Diario de León

Manuel Arias Blanco

Profesor Jubilado De Secundaria

¿Sobre qué escribir?

Todo esto se puede delimitar con diálogo y consenso y no a base de bombas. Nadie es más que nadie

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Me rondan muchos temas, ni siquiera sé si he pasado por algunos en artículos precedentes. Pero veo que el mal persiste, va a más Y no cejo. Quizás sean recurrentes, pero es hora de poner coto a tanta incongruencia. Amigo lector, a tiende a este concierto como si en él te fuera algo más que un mero pasatiempo.

En primer lugar, persisten las guerras. No entiendo cómo se empecinan algunos mandatarios en jugarse vida y dinero en vanos devaneos. ¿Por qué? Lo ignoro. No se han enterado aún de que somos aves de paso y de que no hemos venido a fastidiar al otro. Bastante tenemos con las adversidades naturales como para alargar los males de cada día. Si esos millones de dinero sin sentido se utilizaran en investigaciones adecuadas ¿no avanzaríamos mucho en el porvenir de cada uno? Vamos, es una ocurrencia mía. Pero los hay que se empeñan en hacernos la vida aún más dolorosa, más irracional, como si no fuera suficiente el devenir incierto que se nos avecina. No, señor. Han de dejar su sello macabro tantas veces alabado por muchos acólitos. Encima. Unas veces, es el dinero; otras, la tierra, otras, las extracciones; otras, la envidia… Nada de esto justifica la invasión, el exterminio, la sublevación… Hay unas fronteras, aunque sean artificiales, que delimitan los países y han de ser respetadas, en tanto en cuanto esos pueblos no decidan otra cosa. Todo esto se puede delimitar con diálogo y consenso y no a base de bombas. Nadie es más que nadie y todos merecen un respeto sean de donde sean. En segundo lugar, si estamos organizados en países habrá que ser consecuentes con esos límites. Lo normal será la colaboración entre ellos, de manera que se faciliten entre sí la convivencia, de forma que unos y otros se ayuden en las carencias pertinentes. Es un intercambio enriquecedor que potencia los bienes necesarios. Si uno carece de energía puede solicitarlo a otro; si uno fomenta la medicina traslada esa riqueza a otro, etc. Así unos con otros nos vamos completando. Seguro que un estudio pormenorizado del buen hacer de cada país podía poner en alerta la riqueza de los distintos territorios y así conformar un todo perfecto. Yo te vendo esto, tú me compras lo otro y así sucesivamente. Esto es, quizás, dibujar un país de Alicia, pero no me digáis que no sería el camino mejor asfaltado del mundo, Seguro que cada país podría presumir de algo y no por ello despreciar al vecino. Me gustaría presumir de un país ambicioso, pero precavido. No hay por qué presumir vanamente. Estamos para ayudarnos en el mejor sentido de la palabra y sin apelar a nada religioso. Humanamente. Porque en el fondo somos seres hondamente humanos, no dioses. Y cada uno, en su medida, ha de cuidar esa humanidad en favor propia y ajena. ¿Cómo? Desde luego, no desde las armas, ni desde la supremacía vana. No son caminos de luz y concordia. La educación y la ciencia son buenas aliadas, y la tolerancia y el respeto. A nadie se le pide heroísmos, aunque hay héroes. Todos podemos contribuir a hacer de este mundo/ tierra un lugar de encuentro y bienestar. Y no concitar el mal, el odio y la sinrazón. Si nos mirásemos en el espejo de estas acciones, a buen seguro que otro gallo cantaría. Ni gallo rojo, ni gallo blanco, sino el gallo de la cordura y del buen hacer. No te asustes, amigo lector, estamos lejos de alcanzar estos listones. Pero hemos de luchar por alcanzarlos, aunque ello suponga volver de nuevo al paraíso terrenal. Todo se andará. Igual viene alguna generación sensata y nos encauza hacia esa cima. Ese día, tal vez, acabaría el mundo envuelto en un eclipse de ensueño. ¿Por qué no luchamos por este horizonte? Queda para cada uno una lección. Solo hay que aplicarse y aprendérsela. ¿Y si eso un día se hace realidad? Esto está escrito en el magnífico espacio de Valdepiélago, quizás atrapado por el incomparable paisaje de luz y verde, donde el agua nos remueve la memoria de muchos sueños atados al entorno. ¡Qué pena que se vaya perdiendo este idilio entre personas y medio ambiente! ¡Hagan quienes tienen poder y sueños un esfuerzo en aras de estos páramos del buenvivir! Julio Llamazares ya ha dejado sus huellas prodigiosas en estos tramos de ilusión.

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