Barrio de Santa Marina: ¿ignorado o sustituido debido «al romántico»?
Algunos pensamos que el Ayuntamiento y otras instituciones deberían tomar medidas en pro de la defensa de esta identidad y realidad patrimonial

Arrasados por los incendios quedaron el pasado verano los montes de parte de las comarcas leonesas. Y este año continuamos. Las inesperadas lluvias torrenciales de primavera, dieron pie a enormes aluviones pues, por aquellas «quemas», no hay todavía manto de vegetación suficiente que «empape y sujete» sus aguas al terreno. Así en su lógico arrastre, de un lado, el caudal tiñe el terreno de la impermeable ceniza, con su tono «cisno» grisáceo. De otro, aquello que puede ir limpiando la lluvia, «aguas abajo» se precipita de golpe y genera aún más destrozo.
Antaño cosas como esto se sabían por la experiencia heredada. Esa tantas veces «recalcada» en conversaciones pues, no remediar, traía «estos lodos» y perjuicios a todos. Pero, hoy la tradición oral está en desuso. No se atiende a sus contenidos, o ésta se ha perdido, diluido u olvidado ¡y así nos va en tantos asuntos! Muchos de «los de hoy», son sorprendidos, como ocurre con las lluvias, por previsibles y obvias relaciones causa/efecto que ignoran. Entre otros motivos, por falta de «haberlo escuchado» y, ¡claro!, no han puesto remedio o lo adecuado para evitar el mal devenido que fuere. Buena parábola, cara a abordar también «la pérdida de memoria» en lo que atañe a una población. En especial, entre el vecindario, para aquellos menos curiosos o poco amantes de lo propio. Pero también en lo relativo a la atención a tantos detalles que, con el tiempo, han configurado el acervo de pueblos y ciudades. Una circunstancia prodigada cada vez más entre el paisanaje y no solo entre las generaciones más jóvenes. Las anécdotas, historias, refranes y tantos aspectos más de la tradición oral relacionados al lugar, poco o no se cuentan ya en tantas tertulias. Ni se atiende a ellos si surgen, como contraste a antaño, Si, cuando eran reiterativos y «tantas veces» escuchaban niños y demás presentes. Un diseño pedagógico secular, eficaz para transmitir sabiduría, que se halla herido de muerte. Algo así le ocurre al concepto «Barrio de Santa Marina» y a su presencia en el sentir popular de la vieja ciudad de León: «no se precisa su concepto cuando se alude a lo relativo al mismo». Una injusta situación que cercena su identidad histórica y que es común a territorios urbanos y parroquias como San Marcelo, San Martín, San Pedro, San Juan de Regla, el Mercado, San Lorenzo o Santa Ana, además de otros sub-barrios o parroquias desaparecidas. Todo un conjunto de paradojas para un casco histórico en el efervescente interés turístico. Máxime cuando, de un lado, la realidad histórica urbana se utiliza como imprescindible atractivo patrimonial. Pero que, en paralelo, sufre condena para una parte importante de aspectos esenciales de la realidad que lo sustenta, sin que casi nadie ponga orden con el necesario rigor. Algo que se une a un «acomodativismo» general y coloquial en relación a concretar y difundir su propia ubicación urbana y lo que significa y hace importante a estos barrios como Santa Marina. Con ello lamentablemente llega la invisibilidad, ignorancia o la disolución y el olvido de su existencia y valor patrimonial para vecinos y extraños. Así, «el romántico», desde no hace tanto, es área de vinos así conocida por muchísimos propios y extraños con ello desconocedores de su ubicación en el Barrio de Santa Marina, cargado de historia. Algo similar al «barrio húmedo» y San Martín. Y, algunos pensamos que, el Ayuntamiento y otras instituciones deberían tomar medidas en pro de la defensa de esta identidad y realidad patrimonial. Sobre todo, también divulgativas cuando se produzca mención —especificada— en folletos o promociones y, hasta también físicamente. Aunque fuera a través de unas simples placas de localización o explicativas en el callejero. A este injustísimo asunto de invisibilizar realidades históricas, nominales e identitarias de espacios urbanos del casco histórico de la capital leonesa, hasta se vinculan de algún modo el Corpus y la Semana Santa. Eso sí, de modo no pretendido y no por suerte por las cofradías del Barrio. Algunos cambios sobre su propia tradición —en los históricos eventos-, hechos o lugares —lógicos o ilógicos-, paradójicamente han contribuido a la situación. Desde siglos atrás, procesiones y manifestaciones públicas de fe han discurrido por un itinerario callejero local que recorría sus centros monásticos: «La ruta de los conventos». Permitía estación en cada uno y veneración a las comunidades religiosas en los barrios citados. En concreto, la procesión del Corpus repartía y reparte itinerario y se dice que, los años pares, «va por Santa Marina», mientras los impares «por El Mercado». Pocos saben hoy que, desde la Catedral y hasta el retorno a la calle Ancha se discurre por Santa Marina y sus antiguos conventos —varios desaparecidos-. Hecho que «era por algo» aunque, del conocimiento de los porqués de estos y otros detalles por «el personal» local —incluido el entusiasta del «paponeo»—, ya ni hablamos. Pero, obviar la precisión geográfica, redunda en lo expuesto en Barrio, además, tan de Semana Santa. Hasta no hace tanto, la costumbre imponía que el Corpus pasase por la calle Santa Marina y ante el pórtico de piedra existente, hoy cegado acceso al patio de «La Casona de Puerta Castillo». Por cierto, otrora solar vergel de frutales, grandes castaños y nogales, además de maleza, tras artística puertona de madera, muy deteriorada. Que, ¿quién se la llevó? ... Pero, ¿cuántos conocen el porqué de aquel paso por esa calle? Pues por haber sido la antigua parroquia y monasterio medieval de Santa Marina. Que, tras la expulsión jesuítica dieciochesca, pasó al flamante templo actual —hasta entonces, colegio jesuita de San Miguel y Santos Ángeles, donde se formó el Padre Isla y el Cardenal Lorenzana (también hijo del barrio)—. Y, ante ello, incomprensiblemente ¿por qué hoy ya no se pasa por allí? La tradición podría no romperse y continuar: solo para las gentes y los «pasines» mientras, los tronos grandes —¡ojo! que, la mayoría, cabían con alguna dificultad «por lo estrecho»—, pueden ir por «Ponce», como ya hacen. Antaño, también la «Procesión de los Pasos» —como prueban algunas fotos, en concreto, del Expolio—, pasaba asimismo por allí. Tales cambios en el protocolo procesional de «los noventa» han alterado la tradición y, desde entonces, «el niño de Santa Marina» deja de ser la imagen que tradicional y orgullosamente abría la procesión del Corpus, como referencia de su parroquia. Y así yo lo viví y pujé. Circunstancia que las jóvenes cofradías del barrio que, como parroquia, le acompañan ahora, sin duda, lograrán retornar «a su buen ser». Y así deshacer este no muy comprensible, rompedor a costumbre y reciente «orden procesional» marcado por otros criterios, no tradicionales e impuestos para permitir ajustar la situación de las, entonces, nuevas penitenciales. Lo que se unió a la falta de alguna presencia tradicional gremial, como entre otras San Eloy —gremio del metal—, San Antonio —ultramarinos—, o el Niño de Renueva. Cada Viernes Santo, las procesiones antes de hacer «parada» o «descanso» en San Isidoro, también lo hicieron en Santa Marina. Ambos templos propiciaron para el barrio un momento idílico de los hermanos: «el almuerzo» —que no «el desayuno» pues, el ayuno, se ha roto con el madrugador «cafetín»—. En el «no daban abasto» las churrerías —la mítica «de Santa Marina» en Puerta Castillo— y las tabernas y figones del barrio a base de bacalao regado de limonada para degustar «un judío». Momento al igual inolvidable por tantos retratos de familia con fotógrafos callejeros. Pues, nada, un barrio muy de Semana Santa, y que no pase desapercibido: ¡Felices Fiestas!