Diario de León

Rogelio Blanco

Escritor

El régimen franquista (1939-1976): anomalía politica occidental

Franco fue un dictador apoyado por sectores civiles y religiosos silentes y un sistema judicial sedicente

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Se cumplieron en otoño 50 años de la muerte de Franco, personaje controvertido. Una efeméride que atrae atención; de ahí que se desea, tras este resumen, atender algunos datos significativos a fin de desafiar bulos y tergiversaciones; se trata de un sucinto recuento en el espacio que se dispone.

Tras una guerra fratricida (1936-1939) generada por un atentado contra un orden democrático establecido por parte de fuerzas e instituciones militares, civiles y religiosas devine una dictadura de 35 años. Un régimen denominado nacionalcatólico o, sarcásticamente, «democracia orgánica». No fue un periodo uniforme. Una primera etapa, de 1939 a 1948, las fechas señalan el final de guerra civil y victoria de los golpistas, así como inicio y fin de la II Guerra Mundial y el fin de las dictaduras europeas relevantes, fascismo y nazismo —solo se mantiene el Portugal salazarista— y culmina en 1948 con la declaración del final de estado de guerra.

Tras la finalización del conflicto bélico se continuó en un régimen sin garantías jurídicas que supuso la muerte de 150.000 personas; a este número deben agregarse las causadas por una gran hambruna de la que se sabe su existencia y la intencionada carencia de datos. El racionamiento se prolongó hasta 1952. Los historiadores fijan la cifra de muertos entre 200.000 y 500.000 por mor de malas cosechas, guerra europea, desastre de infraestructuras, bloqueo internacional y sobre todo por la socorrida excusa de la «pertinaz sequía». El hambre y la inanición alcanzó a 200.000 seres. La cifra de desaparecidos alcanza los 30.000 y los fallecidos en cárceles y campos de concentración —mal llamados de Trabajo— dadas las condiciones materiales y hacinamiento, alcanzó los 15.000. 194 fue el número de campos de concentración que acogieron 400.000 presos; el último se cerró en 1947 (Miranda de Ebro). En León había cuatro y ramificaciones, siendo significativo san Marcos, de los que se extraía mano de obra barata a beneficio de empresarios proclives al nuevo régimen.

Hasta 1960 no se logra la renta per cápita de 1935. Los pretendidos 1000 $ per cápita por parte de los ministros tecnócratas no se logran hasta 1969. La situación la agrava la destrucción de viales, cabañas ovina y caballar o las infraestructuras industriales. El modelo económico, obligado por bloqueo internacional, es el autárquico —recurso económico propio de dictaduras para sufrimiento del pueblo— de modo que los indicadores económicos de 1936 no se logran hasta 1959.

Las pérdidas alcanzan a la enseñanza: 15.000 maestros y más del 50% de los catedráticos universitarios; en concreto, 279 de 580. El objetivo franquista era «desmochar la Universidad», «aniquilar la semilla de Caín». Dentro del cuerpo funcionarial se represalió el 35% de los empleados públicos.

Los datos se han de acompañar de reflexión. Este breve y dramático apunte refleja una realidad muy alejada de la generosidad de los vencedores. En Roma se decía que la grandeza moral de un general se manifestaba tras la victoria en su comportamiento con los vencidos; en el caso español los vencidos, siendo hermanos, recibieron ensañamiento, fueron exiliados, difamados, silenciados o aniquilados; para ello el franquismo se caracterizó por la estricta unidad de una religión, un partido y todo al mando de un caudillo. Es la dictadura militar, católica, fascista —denominada nacionalcatólica— nacida ilegítima —golpe de Estado— en una guerra fratricida que no concluye el 1 de abril de 1939 —sí la oficial— pues el ejército permanece en campaña hasta 1948. El modelo ordena Cortes con representantes fieles e idóneamente seleccionados que elaboran leyes ad hoc, mas Franco se reserva la aprobación o negación: «Corresponde al Jefe del Estado la suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general», prerrogativa que mantuvo hasta su muerte. Un modelo de imagen para el exterior en un suelo «regado con la sangre de mártires de la gloriosa cruzada y liberado por el Caudillo por la gracia de Dios».

De 1948 a 1958, se pudiera fijar una segunda etapa caracterizada por el bloqueo internacional y la autarquía económica, el estraperlo y la corrupción, más la fuerte inflación. Los primeros años de la década de los 50 la situación económica era caótica y en numerosos momentos amenazaba la bancarrota. Según el hispanista norteamericano, Richard Herr, «dos palabras caracterizaban la situación: el estraperlo y el enchufe». A partir de 1958 llegan los ministros tecnócratas —desciende el número de militares y falangistas en el Consejo de ministros— y del Opus; de igual modo, se activa la emigración y llega capital exterior. Asistimos a un segundo franquismo, más tranquilo y asentado gracias a los acuerdos con Estados Unidos por los que expone sumisamente a España – a pesar de manifestar la inquebrantable soberanía— a cambio de reconocimiento más el Concordato con el Vaticano por el que cede presencia en la educación y en la censura. Cesiones, en el segundo caso, que no evitaron enfrentamientos en la última etapa del dictador. En esta década empieza a manifestarse el descontento social, a organizarse los partidos y a recibir opresión, también al descontento de los empresarios hartos de tanto intervencionismo estatal y burocracia caótica. La consideración de que los españoles —más súbditos que ciudadanos— canalizaran las inquietudes a través de la familia, el municipio y el sindicato no satisfacía; a pesar de la aparente apertura y cierto reconocimiento internacional.

A partir de 1960 se suceden las huelgas obreras y universitaria —también la represión— llega el turismo y se proclama el Spain is different! Se celebran los «25 años de paz», pero nada se dice del exilio ni se atiende la voz de los vencidos. Se aparenta apertura y presume de resistencia frente a las amenazas continuas del judeo-masónico-comunismo-internacional, pero, de 1956 a 1975, Franco declara once estados de excepción, de los cuales cuatro eran nacionales, a la vez que el dictador proyectaba imagen de quietud en la práctica de sus tareas favoritas: cazar, pescar y pintar. Se realizan referéndums con resultados previsibles y optimistas: gran participación electoral y aprobación de lo propuesto por más del 95% de los votantes, mientras se rechaza el ingreso de España en la Comunidad Europea y Otan e inicia la última etapa del franquismo.

Hacía tiempo que las democracias occidentales había vencido los modelos dictatoriales, que los países democráticos se impulsaban en fuerte desarrollo social y de libertades, mientras la España de Franco —también Portugal— se mantenía como una anomalía política en el contexto occidental. Un modelo que sostiene hasta el final, pues lo rubrica con más penas de muerte y represión, permitiendo los «pelotazos» de los familiares y próximos que en algún momento reflejan un evidente modelo clectocrático. Franco fue un dictador apoyado por sectores civiles y religiosos silentes y un sistema judicial sedicente dentro de un mundo, el occidental, garante de derechos y libertades.

Ya han pasado 50 años de la muerte del dictador, tiempo suficiente para saber e interiorizar que somos ciudadanos y como tales en un sistema democrático tenemos cabida con diferencia de opiniones, pero que estas diferencias no cabrían en el dictatorial. Ha pasado tiempo y se ha de saber. La ignorancia adormece, pero no cura.

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