Camino Gallego

Periodista

Reciclaje en la ciudad de León: la casa por el tejado

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En los últimos años he asistido estupefacta al desarrollo del reciclaje en León capital. Ya no es sólo por las enormes cantidades que este Ayuntamiento ha perdido por su mala o, mejor dicho nula, gestión en este tema. Tampoco es de recibo que todos los capitalinos tengamos que pagar las grandes multas que Europa nos ha impuesto porque los gestores no cumplen a tiempo con sus mandatos en lo que al reciclaje se refiere. Supongo que en Poridad andan muy ocupados diseñando los firmes (no tan firmes, en realidad) de algunas calles, en las que gastan cuantiosas cantidades, o carísimos toboganes leoninos y luego no les llega para cosas necesarias…

Pero volviendo al tema que nos ocupa, no puedo seguir impasible viendo que los munícipes, con su alcalde a la cabeza, siguen intentando hacer la casa por el tejado en lo que se refiere al contenedor marrón de nuestras desdichas. Si desde enero del año 2024 no se les ha ocurrido nada, creo que no debemos seguir esperando, porque las ranas tendrán pelo, antes de que a los responsables se les alcance una solución lógica y aceptable. No es tan difícil, pero a ellos se les antoja imposible. Y mira que les gusta la publicidad, pero no se les ocurre que para que algo tenga éxito, la difusión, la publicidad es imprescindible. Una campaña orquestada en todos los medios, que llegue a todos los rincones de la ciudad, para que desde los niños a los ancianos todos sepan lo que es el contenedor marrón y para qué sirve. Y esa campaña será sensiblemente más barata que las multas europeas. Ahora ponen el paño caliente de «punto informativo itinerante», a ver cuantas personas se acercan para informarse, a cuantas puede llegar en una jornada… Pero además de esa campaña hay otras formas de conseguir que tenga éxito. Si no les llegan las neuronas para descubrir una fórmula exitosa, tampoco es muy difícil mirar lo que han hecho otros. Yo puedo hablar de un par de experiencias. La primera corresponde al Ayuntamiento de Calpe (Alicante) que colocó los contenedores marrones en sus calles hace más de un año y con escaso éxito, porque tampoco lo publicitó y. además, el turismo es la parte del león de los residuos de esa villa y es tan heterogéneo que difícilmente llega a depositar los residuos orgánicos en el contenedor marrón. He visto a personas que llegan con bolsas, cartones y botellas y arrojan todo al primer contenedor que tienen a mano, sin importarles el color de su tapa. También diré que el contenedor marrón es similar a los de otros colores y cualquiera puede levantar la tapa para depositar su bolsa. La segunda corresponde al Ayuntamiento de Sabiñánigo (Huesca) que colocó los contenedores marrones, después de repartir entre todos sus vecinos unos pequeños cubos con tapa marrón, para que tengan en sus cocinas y también distribuyó un rollo de bolsas de plástico que llevan impresa la frase Restos Orgánicos. A ello se use que añadió en el lote una pegatina donde se ven fotos de frutas y verduras, carne, pan, huevos, cáscaras de frutos secos, cerillas, corchos, café y sus filtros, espinas, conchas de mejillones y almejas, cáscaras de langostinos, restos de comida cocinada, hojas de flores y plantas. En definitiva, todo lo que es orgánico, bajo el rótulo «Se busca para reciclar», distinguiendo que la materia orgánica va al contenedor marrón. Y recuerda, también con fotos, lo que va al de envases, al de papel y cartón, al de vidrio y, muy importante, al de resto, de color gris, en el que se debe depositar todo lo que no se puede reciclar, como esparadrapo, rotuladores y bolígrafos, maquinillas de afeitar desechables, bolsas de aspiradores y basura barrida… Esa pegatina se pide que se coloque en la puerta del frigorífico, para tenerlo siempre presente, hasta que uno se haya acostumbrado y separe los residuos mecánicamente. Otra peculiaridad es que en Sabiñánigo dieron a cada vecino una tarjeta, para que la acerque al lector que tiene el contenedor y sólo así se abre y se puede depositar la bolsa correspondiente. Esto tiene el problema de que las personas que no son vecinos de esa villa tienen que depositar la basura orgánica como siempre, en el contenedor gris, al no disponer de la tarjeta correspondiente. Vamos, que los que veraneamos allí no pudimos tirar correctamente nuestros residuos orgánicos, que habíamos separado convenientemente según la pegatina antes citada. Habrá que buscar alguna solución para esto, pero está claro que los vecinos de Sabiñánigo ayudan a su Ayuntamiento a generar biogás, compost y reducir el volumen de residuos que desbordan el CTR leonés, que cuando se construyó nos contaron que generaría ingresos con ese biogás y ese compost que no ha llegado a producirse después de varias décadas. Pero ya se sabe que en León todo va muy despacio y cualquier cosa se eterniza, como por ejemplo la calle Ancha. Lo que han hecho en Sabiñánigo se puede replicar aquí y para la caja común supondrá menor coste que esas plantas que se reparten de vez en cuando al vecindario, o esas revistas que se editan para mayor gloria del equipo de gobierno. Y tendrá también un mayor beneficio para todos los vecinos, que no se olvide es el motivo de que existan los ajuntamientos, con jota, origen de cualquier núcleo humano.