Algunos argentinos insoportables
El mundo, en especial el Hispanoamericano, os ha visto, juzgado y sentenciado como culpables. Hasta ahora, los españoles éramos los únicos que os queríamos de verdad y perdonábamos vuestra proverbial altanería incluso cuando éramos agredidos jugando al jockey sobre patines, al baloncesto, al tenis, y al fútbol, únicos deportes en los que pintáis algo. Yo, que os he sacado a relucir siempre, hoy, con dolor de corazón, os tengo que decir que sois ignorantes de vuestro propio país y también del nuestro, España, una España generosa que os está recibiendo con los brazos abiertos y le respondéis con tremenda ingratitud, mordiendo las manos que os dan de comer, que os ofrecen afecto, cordialidad, salud, educación, trabajo, ilusión, prosperidad, y buen futuro con estabilidad que jamás pudisteis disfrutar, ni soñar, en vuestra querida Argentina, patria de Libertad Lamarque Bouza, la novia de América. A ver si os enteráis, de una puñetera vez, que esos vuestros envíos de cereales y carne en los años cuarenta del pasado siglo, cuando mandaba el general Perón, os los pagamos con carísimos precios que tiran por tierra ese mito generalizado de que fuisteis muy buenos con nosotros que os debemos gratitud eterna. Perón, y Evita, han tenido el cariño de los españoles de entonces, les dedicaron homenajes, estatuas, jardines, plazas, calles, pues, los que somos viejos amantes de lo español y lo argentino (en Argentina hay muchos con mi apellido), consideramos que, a pesar de todo, el viejo peronismo ha sido lo menos malo de Argentina.
Los españoles estamos muy felices por haber ganado El Mundial, y también desilusionados por la maldita y estúpida forma de comportaros contra nosotros y contra vosotros mismos. En vez de tomaros la derrota con hombría, honestidad, caballerosidad y elegancia propias de los hijos de la vieja y noble España, os habéis portado como auténticos salvajes, mal educados, agresivos, violentos, peligrosos: Milei debería pedirnos perdón en nombre de todos los buenos argentinos, ya que vosotros, los malos, los bocazas que hemos tenido que soportar, sois tan miserables y cobardes, con tan poca hombría, que vais a seguir ladrando al mundo vuestra maldad e ignorancia. Pobre Argentina querida, argenta, tristes tenemos que estar los que conocemos al sacerdote español Martín del Barco (Cáceres, 1535), autor del épico poema La Argentina o la conquista del Río de la Plata. Doloroso es tener que aguantar la altanería chulesca, ofensiva, ignorante de ese joven piloto de Fórmula 1, Franco, que nos grita: «España es una vergüenza, no tiene ni canciones para cantar». Sí las tenemos, tan buenas y hermosas que de ellas se derivan las argentinas, e incluso vuestro Himno Nacional ha sido creado por el español Blas Parera. Es de locos desquiciados querer a la Argentina e insultar a España, hasta la Virgen de Loreto y la Inmaculada Concepción son patronas de los Ejércitos de España y de Argentina, y el español Santiago Liniers, héroe de Buenos Aires contra los ingleses, descansa en el Panteón dentro del recinto militar de la Armada Española en San Fernando (Cádiz). Fue fusilado el 26 de agosto de 1810 en el Monte de los Papagayos (Cabeza de Tigre, Córdoba) y había sido sepultado en una fosa común cerca de la capilla de Cruz Alta. Ya estamos hartos de los cuentos macabeos, de la falsedad, la hipocresía de esos argentinos que nos dicen: «No puedo estar más agradecido a España, a nosotros nos cambió la vida, antes de venir siempre teníamos miedo, preocupación, inseguridad, muchas necesidades, falta de libertad, vivíamos enojados, acelerados, cansados, ahora tenemos ilusión, somos tan felices que hasta nos ha cambiado la cara, ganamos salud, podemos viajar y permitirnos algunos lujos que jamás tuvimos en Argentina». Aquí atendemos a personas de sesenta años sin oficio ni beneficio, a los jubilados con pensión de su país que apenas alcanza los trescientos euros mensuales, a parejas con hijos de todas las edades que se permiten traer perros y gatos. Demasiados vienen con graves enfermedades, con viejas patologías incurables que requieren costosísimos tratamientos de por vida: lo saben y lo reconocen, pero cuando llega un partido de fútbol contra España se vuelven locos y son capaces de defender a sus bárbaros y decirnos que somos muy exagerados, que los destrozos y agresiones son culpa de la pasión pues ellos son así y nosotros unos débiles, quejicas, que los provocamos. Sin embargo, la verdad es que nadie provocó a Molina y sí pegó a Rodri y luego agresión de Paredes a Gabi, y Ayala a Olmo. Messi no se merece el premio Príncipe de Asturias, pues ha mostrado muy mal comportamiento, las imágenes quedarán para siempre, su lloriqueo lo tiene bien merecido y, además fue condenado por delito fiscal contra la Hacienda Pública de España. ¿Qué hubiese pasado si Enzo Fernández lesionara de gravedad al joven Pau Cubursí? Toda Hispanoamérica ha gritado: «España, el mundo entero está con ustedes, háganle recordar a Argentina que la madre patria nunca deja de ser la madre patria». Los exaltados forofos argentinos deberían conocer al teniente Estévez, héroe muerto en combate en la guerra de Las Malvinas contra el invasor inglés, que poco antes de morir le escribió a su padre, diciendo: «Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española». Me alegra que Scaloni haya llorado, se lo merece por permitir la brutalidad de sus pupilos, y por dar la espalda a la Selección Española cuando recibían las medallas de oro y la copa de Campeona del Mundo. Es tan mal educado, desagradecido y miserable como todos los jugadores que se ganaron vida de lujo en España, él vive en Palma de Mallorca. El jugador Otamendi ha sido un bocazas agresivo, sucio y marrullero, Paredes, de 32 años, peor. Tampoco me han gustado las declaraciones de Valdano y D’Alessandro previas al partido final. He visto el comportamiento de la turba argentina en la plaza Mayor de Madrid y en otros muchos lugares, antes y después del partido. Estoy decepcionado, y me siento estafado. Pero hay honrosas excepciones, gente buena, que me emociona, como este digno, valiente y agradecido argentino que ha dicho: «Vivo en España, con mi familia. Pido perdón a este pueblo que me acoge y me respeta como persona, cosa que en toda mi larga vida no ha ocurrió en Argentina. La diferencia de educación y cultura es enorme, porque en argentina no tenemos ni una ni otra». Lamentablemente, el mundo ya sabe que demasiados argentinos son unos faltones prepotentes, llorones, insoportables, argenta, plata de la que caga la gata. Con toda Burbialidad.