DISTINTAS FORMAS DE VER LEÓN
Ciento veinte años de servicio a la información

Sin duda, para la ciudad de León y su provincia lo más relevante que ocurrió en 1906 fue la fundación del Diario de León; esa es la conclusión a la que he llegado después de explorar fugazmente en lo sucedido ese año, aunque es cierto que no faltaron hechos y acontecimientos que también tuvieron transcendencia para la provincia de León, y que fueron fielmente reflejados como noticias destacadas en el rotativo; de ellos, uno de los más relevantes fue la celebración en León del 5º Congreso de la Federación Agrícola de Castilla La Vieja, en los últimos días de septiembre y primeros de octubre de aquel año, cuando la tirada del Diario de León llevaba apenas siete meses. Recordar la celebración de ese congreso evidencia la importancia que ha tenido en la provincia de León el sector agrícola, importancia que continua teniendo y que esperamos y deseamos que así siga en el futuro; esperanza que mantenemos pese a los malos augurios que en estos días y ya desde hace tiempo transmiten a la sociedad los agricultores y ganaderos por unos acuerdos que promueve la Unión Europea para abrir el mercado de los socios comunitarios a productos agropecuarios importados de los países del Mercosur, cuya producción se denuncia que no cumple, ni mucho menos, las exigentes normas que, sin embargo, obligan a nuestros agricultores y ganaderos.
Pero también el año de fundación del Diario de León se enmarca en una época de gran desarrollo de la minería del carbón y del ferrocarril vinculado al transporte del mineral, de lo que hoy ya prácticamente solo quedan vestigios, y no se sabe por cuánto tiempo, pues el paso de los años y la vandalización, que también ayuda, están contribuyendo a desfigurar lo que en otros tiempos fueron estructuras industriales que hoy, en el mejor de los casos, solo cuentan con un reconocimiento formal como Bien de Interés Cultural, lo que no impide su progresiva degradación, como ocurre con el lavadero de carbón de La Recuelga, en el municipio de Páramo del Sil, sobre el que hace escasas semanas nos hemos pronunciado desde la Procuraduría para pedir a la Administración que actúe en favor de su conservación conforme exige la normativa de protección de los bienes así declarados. Pero la casualidad, que también manda, ha querido que el día en que escribo estas líneas el centenario diario dé noticia de la voladura de las dos chimeneas de la central térmica Compostilla II, que hasta ayer mismo se erguían orgullosas de un pasado que no va a volver, al menos como lo conocimos hasta hace algunos años. El espacio dispuesto para recordar la efeméride que celebramos este año es limitado y, por tanto, debo avanzar mucho en el tiempo, y echar una rápida ojeada al pasado para reconocer acontecimientos que han marcado nuestro futuro; mirada que me lleva a la construcción de los pantanos en distintos enclaves de la provincia de León, a lo largo de dos décadas, cuando ya habíamos atravesado el umbral situado en la mitad del pasado siglo; de lo que, con toda seguridad, el Diario de León en los momentos más cruciales actuó como fiel fedatario. Fueron -a la vista están- unas obras faraónicas, pero que produjeron dolor, pues muchas personas, habitantes de pueblos de la montaña leonesa, tuvieron que dejar sus casas y sus formas de vida, dolor que el paso de los años ciertamente va acallando, lo que, sin embargo, no debe ocultar que las generaciones actuales todavía sigamos estando moralmente en deuda, pues fue mucho el sacrificio que, en nombre del progreso, aquellas familias tuvieron que soportar; un sacrificio que es justo que sigamos reconociendo y valorando a día de hoy por cuanto ha contribuido a que la prestación del servicio de abastecimiento de agua a miles y miles de personas sea regular y continua; y que también ha hecho posible el riego de miles de hectáreas de cultivo y, con ello, la creación de riqueza que ayuda a mantener vivo el medio rural, más allá, incluso, de la provincia de León. Es más, en estos días, cuando apenas hemos dejado atrás la prolongada oleada de intensos temporales, podemos percibir lo importante que es contar con una red de pantanos para regular los caudales y controlar las grandes avenidas, algo que nadie discute, como tampoco admite discusión la necesidad de que los embalses sean conservados en las mejores condiciones, no solo para garantizar su funcionalidad, sino porque lamentablemente ya hemos sufrido las trágicas consecuencias que se producen cuando quiebran sus estructuras. Tampoco se puede pasar por alto el que creo que ha sido, sino el mayor, uno de los más trascendentales acontecimientos que han sucedido en nuestra provincia a lo largo de este periodo de tiempo, ya dilatado, en que el Diario de León ha estado presente en las vidas de los leoneses. Me refiero a la creación de la Universidad de León, en el año 1979, y en ese reconocimiento creo ser objetivo y no estar influido por mi condición de miembro de la comunidad universitaria desde hace décadas, pues indiscutiblemente la Universidad ha aportado mucho valor a la sociedad leonesa; hasta el punto de que León no sería lo que es hoy, desde cualquier óptica que se mire, sea cultural, social, o económica, si no hubiéramos contado con la Universidad de León, su progresiva expansión, su vocación de excelencia y su voluntad de estrechar lazos con la sociedad a la que se debe. Una trayectoria de casi medio siglo que está llamada a continuar, a la que el Diario de León le ha dedicado la atención que merece, informando no solo de los grandes hitos que la han jalonado desde su creación, sino también de hechos más cotidianos, pero que, sin duda, contribuyen a proporcionar la solidez de la que goza nuestra Universidad. Reservo las últimas líneas de esta pequeña contribución a tan rotundo aniversario para expresar un doble agradecimiento al Diario de León; primero por haberme invitado a formar parte de la nómina de personas que han sido llamadas a glosar, cada uno desde su propia perspectiva, los ciento veinte años que el decano de la prensa leonesa ha dedicado a informar y a formar opinión. Pero también debo agradecer la ayuda que el Diario de León y, para ser justos, todos los medios de comunicación, prestan al Procurador del Común, con la información que día a día nos aportan, pues ellos y las personas que nos presentan sus quejas, constituyen el cordón umbilical que nos conecta con una realidad que estamos obligados a mejorar con nuestro trabajo diario. Por ello y por mucho más, deseo y auguro al Diario de León, cuando menos, otros ciento veinte años de existencia.