Diario de León

Casimiro Bodelón Sánchez

Psicólogo Clínico

Ciudad de vergüenzas y de sin…

Recuperemos la educación, el respeto y el buen gusto, arrinconando a los «sin-vergüenzas»

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¡Ay, mi León!, que no naciste del parto de una leona ni mamaste de las ubres de una loba, sino de la estancia, reciedumbre y paso firme de las legiones romanas. Tú, ciudad legionaria, antaño acogiste a cientos de soldados en Puente-castro y hogaño sigues siendo lugar de acampada y formación castrense en el Ferral y en La Virgen del Camino. De tus raíces romanas y profundamente castrenses, siempre bien regadas por las aguas del Torío y del Bernesga, han nacido y han mamado educación disciplinada miles de mujeres y varones, que luego han sembrado con orgullo por el mundo entero su recuerdo de la «Pulchra, Virgen y Blanca».

Pulcro, pulcra y pulcritud, son palabras de origen latino, (pulcher, pulchra, pulchrum; pulchritudo: aseado, bello, bien parecido; belleza), que deberían coronar cualquier escudo de León y ser el reclamo turístico que mejor definiera a nuestra querida y noble urbe legionense, que no leonina. Yo reclamo, pido y suplico para León el título de «urbs pulcherrima», la ciudad más hermosa, así, en superlativo y en latín romano; pero, lamentablemente asisto a diario al triste espectáculo degradante, regresivo y en absoluto progresista, que ofrecen calles sucias, portones, paredes y puertas pintarrajeadas por doquier, balconadas como las de la plaza mayor o las murallas llenas de hierbajos y excrementos de palomas; veo que nuestros autobuses urbanos cada día son para usuarios de aquí, de allá y de acullá el espectáculo grosero de absoluta falta de educación cívica, como si fueran una papelera rodante. ¡Qué incultura y qué basura en multitud de terrazas, sembradas de colillas por el suelo! Señor alcalde o regidor de esta regia ciudad nuestra, ¿Usted se ha tomado la molestia de subirse, sin escolta ni protocolo, a un autobús urbano para saludar al chofer de turno y observar con sus propios ojos el panorama de los billetes tirados por el suelo? ¿el concejal de transporte urbano no tiene sensibilidad ante esta imagen degradante y paupérrima que ofrecemos al público diariamente? Cojan, señor alcalde y señor concejal, la línea 3, línea que va de Santo Domingo a la Universidad y comprobarán cómo hasta nuestros universitarios tiran por el suelo del bus sus billetes… y si esta degradación ha hecho mella en ellos, quiere decir que León ha dejado de ser «

Pulchra, Virgen y Blanca» para convertirse en sucia y lodazal impresentable, como si sus nieves y sus aguas cristalinas bajaran llenas de negro carbón y de escombros abandonados. Si el alcalde y sus concejales no salen del despacho para conocer sobre el terreno y solucionar esta degradación, no merecen estar al frente de esta ciudad milenaria, madre y nodriza de legionarios valientes, de soldados bien educados, de maestros extraordinarios y de escritores con pluma fina. Hoy abunda la coprolalia y la grosería. Volvamos a nuestras raíces sanas y nobles. Recuperemos la educación, el respeto y el buen gusto, arrinconando a los «sin-vergüenzas». «Sin» es una preposición que indica carencia o falta de algo; en nuestro caso, falta de educación y civismo. La RAE define el término «sinvergüenza» como «persona que se comporta con falta de ética, respeto, pudor, actuando de manera descarada, inmoral o aprovechada…». Si desde el Ayuntamiento se crean ordenanzas para evitar los excrementos de los animales en las aceras, ¿por qué, señor Alcalde y Corporación, no ponen remedio a esta peste degradante que se ha cronificado y nos envilece a todos, sin que la autoridad ponga orden? Somos más los que amamos a nuestra ciudad y a nuestra provincia, sin excluir a nadie más que a los que no nos respetan y ensucian la cara pulcra y bella que nos define desde el origen. Cuando usted, Señor alcalde, no atiende adecuadamente las necesidades de todos los ciudadanos, los que habitamos todos los barrios, está faltándonos al respeto, porque todos pagamos los impuestos que nos giran desde el Ayuntamiento. León es nuestra casa, no es el feudo de unos pocos. Necesitamos recuperar el tiempo perdido.

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