Diario de León

Rafael Sánchez Sánchez
Concejal de Cs en San Andrés del Rabanedo y portavoz de Unidos por San Andrés (UXsA)

Concejal De Cs En San Andrés Del Rabanedo Y Portavoz De Unidos Por San Andrés (Uxsa)

San Andrés, tres años sin rumbo y el síndrome de la oposición rentable

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Faltan pocos días para que se cumpla el tercer aniversario de la victoria de la Unión del Pueblo Leonés (UPL) en San Andrés del Rabanedo, y nos encontramos a un año de las próximas elecciones municipales. Tres años son tiempo suficiente para hacer balance. Y la conclusión, para quien haya seguido la vida municipal con atención, no puede ser más decepcionante.

No porque gobernar sea fácil, sino porque las promesas fueron grandes y los resultados, escasos. Proyectos anunciados a bombo y platillo que siguen paralizados. Inversiones prometidas que no han llegado. Servicios públicos que, en el mejor de los casos, se mantienen como estaban y, en el peor, han empeorado. Uno de los rasgos más llamativos de esta legislatura es la paradoja que encarna el equipo de gobierno de la UPL: no tiene mayoría suficiente para imponer su agenda, pero gobierna en minoría como si la tuviera, es decir, sin contar con nadie y, curiosamente, sin una oposición que le ponga freno con eficacia. Administra el día a día en un cómodo limbo político, con una oposición, en su mayoría, que fiscaliza solo de palabra y de cara a la galería, pero que no actúa. ¿Cómo se explica esto? La respuesta es incómoda pero necesaria: el cálculo político lo envenena todo. Hay quien monta el espectáculo pleno tras pleno buscando titulares, sin propuesta real detrás. Hay quien exige hoy lo que ignoró cuando tuvo poder. Y hay quien se refugia en la radicalidad como sustituto de la política útil. El resultado es siempre el mismo: una oposición que antepone su rédito electoral a la obligación de fiscalizar. Los números para una moción de censura están. Lo que falta no es aritmética, sino voluntad de cambiar las cosas. Y sin embargo, nadie da el paso. No es que no seamos capaces de ponernos de acuerdo: hemos demostrado sobradamente que, cuando queremos, sumamos mayorías para reprobar, censurar o exigir dimisiones. El problema es más sencillo y, a la vez, más grave: casi nadie quiere de verdad presentarla. No es un fenómeno exclusivo de San Andrés. Lo que podríamos llamar el «síndrome de la oposición rentable» está muy extendido en la política local: es más cómodo señalar los errores del que gobierna desde la barrera que asumir el desgaste de gobernar. Hablo desde la experiencia propia. En junio de 2022, este concejal que hoy les escribe propuso a los grupos en la oposición de entonces —PP, UPL y VOX— una moción de censura para poner fin a la deriva del gobierno socialista. Los números daban, los votos estaban ahí para sacarla adelante. Sin embargo, todos respondieron con la misma excusa: «sí, pero no». No querían asumir la responsabilidad de gobernar, pero tampoco deseaban el desgaste de rechazarla abiertamente. Aquel pasotismo —y en particular el del PP, convencido de que ganaría las elecciones sin mover un dedo— lo aprovechó meses después la UPL para alzarse con la alcaldía, haciendo realidad el viejo dicho: «si te sientas a la orilla del río, verás pasar el cadáver de tu enemigo». Hoy la historia se repite. Mientras los partidos de la oposición calculan pensando en mayo de 2027 y esperan su turno con el lema tácito de «cuanto peor, mejor», quienes pagan el precio real son los vecinos de San Andrés del Rabanedo. Porque la política municipal es la más cercana a la vida cotidiana: decide si tu calle está en buen estado, si tu hijo tiene una plaza en la escuela infantil o si el polideportivo funciona. Cuando la política local falla —por incompetencia del gobierno o por cobardía de la oposición—, quienes sufren no son los partidos, sino los ciudadanos que pagan sus impuestos esperando resultados. Tras tres años de un gobierno débil —un «gobierno zombi» incapaz de transformar nada—, sostenido artificialmente por una oposición que prefiere la comodidad a la responsabilidad, las consecuencias son concretas: el Polígono Industrial de Trobajo sigue sin un plan de mantenimiento digno, el Edificio Arau permanece abandonado y con riesgos para la seguridad, y los fondos del Acuerdo Marco con la Junta siguen sin ejecutarse. El cálculo es obvio: ¿para qué asumir el coste político de gobernar durante un año cuando se puede esperar a las elecciones? La democracia local tiene herramientas para corregir esta situación. La moción de censura existe precisamente para eso: cuando un gobierno ha perdido la confianza de sus vecinos y la capacidad de gestionar. Pero una herramienta que nadie utiliza no sirve de nada. No seré yo quien tire la piedra y esconda la mano; por eso, si algún grupo mayoritario presenta una moción de censura con un proyecto político y propuestas para desencallar San Andrés del Rabanedo, tendrán mi voto a favor. La verdadera cuestión no es por qué la UPL gobierna como si tuviera mayoría. La verdadera pregunta es por qué la oposición actúa como si no la tuviera.

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