Diario de León

Máximo Soto Calvo

Asociación Pro Identidad Leonesa

Nevenka

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Así, sencillamente así: Nevenka, he querido titular este escrito de opinión, que conservaba como borrador, en espera… sine die. Hoy, una vez que, en apariencia restablecida anímicamente, ha estado en Ponferrada como ejemplo vivo de un acoso sexual… reclama especial atención. Recordemos, acoso a cargo del exalcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez, que no lo ha admitido como cierto. Quien, en sus memorias, publicadas hace apenas tres años, de manual de PP en defensa y justificación, resume y cita, como apoyatura una «teoría de la conspiración para sacarle de su firme pedestal».

Sí, del tema Nevenka Fernández, y su acusación en los tribunales de justicia al alcalde Ismael Álvarez, aún tengo fresca en la memoria la filípica que la dirigió el fiscal jefe del Tribunal de Justicia de Castilla y León: «Usted no era una empleada de Hipercor que tuviera que dejarse tocar el trasero para asegurar el pan de sus hijos. Podía haber dejado su trabajo». Tan desafortunadas como hirientes palabras, por alusión a las cajeras de un hipermercado, donde, al parecer, era de práctica común el toque de culo, ¡y a callarse!, y por supuesto para Nevenka, algo así: si la «toca el culo» el jefe, que para eso es jefe, usted como persona formada que es, y con medios, ¿por qué no se fue? Y digo yo: ¿es que acaso el acoso del gran edil, se justifica por sí mismo como un derecho por el superior rango municipal o de

Quid pro quo? Las frases increpantes no le fueron dichas de un tirón a Nevenka, sino a retazos, pues ella, entre angustiada y llorosa, como podía, intercalaba frases de defensa de su dignidad, ante el gran colmo del desajuste del fiscal… Digamos que fue tan duro como improcedente, machismo puro, y dicho además con acusador énfasis, era más significativo, y hubo de ser frenado por el presidente del tribunal, «recordando»: ¡No está hablando a la culpable…! Más o menos. A consecuencia de ello, el fiscal general del Estado le relevó del caso. Porque, ítem más, al ser preguntado a la salida sobre su postura inquisitoria, mostró aún peor cara, de suprema dimensión, de bravuconada ególatra: «a mí no me cambia, con perdón de la expresión, ¡ni Dios!». El político autonomista Mañueco, hoy presidente del ente autonómico, que en aquellos momentos actuaba de secretario general del PP autonómico, también salió en defensa de Ismael, recordándolo como un gran gestor municipal. «La sentencia no puede empañar la gestión!, y ¡no puede haber relación entre una situación y una gestión!». ¡Vaya!, el discursito sonaba a salvar al soldado Ismael. Dando a entender, o algo así, que un comportamiento social punible, un acoso sexual sentenciado, no debe servir de cortina, si uno, en la tarea político/concejil, cumple con su obligación y tiene un supuesto acierto en la gestión. Recordemos de Ismael Álvarez. Un dehesano de nacimiento, berciano por emplazamiento comarcal y leonés por común historia con lo que fue reino. No sé si esta última faceta se la cuestionó alguna vez este letrado, que ejerció la política de ideología conservadora del PP, y con cargo, durante once años: 1991/2002. Fue alcalde de Ponferrada, senador, procurador autonómico, hasta que los acontecimientos de índole sexual le cortaron el ejercicio, aunque hiciera una intentona de volver al «edilato», lo que consiguió, pero no sin controversia por una moción de censura que apoyó para derribar al ejerciente alcalde, que había sido su segundo…, una

rentrée sin lucimiento. Los compañeros de política municipal de Nevenka no la creyeron, o así lo fingieron para no incomodar a sus superiores. Si bien, hubo una concejala del PSOE, de nombre Charo Velasco, que se puso de su lado, como fortaleza primero y luego como apoyo a ojos vista. Algo más que ayuda entre féminas. ¡Demasiadas dudas en la ciudadanía! Se vio sola, hundida y perseguida. En cuanto a sus conciudadanos, pueblo de papeleta conservadora y facilona convicción, la marginaron situándose, y no sin gritos ocasionales en favor del alcalde, sin querer entender el papel de acosador que éste estaba jugando. Tuvo que «aislarse» lejos, en Irlanda, víctima de la condena social. No vendió sus memorias, ni siquiera escribió la idea. Aunque andando el tiempo y para una película acusadora de los abusos autoritarios, que se tornan «olvidadizos» en las gentes, volvió a Ponferrada. El rodaje de

Soy Nevenka (2024), ante la escasa, cuando no nula, recepción municipal encontrada, se hubo de rodar en Zamora y Bilbao. Pero ahí está la película, ahí los personajes. Los aplausos de hoy en Ponferrada, 25 años después, no sé si cierran un ciclo; seguro que enmascaran las penas, pero en el rostro, interpreto, se marcan los incipientes surquitos del sufrimiento vivido. Mas, como esto no va de relato ni novelas, ahí lo dejamos, no sin antes dejar dicho que el comprensivo libro de Juan José Millás, y cito la última frase del título: «contra la realidad» , fue pionero, pura defensa, en su estilo tan personal, a veces zumbón por directo y expresivo. También la escena teatral, de más actualidad, a cargo de la dramaturga María Goiricelaya, ha recogido las peripecias de Nevenka, como espejo en el que mirar las acosadas, para ver a esta luchadora que llego a la denuncia, siendo favorable la sentencia. Hoy participa en el Movimiento Me Too, considerado como una iniciativa global contra el acoso y la agresión sexual… y apoyo a las víctimas mediante la empatía y la solidaridad colectiva, según se ha hecho saber. Ahí está la obra de teatro, por cierto, llegando con el Instituto Cervantes a Shanghái y Pekín. La obra lleva el título de

Nevenka. ¡No cabe mayor sencillez y fehaciente reconocimiento» Con emocionada templanza en la voz, algún quiebro ocasional, después de un gran ensayo de firmeza que ha requerido más de 25 años, Nevenka Fernández, se nos muestra, tal cual, sin tratar de liderar nada… sí de obligada constancia ante la propia vida, allende sus lares bercianos.

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