Diario de León

Manuel I. Tejerina

Profemérito

Cuando cantan los cadriles

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Bonita palabra cadriles. La ciudadanía se divide entre los que la conocen y los que no. Si buscamos su significado, vemos que no está en el diccionario de la Real Academia Española (DRAE), ni en el del Uso del español (DUE) de María Moliner, pero sí en el menos conocido del Castellano Tradicional (DCT), coordinado por César Hernández y publicado en 2001. Un grueso tomo muy recomendable para castellanoparlantes. Gran trabajo de cuatro mujeres, organizado por temas: Terreno, Pesos y medidas, Fenómenos atmosféricos, Viñedo, Animales, Oficios, etc. Y 200 páginas finales de índice alfabético muy útil.

Ahí encontramos: cadril como articulación de las patas traseras de un animal o región lumbar en los humanos, que es en lo que nos vamos a centrar. También aparece como cadera (caderil) o cuadril: hueso de la pelvis o anca de un animal. Así lo vemos en gallego y en astur-leonés. También se emplea en zonas de Hispanoamérica para referirse a cortes de carne de la cadera. Bueno, pero lo que nos ocupa es esa zona que solemos sentir cuando vamos cumpliendo años. Hay personas que citaban los cadriles frecuentemente, como el añorado profesor del Instituto Juan del Enzina, Tomás Notario, natural de la provincia de Salamanca, reino de León, al fin y al cabo. Un lumbago lo puede tener cualquiera. Pero cómo se nota con la edad provecta. Suele ser un buen indicativo cuando te tienes que meter en un Mini de los de antes o un deportivo de esos que van a ras de tierra y que tanto llaman la atención. También en los viajes largos, por cómodo que sea el vehículo, al intentar salir. O sencillamente al levantarse de la cama, lo que se achaca al colchón, que no tiene toda la culpa por mucho que compres soportes carísimos y milagrosos y almohadas cervicales. Quizá mucha responsabilidad tiene la «sefuela» esa enfermedad que vamos padeciendo los «viejóvenes», y que en algunos casos no se quiere reconocer. «Se fue la «juventud, aunque ahora se quiere prolongar hasta los 65, teniendo en cuenta que ahí empezaría la tercera edad o vejez. Lo llamemos como queramos, la circunstancia no cambia y el cuerpo va pasando factura. Es verdad que hay una edad cronológica que no siempre coincide con la biológica, pero a los cadriles no se les puede engañar. Hay libros como:

Tú, Manual del usuario de los doctores M. F Roizen y M. C. Oz, que nos invita a conocer el cuerpo y mantenernos más jóvenes, que es la palabra mágica. Incluso viene una prueba para medir el CC: coeficiente corporal, lo mismo que se mide el intelectual. Son 50 preguntas con cuatro opciones y el resultado es excelente de 45 a 50, casi imposible. Bien de 30 a 44. Normal de 16 a 29, donde podríamos estar muchos. Y por debajo sería para hacérselo mirar, revisando el estilo de vida. Es una guía para conocer tu cuerpo que promete que te mantendrá más joven y sano. Otro libro curioso, ya de años es

El cuerpo tiene sus razones. Autocura y antigimnasia de T. Bertherat. Propone métodos alternativos para los poco amantes del gimnasio, que está tan de moda. Está bien el autoconocimiento y el cuidado, pero no conviene olvidar que los 70, aunque se diga que son como los 50 de antes, están ahí. Sin olvidar la frase bíblica muy antigua que dice que «los años de nuestra vida son unos 70 y el más robusto hasta 80, pero la mayor parte son trabajo y vanidad, y pasan aprisa y vuelan» (Salmo 90, 10). Bien es verdad que la medicina y la alimentación han hecho mucho por aumentarlos, pero no nos engañemos. Aquí nadie tiene morada permanente, por mucho que nos prometan 120. Tendremos que recordar a Diógenes el cínico, que buscaba un hombre con un candil, en pleno día, que tomase su vida en serio. No se trata de amargarse, pero tampoco de ser ilusos y reconocer que cuando cantan los cadriles, por algo será, por muchos analgésicos que tomemos. Y tampoco son convenientes, salvo caso de necesidad. Disfrutemos día a día, pero no olvidemos que esto no acaba aquí.

No se trata de amargarse, pero tampoco de ser ilusos y reconocer que cuando cantan los cadriles, por algo será

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