo a estos «sabios» que, sin rubor, afirman: «El triunfo de los sublevados en la Guerra Civil, y el consiguiente nacimiento del nuevo régimen implica la interrupción de la práctica democrática. En este sentido, se produce un paréntesis en el normal desenvolvimiento de la vida política española». ¿Normal desenvolvimiento de la vida política española desde el 31 al 36…? ¡Por favor, catedráticos historiadores, no mientan, no sigan encharcando el campo de juego! ¿Tendremos que escribir la historia los contables, las personas honestas que no tenemos otro interés que el conocimiento de la verdad? Luego, dicen: «La transición que se opera a partir de 1975 significa volver a los principios de la democracia liberal que presidían la vida del país del 1931 a 1936». ¿Cómo es posible escribir esta majadería? Mienten, y quieren engañar, tratan de enfrentar monarquía y república diciendo que la primera es mala y la segunda benemérita, que los republicanos son demócratas y los monárquicos dictadores. A estos «catedráticos de secano» hay que decirles que: La Segunda República Española tuvo poco de legal, legítima y democrática, no buscó ni logró un suficiente entendimiento con los unos ni con los otros. Lo que sí hizo fue promover las discordias, los enfrentamientos, las violencias, los miedos y las injusticias. Desde el 14-4-1931 hasta 1-4-1939 hubo 26 gobiernos. Unas simples Elecciones Municipales, las del 12 da abril de 1931, por fuerza de la presión callejera de los revolucionarios (más que por la legalidad del triunfo de unos votos que ni siquiera fueron bien contados), causaron el advenimiento de la Segunda República Española y el final de la Monarquía, es decir: un cambio de régimen. Utilizando esta «lógica», tan aplaudida hoy, cabe preguntarse: ¿Por qué después de las Elecciones Municipales y Autonómicas del 28 de mayo de 2023, con la derrota de las izquierdas, sin pucherazo, no ha dimitido el Gobierno de Sánchez? Franco está presente, la izquierda no quiere olvidarlo. Los no creyentes hacen lo mismo con Dios, no paran de nombrarlo aunque sólo sea para insultar a los que sí creemos en Él. Contra Franco se hace realidad lo de «a moro muerto gran lanzada». Dictar leyes que van contra la lógica y el buen sentido común es propio de cualquier gobierno avasallador. Bonaparte dijo: «Hay tantas leyes que nadie puede estar seguro de no ser condenado por alguna». La Historia hay que leerla bien, con los mismos principios, métodos y reglas que se emplean en las ciencias empíricas, en la contabilidad. Cuando un empresario, responsable, quiere conocer la situación real de su empresa, se despoja de prejuicios y analiza, a fondo, el debe y en el haber. Si sólo se fijara en el haber llegaría a creerse millonario. Fray Luis de León, dijo: «Es como natural a los ricos injustos ir poco a poco comiendo las heredades de los pobres que lindan con la suyas, mudándoles los mojones y términos». Y Rabindranath Tagore: «El poder considera ingratitud los gemidos de sus víctimas»; «Interpretamos mal el mundo y luego afirmamos que nos engaña»; «El hombre levanta murallas contra sí mismo». Les recomiendo la película
Mr. Smith Goes to Washington (En España Caballero sin espada), de 1939, dirigida por Frank Capra y magnífica interpretación de todos los actores, en especial James Stewart y Jean Arthur. Verán en ella la política de la mentira, el engaño, la ambición y la corrupción a la que se enfrenta el «caballero sin espada» con la verdad y su idealismo. Más de una vez sus «colegas» senadores le llaman quijote, se burlan de él, de su ingenuidad, de sus molinos de viento... La verdad nunca es un gran negocio, pero decirla y defenderla es un enorme placer, un gran lujo que sólo está al alcance de pocas personas. Hablar, escuchar, discutir, respetar y analizar los argumentos de los oponentes es lo más democrático, civilizado, progresista. Para un servidor es evidente que tales cosas no significan nada en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán, Corea del Norte, Rusia, China y, desgraciadamente, tampoco para el señor David Uclés. Estoy de acuerdo con Arturo Pérez Reverte y Jesús Rodríguez Vigorra. Con toda Burbialidad.