¡Ánimo, señor Pedraz!
«Ánimo, señoría», y lo extiendo al resto de los jueces que resisten al reptil golpista que estrangula sigiloso al torpe cordero del Estado de Derecho: Supremo, Anticorrupción, UCO y Udef

Le creíamos un playboy de juzgado de guardia, un narcisista con puñetas, más empeñado en lucirse en las portadas de las revistas del cuore que de barrer las telarañas de las salas de audiencia. Le creíamos más pegado a las faldas del zurderío que a las azulescas; más afanado en multiplicar su reservorio de novias de temporada que resolver con diligencia los expedientes en su mesa de despacho.. . y descubrimos con admiración y regocijo que aspira y pretende ser nuestro juez Falcone, nuestro león justiciero. La garra de hierro que aplaste al reptil de la pudridera de la PSOA (partido socialista obrero antiespañol) que es como decir la mafia a la española, que se ha infiltrado por las rendijas de todos los baluartes del Estado de Derecho
Hay personas que portan los signos de la excelencia y este juez los lleva: los externos, la melena felina, el desparpajo social, las dotes seductoras; y los internos; el coraje, la convicción, el valor para resistir la amenaza, el soborno, la traición. Y el anhelo de aspirar a una plaza de honor en la historia de la nación.
Parecía que... solo aspiraba a lucirse en las portadas, luciendo sus conquistas de playa... pero ahora nos descubre que detrás de su dorada cabellera y su mandíbula de espartaca se esconde un verdadero capitán trueno, un nuevo sidi campeador en esta España desolada por el golpismo líquido de la coalición frankenstein.
Don Santiago Pedraz ha sacado sus garras, ha extendido sus alas y se ha postulado a defensor de Numancia, a salvador de la patria. No como los «esparteros» de antaño, con el furor de los cañonazos, sino con los renglones de la Ley. He leído su cara y veo en sus ojos y en su quijada esa fuerza que distingue a los titanes, a los héroes que defienden la muralla. Todo ello le hará falta, (y el aliento de los doce millones de electores decentes que todavía quedan en este reino desolado por la inmundicia narcosocialista).
Con devoción lo proclamo: «ánimo, señoría», y lo extiendo al resto de los jueces que resisten al reptil golpista que estrangula sigiloso al torpe cordero del Estado de Derecho: el Tribunal Supremo, la Fiscalía Anticorrupción, la Audiencia Nacional, la UCO y la Udef son nuestras últimas salvaguardas.