Cosas que pueden ocurrir
Dentro de la libertad de expresión hay zonas convergentes. Y muchas. ¿Por qué no se abordan y se ponen remedios?
Si los partidos políticos de hoy no son capaces de cambiar el sistema de las votaciones no arreglaremos nada. No puede ser que haya zonas/regiones/autonomías que saquen en proporción muchos más diputados con los mismos votos y luego, además, condicionen la orientación política nacional. Tiene que haber un arreglo más lógico y acorde para que ninguna autonomía se sienta perjudicada. Si ya no fuimos capaces de aminorar el número de autonomías, ahora enderezar el rumbo de algunas podrían ocasionar disputas interminables. ¿Por qué no se trabaja en un ordenamiento más uniforme entre las autonomías? Soy partidario de la alternancia en el poder, en ir de un centro derecha a un centro izquierda y viceversa, según lo vayan haciendo más o menos acertadamente. Eso eliminaría un sinnúmero de partidos de escasa o nula relevancia. Creo que esos dos grandes grupos englobarían a la mayoría de los votantes. Ya dejaríamos para esos otros más pequeños el ámbito de las alcaldías y de las propias autonomías. Lo que planteo se refiere, obviamente, al espacio nacional.
No parece razonable que haya políticos que se eternicen en el mando, por muy buenos que sean. Llega un momento en el que se creen los dueños de ese ministerio que presiden. Y para ello es conveniente y necesario que se acceda al puesto político desde un trabajo realizado con anterioridad, desde una experiencia conocida y reconocida. Más que nada para que llegado el momento se vuelva al trabajo anterior. Para eso, por supuesto, soy partidario de un máximo de ocho años en ese destino político. Está más que comprobado que el exceso de tiempo acomoda al cargo y vienen los subterfugios. Además, hay gente de sobra que puede desempeñar esa tarea con igual o mejor disposición. Claro, para esto, los puestos de libre designación —llámense asesores o enchufados— han de ser muy limitados. Para otras consultas están los propios funcionarios del Estado. Y posiblemente ha de remunerarse con unos salarios más espléndidos, pero lejos de esos planes de ahora de compensaciones post-trabajo. Cada cual vuelve a su anterior empleo y allí es donde ha de consolidarse su pensión futura. Sería ideal que esos políticos —sobre todo, los diputados o senadores o ministros— fueran expertos en la materia o parcela que se le asigne. Fuera ya las puertas giratorias y los privilegios. Fuera los tribunales de cuentas, etc. Para eso Las oposiciones al Estado son más que suficientes, sin necesidad de atender a tal o cual partido. Mucho se habla también de canales y periodistas adscritos a un determinado partido. Serían los clásicos fans o pelotas de turno. Y todo por dinero. Me parece que fuera del ámbito deportivo no pega nada, porque se ata uno a la sumisión de opinión. No puedo decir esto o aquello porque me juego una subvención o me expongo a que me veten, etc. Así no hay manera de avanzar en aras de la democracia. Las críticas pueden ayudar a coger el buen camino y, salvo errores humanos, lo demás entra dentro de la lógica. Si uno se ensaña con otro, que acuda al juez, pero el resto son gajes del oficio. Puse mi mejor voluntad y salió mal. Otro día acertaré. Hasta ahí podemos llegar. No se entiende muy bien que en cuestiones de interés general no haya consenso. Dentro de la libertad de expresión hay zonas convergentes. Y muchas. Entonces, ¿por qué no se abordan y se ponen remedios? Que nos lo digan. Veamos algunos ejemplos: es necesario el acceso a una vivienda digna, sea de alquiler o de compra. Pongámosle remedio. Los salarios acordes con el coste de la vida y que nos saque de la pobreza. Hagamos posible que salario y vivienda confluyan. El paro deja a muchos en la cuneta. Solucionemos este desajuste con incentivos para que sea mínimo el desempleo. Me valen estos ejemplos para que los políticos se pusieran manos a la obra y encauzaran estos desajustes cruciales, vitales. ¿Cómo? Siéntense y planteen soluciones. Pero ya. No puede ser que en estas cuestiones vitales no encuentren soluciones dignas, aceptables, reales… No todo puede tener una pronta solución, ni siquiera habrá solución para todo. Pero se puede avanzar mucho, se puede aminorar la enorme diferencia entre unos y otros. A bote pronto se me ocurre que si moderamos los sueldos millonarios de muchas empresas, se podría repartir entre otros. Todo se puede contener y no solo lo de las clases medias. Desde luego nos duele escuchar las cifras multimillonarias de tantos deportistas, en tanto muchos hinchas se endeudan por acudir a esos eventos deportivos o se privan de unas merecidas vacaciones. Y no vale decir que generan esas cifras aberrantes. Y si así fuera, con más motivo podíamos extraer de esos manantiales un mejor sueldo para quienes no llegan a final de mes. ¿Cómo? Disminuyendo las ganancias fuera de toda normalidad y redistribuyendo ese exceso en bajar el precio de los bienes necesarios para el día a día, para que haya más dinero para investigar, para que la vivienda sea menos costosa, para que nadie quede a la intemperie… Y sobre todo duele por ese despilfarro en armas que cuestan vidas. Quizás esto último sea lo más sangrante y mucho me temo que la mente de algunos iluminados nos lleve una y otra vez por esta senda de muerte.