Diario de León

Enrique Ortega

Médico Psiquiatra Jubilado

Ser consciente o inconsciente. Esa es la cuestión

Se estableciera un día en la Cortes Generales titulado «Día del intercambio de papeles»

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Voy a utilizar términos con «significados polisémicos» para la ocasión. Al menos es lo que voy a intentar. Aclaro que se trata de utilizar el poder que emana de la Constitución para hacer buen uso de la crítica; no del insulto, que no procede dejarse llevar (aunque te lo pongan a huevo) por razones de ética y buen gusto, no de ganas realmente. Por ejemplo, ya sé que ser un inconsciente no quiere decir que sea lo mismo que el no ser consciente, pero tiene su aquel utilizarlo a discreción como antónimo. Así, sin ir más lejos, si el presidente del Gobierno actual no es consciente, no es conocedor del panorama corrupto establecido a su alrededor, ¿podemos calificarlo de ser un «presidente inconsciente e ignorante»?

Si el presidente del Gobierno está en Babia (al margen de la referencia a la bella región leonesa), ¿podemos etiquetarlo de «babieca»? Ojo, que hago la pregunta para aquellos expertos en filología hispánica. Lo mismo aplico a que si él ha calificado de «pájara» a Margarita y «pichona» a Begoña, ¿podemos deducir, siguiendo el modelo ornitológico, que él está hecho, o es, un «buen pájaro»? Continuando con el tema, si ese alguien miente, es decir niega la verdad, cambiando la versión inicial ofrecida por él mismo por otras según convenga, ¿podemos deducir que es un «falsario», «embustero», «impostor», «farsante», «mentiroso», según la RAE? Si además lo hace sin mover un solo músculo para la mímica necesaria al efecto, ¿podemos concluir que tiene una «cara de cemento armado»? Dado que un destacado político calificó al Gobierno de Sánchez de ser una banda, ¿cabe tildar a su gran jefe de ser un «gran bandido»? Si alguien traiciona principios fundamentales necesarios para el correcto funcionamiento de un régimen democrático porque no le cuadran bien sus cosas, ¿podemos concluir que es un «felón al cuadrado»? Si alguien se agarra (y amarra, de ahí viene lo de «amarrategui») al poder, cual garrapata a la piel, chupando del cuerpo social, desnutriéndolo y transmitiendo enfermedades, ¿podemos calificar al susodicho de ser un «parásito altamente peligroso» para la salud democrática? Si alguien utiliza actualmente a un «negro» para escribir un libro o una tesis doctoral, por poner un ejemplo, ¿podemos calificar a ese sujeto en cuestión de «negrero de última generación»? Si alguien, por el poder que le otorga su cargo, utiliza el mismo para manipular (o al menos intentarlo con ahínco) instituciones, leyes y representantes de las mismas, las tres, ¿podemos considerar que estamos ante un sujeto «manipulador elevado al cubo»? Si tal como le calificó uno de sus ministros, él es el puto amo, y dada su reconocida tendencia narcisista, ¿podríamos calificarlo de «puto narcisista»? Y si en muchas ocasiones se calla como un muerto cuando debería hacer lo contrario, ¿podemos concluir que «las mata callando»? Es más, si es doctor «cum fraude», según la valoración de un famoso comunicador, ¿podemos calificarlo de ser un presidente fraudulento, o mejor «fraudo rápido»? Ahora, unid todas las palabras entrecomilladas y veréis lo que ocurre… Y en cuanto al jefe de la oposición, con fijación y acento en la o, tened en cuenta que, en realidad, solo da la impresión que hace oposición oponiéndose a hacer de Oposición (en plan y consonancia con la idiosincrasia de lo gallego). Al final ya se verá lo que tenga que verse, dijo un ciego. Claro que convendría recordarle el dicho: «camarón que se duerme, se lo lleva la corriente». Y que no conviene que se quede «esperando a Godot», porque luego pasa lo que pasa. Yo le aconsejo, evocando a uno de mis paisanos ilustres, «que avive el seso y despierte», porque puede que le ocurra que «ojos que no ven, cartera que te levantan…» En lo referente a otros muchos «parlamentarios», hay quienes parlan sin ton ni son, que es como si les han dado cuerda y repiten lo mismo que se les ha sido grabado en su disco duro, o mejor rayado. Cansinos, que son unos cansinos. Hay quienes son «vende humo», y hay quienes se lo compran a buen precio, por cierto. Y hay quienes se sirven del humo para ocultar los trapicheos más o menos indecentes que se traen entre manos. A mí me gustaría que, lo mismo que hay un día para todo, es decir, por ejemplo, día del padre, de la madre, del abuelo, de la diferencia de ser diferente o del viernes que caiga en jueves, se estableciera un día en la Cortes Generales titulado «Día del intercambio de papeles», lo cual supondría que la oposición defendería al Gobierno, el Gobierno a la oposición, y el resto de Parlamentarios, trastocados sus principios basados, mayormente, en «depende», decidiesen que sus decisiones nunca fueran decisivas, más bien indecisas, pero que tendrían que defender lo contrario… Ya sé que se produciría una revolución en toda regla, y que algunos se volverían más confusos de lo que ya lo están, pero serviría, sin duda alguna, para una catarsis liberadora y muy beneficiosa, sobre todo para el pueblo que asistiría emocionado al evento. ¿Se imaginan a los separatistas defendiendo la unión, el entendimiento necesario entre diferentes culturas y territorios de España, dejando de lado egoísmos, pretensiones de primogenitura, constructos falsos e interesados de identidades diferentes, no solo en la forma, sino en el fondo? Yo lo propongo, ahí queda, pero me pega que, como no tienen sentido del humor y son muy sentidos en sus cosas, no lo van a instituir en su institución… Bueno, aprovechando la reciente visita del Papa, a lo mejor se deciden a aceptar aquello de «cada uno en su casa y Dios en la de todos…». Amén.

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