Diario de León

Gonzalo Garcival

Periodista Y Escritor Leonés

Luis Zurdo Olivares, un curioso ferroviario y leonés de adopción

Un tipo extraordinariamente activo no sólo en el campo de los ferrocarriles —fue uno de los precursores de su sindicalismo— sino en la política como concejal en Barcelona

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En el día de hoy, mis estimados y pacientes lectores, me gustaría hablarles de un curioso y poliédrico personaje que, no siendo leonés de nación es como si lo seriese, que diría el castizo aquél. Y que un tiempo de su vida residió en la capital leonesa, donde estuvo destinado, en su calidad de maquinista por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. Su nombre, Luis Zurdo Olivares, entre otras cosas autor de un libro auténtico cajón de sastre: memorias personales, textos de divulación ferroviaria y científica, retazos literarios extraídos de aquí y de alli. Un tipo extraordinariamente activo no sólo en el campo de los ferrocarriles —fue uno de los precursores del sindicalismo ferroviario— sino en la política como concejal en el Ayuntamiento de Barcelona alineado y asimismo procesado con el histórico anarquista Francisco Ferrer Guardía, mismamente profesional del tren...

Ese libro se titula Veinte años de vida ferroviaria y dieciseis después. Memorias de un maquinista (Barcelona. Imprenta de Henrich y Cía, 1911). Se trata de un voluminazo de casi mil páginas, ilustrado en parte por croquis y dibujos del propio autor. Durante su estancia en León, Zurdo Olivares —nacido en Madrid en 1859— y familia, ocuparon una vivienda en la plaza del Grano o del Mercado —donde es muy probable que fueran vecinos de los Durruti, ferroviarios en su mayoría— y en la plaza de Santo Domingo, 3 principal. Precisamente en esta vivienda nacería el día 27 de enero de 1888 su amada hija Inocente Consuelo de la Regeneración (homónimo que parece indicar la condición masónica del padre de lacriatura, en cuyo registro figuraba como testigo el colega de ZO Genaro Langarica, sujeto fundador con otros compañeros de trabajo que creó la primera logia masónica en nuestra provincia,

La Luz de León Nº 57, según fuentes que citan Carlos Dávila e Isabel Durán en su libro La gran revancha. La deformada memoria histórica de Zapatero (Ediciones Temas de Hoy, 2006). Y por lo que refiere al cuadro lógico (sic) de los obreros que componen la respetable logia

Luz de León Nº 148, forman parte de ella con distintos cargos los maquinistas Luis Emaldi, Bruno Rodríguez, Emilio Amonátegui, Esteban Gabilán y el ya citado Langarica. Otra de las hijas de Z., de nombre Esperanza Herminia Zurdo Molinero vendría a este mundo en la calle del Hospicio, 19, el día 7 de septiembre de 1889. Su progenitor la recordaría en el cuarto aniversario de su muerte con una nota de prensa escrita desde la cárcel que rezuma dolor y ternura: «Preso tu padre por obra de odios desencadenados yo te dedico este recuerdo, ya que no puedo ir a depositar en tu tumba las flores de otoño. Ruego cumplan con este cordial saludo a la muerte más piadosa que los hombres a nuestros buenos amigos». Parece ser que uno de los motivos por los que LZ eligió su emplazamiento leonés se basaba en que —escribía él— «León era la nueva Meca de los servicios, pues acababa de fusionarse aquella maltrecha Compañía Asturias, Galicia y León, larga de 758 kms. Comprendidos de Palencia a La Coruña y León a Gijón y ramales: de Cataluña y de Aragón se llevaban también jóvenes maquinistas y fogoneros a domarse por aquellas lomas y túneles y a aprender de pasar frío si acaso no lo sabían». Y ojo en atención a la salud de su descendencia: «Con alta provisional firmada por el Dr. Sánchez Ocaña, médico jefe, solicitada por haber decidido que mi esposa, a ser posible, diese a luz en León, país (sic) más a propósito para hallar nodriza en caso de necesidad». Para mí que este curioso leonés adoptivo era un poco grafómano, pero no escribía mal. Un defectillo que puede compensarse con la generosidad demostrada para con otros a los que reproducía en sus publicaciones o a través de, por ejemplo de sus conocimientos en la materia, el

Tratado de la Locomotora. Y desde luego lo que es todo un foco de información el reato de su experiencia en el oficio a través de las vías férreas de nuestra demarcación regional y de manera singular de los accidentes de tren, que, según es conocido, los ha habido gordos por aquí. Nunca agradeceremos lo bastante lo que debemos al ferrocarril con su presencia en León, pese a que su situación actual se presenta jalonada de dificultades aparentemente insolubles. Razón de más para reivindicar la memoria de ferroviarios como Luis Zurdo Olivares que contribuyeron en buena medida a la modernización y el progreso de estas nuestras tierras (suyas que lo son).

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